El blog de Luis Frías

junio 28, 2007

Otto

Por Eliseo Alberto, escritor cubano.


La vida no se va volando ni dura lo que un suspiro, a no ser que se interponga una fatalidad prematura, un accidente, un mal incurable. La vida tampoco tiene que ser obligatoriamente un calvario de lamentaciones. Si uno se lo propone, la vida alcanza (a veces sobra) para hacer muchas cosas –por ejemplo, publicar más de cuarenta títulos de poesía, un manojo de novelas de aventuras o imaginar un sitio (el Peuqueñal) donde conviven los muertos y los vivos que uno ama. Allí, Juan de la Cabala ha merecido con sobradas razones un Doctorado Honoris Sauza (por el tequila) y Jaime Sabines se ocupa personalmente de organizar los funerales de las prostitutas abandonadas. José Revueltas administra la pulquería “El sueño de los jabalíes”. Dicen que han visto pasear a Jorge Luis Borges, sin Lazarillo, por el Boulevard de los Crepúsculos o la Avenida de los Cipreses Rumorosos. Incluso, la vida alcanza para morir en paz, casi travieso, rodeado de nietos, hijos, de la mano de una centroamericana hermosa llamada Haydee Maldonado. Así lo decidió Otto.

Quien primero vio una nube de color anadrio
era un joven pastor de diecisiete abriles
que más tarde fue monarca de su reino
y hombre feliz hasta decir ya no,
porque el anadrio es el color de la alegría
y de la buena suerte.

¡Y de la buena suerte!


Un español porquerizo de Castilla
vino a América y cuando se internó en la selva
vio un árbol de color anadrio;
ese mismo soldado de fortuna
más tarde comió con Carlos V
y fue virrey;
porque el anadrio es el color de la alegría
y de la buena suerte.

¡Y de la buena suerte!


El anadrio es uno de los nuevos colores que Otto inventó para iluminar su poesía. Sólo un hombre bueno, humilde, es capaz de andar por el mundo regalando colores. O defendiendo el derecho a voz y voto del geranio: “Sobre heridos anfiteatros con antiguas podredumbres/ se sitúan los geranios ya crecidos de presagio”, escribió a los veinte años. Y cuando digo humilde quiero decir valiente. Llegó a México en 1954, como perseguido político, después de la intervención norteamericana en Guatemala. Ya traía cicatrices. Venía apaleado pero con muchas ganas de desquitarse a verso limpio. Aquí terminó sus estudios universitarios. Aquí se casó con Haydee. Aquí redondeó su obra literaria. Aquí murió el sábado pasado, sentado en su sillón, manoteando la noche. Había pedido que lo cremaran, con su vieja maquinita de escribir sobre el pecho. Sus cenizas están tatuadas de letras –por eso cantarán cuando los suyos las esparzan sobre las aguas del Lago Atitlán, a 140 kilómetro de Ciudad Guatemala –su Peuqueñal, ¿verdad, querida Haydee?

En la época moderna otras personas
han visto objetos de color anadrio
y su suerte ha cambiado en forma radical.
Un pescador vio una sirena cuya cola
era anadria y desde entonces
pescó y pescó y pescó y pescó y ahora
es dueño de una flota ballenera;
porque el anadrio es el color de la alegría
y de la buena suerte.

¡Y de la buena suerte!


Guatemala era, para él, ese sillón donde se balanceaba. Su casa, su país. Y México su amante pública. Siempre fue un hombre de izquierda, un poeta justiciero. Un socialista convencido. Cada vez que conversábamos de política (él optimista, yo afligido), Otto sonreía: no había manera de que perdiera la esperanza en un mundo mejor –para mí, definitivamente agujereado por el ozono del desencanto. La sonrisa del poeta era una lección de dignidad. Me convenció: los poetas de izquierda son mejores que los de derecha, no me pregunten el por qué. Tal vez por el calibre de sus sueños.

