El blog de Luis Frías

septiembre 30, 2007

Premio a la razón





Creo que George Steiner siempre sale en las fotos riéndose.




Rompí en risa al leer que la Feria del Libro de la Ciudad de México celebrará su séptima edición en octubre instituyendo en Premio Literario Elena Poniatowska. Pensé: “Qué buen negocio fue el de hacer ese libro de Amanecer en el Zócalo. Es un desdichado reportaje que no hace sino alabar a López Obrador, de modo que lo que perdió de calidad periodística, lo ganó de gloria institucional. Carajo.” No le bastó con hacerse acreedora al Rómulo Gallegos, sino que un premio llevará también su nombre por no sé cuanto tiempo. Ahora bien, pegué un bostezo cuando supe que a Enrique Krauze le organizaron un ciclo de mesas redondas con ocasión de sus 60 años de edad. Y una honesta emoción me recorrió al saber que el premio Juan Rulfo le fue otorgado al descomunal novelista Fernando del Paso. Desde Manuel Payno, nadie ha escrito novelas de tan largo aliento y ecuménico estilo como Del Paso. Pero que a George Steiner le otorguen el Premio Alfonso Reyes es todo un acontecimiento.

Con algunas salvedades, nunca jurado mexicano fue tan acertado en sus decisiones. Jaime Labastida, Alí Chumacero, Silvia Molina, Lucrecia Lozano y Leticia Salazar, todos ellos jurados del Premio Alfonso Reyes que se entrega en Monterrey, coincidieron en lo apremiante de galardonar al crítico literario por la veta humanista que recorre de principio a fin su obra. Y es que George Steiner (París, 1929) es un humanista de cuerpo entero cuya obra no se reduce a la crítica literaria. Es mucho más. Si bien es infalible que apoye todo cuanto ha escribe en el análisis del lenguaje, Steiner abarca más de un área del pensamiento. Ha penetrado en el mundo de la filosofía y, más recientemente, en el de la crítica social, la política y la asfixiante globalidad. No cabe duda que ha enunciado ideas elementales para la vida actual. En Lenguaje y silencio, descubrió que “el crítico literario es un eunuco”. Le creo, pues ¿quién con el coraje de hacer literatura propia perdería el tiempo estudiando humildemente lo que hacen otros? Ahora bien, en el mismo libro de ensayos, Steiner afirma que el crítico tiene una función triple. Poner atención: Primero, ha de enseñarnos qué debe releerse y cómo. Ante la inmensa la cantidad de literatura y ante el acoso de lo nuevo, hay que elegir, y en esa elección la crítica tiene su utilidad. Segundo, tiene la tarea de constatar que ningún régimen político tiene el derecho de imponer el olvido o la distorsión a la obra de un escritor. Y tercero, la función más importante. Se refiere al juicio de la literatura contemporánea. El crítico tiene una responsabilidad especial ante el arte de su propia época. Debe preguntarse no sólo si el arte constituye un adelanto o un refinamiento técnicos, si añade un giro estilístico o si lo que contribuye o lo que sustrae a las menguadas reservas de la inteligencia moral. Debe interrogarse a cada instante: ¿Qué medida del hombre propone esta obra? “La cuestión no es fácil de plantear ni puede enunciarse con tacto infalible”, escribe. “Pero la nuestra no es una época corriente. Se esfuerza bajo la tensión de lo inhumano, experimentada en una escala de magnitud y de horror singulares; y no está lejos la posibilidad de la catástrofe. Sería extraordinario permitirse el lujo de guardar distancias, pero es imposible.”


Es la siguiente la idea más rotunda: “Lo que el censor y el policía le preguntan al escritor, el crítico lo hace con el libro.” Es cada vez mayor el número de críticos literarios que juzgan no tanto al libro, como al autor. En Letras libres de agosto, Rafael Lemus hace polvo Amanecer en el zócalo, el libro de marras. Una opinión que, dicho sea de paso, suscribo. El problema es otro. Entrarle duro a Elena Poniatowska, la pejeviejita de carne y hueso. “No se descubre nada”, lanza veneno Lemus, “si se dice que Poniatowska es más bien ingenua.” Juicio entendible si recordamos que Letras libres es derechosa. Pensando en Steiner, interrogo: ¡qué nos importa si la autora es esto o aquello! Ahora bien, que la Ciudad de México invente un premio con su nombre no deja de causar risa. ¿Cuánto dinero le darán al ganador? Ojalá que no sea mayor a los 600 mil pesos que en octubre recibirá Steiner.

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Desde chico tenía ganas de escribir un diario, o algo así. Pero era cosa de niñas. Este blog es lo menos afeminado que encontré.

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