El blog de Luis Frías

junio 07, 2008

Come on to Hidalgo!


Me pregunto si Mark Bell, vecino de Connecticut, se animaría a venir de visita al estado mexicano de Hidalgo sólo por haber leído en The New York Times que en aquel sitio las personas son unas imbéciles mojigatas que se metieron en un embrollo. Tampoco me parece razonable que por haber leído en Miami Herald algo sobre ese mismo escándalo baboso, una pareja de estudiantes de computación de la calurosa Florida decida cambiar sus próximas vacaciones a las tierras de los atlantes de Tula, en vez de disfrutar su tan largamente acariciado viaje de lujuria a Cancún. Quien piense lo contrario, para mí que no tiene todos los tornillos en su lugar.

Tales razonamientos no tienen desperdicio. Algo que inició como una edulcorada campaña de atracción turística pronto se convirtió en una ridícula fiesta de disculpas no solicitadas. Turismo Estatal montó una campaña de publicidad cuyo nombre no pudo ser más cursi. Hidalgo en la piel. Como la intención era imprimirle agresividad publicitaria a la campaña, se decidió contratar a una actriz de medio pelo que, desnuda, se dejara diseñar sobre la piel del cuerpo los atlantes de Tula, los arcos del Padre Tembleque, o un globo aerostático de esos que surcan los cielos del valle de Tulancingo. Aunque pintaba para no ser más que uno de los tantos gastazos del gobierno sólo explicables porque México es un país surrealista, la campaña rápido despertó un interés inusitado entre todos los que nunca tenemos interés por ninguna cosa que tenga que ver con entusiasmos gubernamentales.

Seguramente todo fue obra de algún reportero que logró acceder subrepticiamente al dato. La prensa fue la que dio a conocer todo el embrollo.

Las noticias decían que la campaña publicitaria de Turismo Estatal había sido ¡censurada! Y, como se sabe, Censura es una palabreja que nada más oírse, hace que la asistencia, avergonzada, se retuerza en sus sillas. La información continuaba diciendo que el Instituto Nacional de Antropología e Historia había hecho algunas “recomendaciones” a las imágenes publicitarias elaboradas por la oficina de Turismo. Cuando supe del asunto, en primera instancia no me interesó porque, después de todo, yo había escuchado en boca de un historiador inteligente, que la tarea fundamental del INAH no es otra que impedir. Impedir que se pinte aquí, que se excave allá, que se viole aquello: leer, por tanto, que el INAH prohibía una campaña publicitaria me parecía lo más normal del mundo. En aquellas imágenes podía verse la figura de la actriz en primer plano y, como fondo de acompañamiento, algún sitio emblemático de la entidad. De tal manera, había fotos de la chica con los atlantes de Tula, o en unas cataratas cuyo torrente de agua se precipita sobre unos prismas basálticos, o en las grutas localizadas en el municipio de Tolantongo… El problema era que no iba vestida de cualquier manera. En lugar de blusa, pantalón y calzado, llevaba puestas varias capas de pintura aplicada directamente sobre sus curvas corporales. Aun cuando en la mayoría de las ilustraciones la mujer no enseña más carne de la que suele verse en los programas de televisión, hubo unas que no pasaron inadvertidas a los ojos de los censores. En una está ella en primer plano, de pie, viendo con picardía hacia la cámara. Lleva pintados los muslos, el trasero, el vientre y los pechos. Franqueza es decirlo: ni quién se fije en los imponentes arcos del Padre Tembleque que están allá al fondo. En otra está recostada sobre un enorme mosaico situado en Pachuca: el escándalo es que por toda ropa lleva pintada una parte del mosaico y sus caderas lucen verdaderamente espléndidas. La oficina de Turismo terminó cediendo a las presiones y por lo menos estas dos se tuvieron que modificar: por toda carne se podrán ver los hombros y la cara sonriente de la chica.

Ahora bien, nada de esto hubiera pasado de mera anécdota chistosa, de no ser por el alud de curiosidades que se presentaron inmediatamente. Empezando porque Benito Taibo, del INAH, rechazó que se tratase de un asunto de censura. “La primera petición que hizo la Secretaría de Turismo”, sostuvo el hombre “era sólo por la reproducción de los monumentos y no dijo que habría una actriz. No hay moralismo. Hace unos días hicieron la petición de otra manera y ya está autorizada, no tiene nada que ver con el desnudo”. De haber sido cierto esto, la chica hubiera seguido apareciendo sin ropa y con el cuerpo cubierto de pintura.

Para colmo y como no queriendo entrar en conflicto con el INAH, el titular de Turismo, Cuauhtémoc Ochoa, sostuvo una aseveración que pretendía dar por terminada la cuestión.

“Planteamos una campaña publicitaria agresiva para que la gente voltee los ojos a Hidalgo. Con estas fotografías tratábamos de generar una expectativa y ellos (el INAH) hicieron el comentario de que no entraba dentro de lo que significaban estos monumentos históricos. Nos hicieron una recomendación, pero nunca pararon la campaña como tal porque nosotros no la hemos lanzado. Hicimos unos ajustes —platicados con el INAH, porque es importante mencionar que ellos siempre estuvieron pendientes de que las cosas salieran de la mejor manera—, y ya autorizaron las imágenes”. Pero el asunto ya estaba demasiado adelantado. Lógicamente no podía darse por concluido así como así. Había que llegar al fondo.


Fue entonces cuando la inteligente actriz consideró en una entrevista que, después de todo, el escándalo podía ser provechoso para el turismo de Hidalgo. “Creo que hasta ahora la polémica le está ayudando de maravilla al gobierno de Hidalgo, y sirve para que diga la gente: esto está pasando allá, pues vamos”, razonó ella, pero el secretario de Turismo no desaprovechó la oportunidad de cerrar con broche de oro. Lo hizo aseverando con entusiasmo desbordado que el embrollo ha llegado a confines lejanos con efectos positivos. Como el tema apareció en los periódicos yanquis The New York Times, Miami Herald o Washington Post, ¡la cosa había resultado a fin de cuentas muy provechosa! Qué dislate. ¿Realmente cree que visite Hidalgo un turista más sólo por el berenjenal? Le mintieron cuando le dijeron que poseía la virtud de promocionar el turismo.

2 comentarios:

torresvera dijo...

Una "campaña" que deja mal parados a todos los implicados. A la actricita le falta seso, al secretario aún más y al INHA, dejar de ser el censor imbécil en que se ha convertido. Sin embargo, ese historiador inteligente del que hablas, no ha de conocer el trabajo del INAH o lo conoció y se fue del instituto. Algo de información extra, no le iría mal a tu post. Las razones del INAH son correctas dentro de su lógica, de su marco legal y de la ley y su marco de acción (que no explicas); aunque dentro del sentido común carezcan de razón y lógica. A quien habría que reclamar es al Congreso, que se dedica a dejar el país pauperizado y desproteger el patrimonio histórico y natural de México. Insisto, le falta investigación a tu post. Algo menos de tripa y corazón.

Saludos

Zombie dijo...

Además de toda la bronca que se armó, no hace falta ser diseñador gráfico para darse cuenta de que los anuncios más bien parecen hechos en Photoshop por un tipo con sequía creativa a las tres de la mañana.

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Desde chico tenía ganas de escribir un diario, o algo así. Pero era cosa de niñas. Este blog es lo menos afeminado que encontré.

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