Vendía periódicos un niño,
rapaz sin desayuno, de pobreza trajeado,
y un día en su camino vio una piedra
que era, por supuesto, de color anadrio.
Ese niño actualmente es accionista
de una inmensa cadena de periódicos;
porque el anadrio es el color de la alegría
y de la buena suerte.


“Estoy preparado para recibir a esa novia que se llama muerte. No me preocupa. Sé que está cerca el final. Seré recordado como un escritor más. Me gustaría que dijeran que fui un buen poeta. Hasta ahí”.

Pinte usted
las paredes de su casa
de color anadrio
y le irá bien.

Otto Raúl González murió en plena juventud –a los ochenta y seis años de edad.

¡Vuela, poeta!

Si existe Dios, que te bendiga.

Luego me cuentas.

junio 26, 2007

Otto Raúl González, rip






“Me parece que el poeta de verdadera vocación escribe le publiquen o no, esa es la verdad. El que es poeta en serio no anda buscando renombre ni la fama absurda. Escribe porque tiene que hacerlo, porque a su ánimo le es lógico y natural”.










Otto Raúl González (1921-2007) no llegó a mi vida como poeta sino como presentador de libros. Y es que el poeta Ramsés Salanueva tuvo la gentileza de prestarme las copias del discurso que leyó González durante las Jornadas Rebolledanas en Actopan. En su texto (cuyo original a puño y letra tengo aquí a mi lado) Otto Raúl no hace como algún idiota investigador diría, no hace ninguna "aportación". Qué idiotez; leído el 11 de diciembre de 2001 en Actopan, Hidalgo, el texto del viejo deja notar una gran humildad por el oficio, el amor por la poesía de Efrén Rebolledo, el conocimiento de la poseía clásica, cuya cima es el soneto de 14 versos (dos cuartetos y dos tercetos).

Pero fueron Poesía Fundamental y Oratorio del Maíz los poemarios que me aproximaron al González poeta. De sus poemas alguien estará más autorizado que yo para opinar. A mí no me interesa sino lamentar la muerte del maestro. Sin emabrgo, es inútil. Pues podría asegurar que él la recibió con la filosofía de que era poseedor. Entendía en su sentido más profundo que la vida no es eterna.

Una de sus últimas obras, Oír con los ojos, se presentó el miércoles 24 de octubre de 2001 a las 19 horas en Bellas Artes. El libro incluye el poema "Brújula":

Estoy un poco hecho a golpes de catástrofes
la tempestad me dio con sus martillos
y han pulido mi torso exilios y naufragios
pero nunva he perdido mis cartas de marear
ni mi fe ni mi brújula me abandonan nunca.

Ha sido lamentable que el único espacio periodístico mexicano que dio lugar al trágico hecho haya sido uno nada más, Milenio, y con una noticia pésimamente escrita. En fin, peor es nada. Hago copy-paste: Los restos del escritor, quien murió como consecuencia de varios problemas de salud, fueron incinerados el domingo. Antes de su muerte había pedido a su esposa, Haydeé Maldonado, que sus cenizas fueran traídas a Guatemala y arrojadas en aquel lago Atitlán.

González nació en la capital guatemalteca, el 1 de enero de 1921 y residía en México desde 1954, tras el derrocamiento de Jacobo Árbenz Guzmán.

Fue miembro de la Generación de 1940 y del grupo Sakerty (asociación de escritores y poetas). La mayor parte de su obra la escribió en el exilio. Entre sus poemas destacan: “Viento claro” y “Poemas de un viaje al amanecer del mundo” en el cual exalta al Canal Volga-Don, de Praga. También, entre su legado están Poesía fundamental, Oratorio del maíz, Cantata para mi esposa y Voz y voto del geranio. Por su labor literaria obtuvo el Premio Nacional de Poesía Jaime Sabines, de México, y el Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias, en Guatemala. Se graduó de abogado y notario en la UNAM, y su tesis fue sobre la reforma agraria en Guatemala. En mayo pasado visitó por última vez su país natal. La Universidad de San Carlos de Guatemala le otorgó el doctorado honorífico, por su trayectoria literaria como poeta, narrador y ensayista.

Descanse en paz, maestro.

junio 21, 2007

Garibay en la memoria

Ricardo Garibay pertenece a ese tipo de escritores que leí durante la juventud con un apasionamiento sólo comparable a la primera vez que hice el amor. Pero, tal como ocurrió con la primera noche, a Garibay lo he echado al olvido y, en el mejor de los casos, sólo acude a mi memoria como un bonito recuerdo.

El primer libro que leí entero fueron sus memorias, Fiera infancia y otros años. Hallé el porqué de la furia en que hervía Garibay. Su ruda infancia fue en un cuarto de vecindad donde vivían apretados padres e hijos. Estudió la primaria en el turno de la tarde, con niños que atendían en las mañanas el puesto de tamales con su mamá. Hay una fuerza vital (como Bergson diría) presente en toda su literatura.

Garibay nació en 1923 en Tulancingo. Hijo de un hombre de la Ciudad de México y de una mujer de Metztitlán, sus años mozos están cubiertos de penurias materiales y de una religión asfixiante. Su adolescencia la pasó en la Capital del País, donde creció y se hizo inspector de burdeles, jefe de prensa y escritor. En una entrevista recuerda cuando, ya consagrado, un dignatario de Tulancingo lo invitó a develar la plaquita de una avenida con su nombre. Viajó de Cuernavaca, donde vivía, para llevarse tamaño coraje. ¡Era una callecita de terracería, más cochambrosa que las de su niñez! Se largó echando pestes, como siempre. Por fin, muere en 1999 sin haber alcanzado la tan deseada gloria. Y es que los pobres siempre anhelamos más que los ricos.

Furibundo irremediable, la gran fama del Samurai de Cuernavaca se debe principalmente a esto: la fidelidad del habla callejera en sus personajes. Al respecto, observó Carlos Monsiváis hace dos años en el número 84 de Letras Libres: “Por facilismo, los críticos… suelen elogiar la fidelidad reproductiva de los diálogos, y siempre le reconocen ‘el gran oído literario’. ¿Qué quiere decir este elogio? Un gran talento aísla el ritmo del habla popular y lo reinventa, devolviéndole como un rap magnífico, un fluir verbal que es literatura y es apego a las voces colectivas”. El autor de Días de guardar se refiere a Las Glorias del gran Púas, relato de Garibay sobre el grandioso Rubén Olivares, cuyo fragmento copio:

Con su perdón pero fue el uno-dos y entrando ya ve usté que caminar en el ring era lo que sí se sabía dormido y es lo más pelón allá arriba caminar para adelante ¿caunteadores? yo le cambio diez caunteadores por uno que sepa caminar para adelante mire dedos le han de sobrar para contarlos y era lo que sí le sobraba a Medel era lo que se está perdiendo y ganar la pachocha a base de chinguitas rápidas y a otra cosa mariposa yo aquí estuve ¿no? ¿y mi paga entonces? es que es el picudísimo no es otro que el picudísimo taim is monei ¿lo que quieres es que gane? ps ya gané me pagas ¿o qué no está durmiendo el otro no está comiendo brea? tons qués lo que te gorgorea porque yo se los acuesto al réferi les cuenta y el mánager cobra la bolsa ¿o qué también tengo que ser un científico?

Tardío ciertamente pero el reconocimiento le ha llegado al de Tulancingo. Ya la sala de lectura de la antigua biblioteca del Río de las Avenidas en Pachuca, llevaba su nombre y tenía un busto con su debida pátina. También la nueva biblioteca central del parque David Ben Gurión ha sido bautizada Ricardo Garibay. Y la Oficina Estatal de Cultura, que editó sus obras completas en 10 tomos con pastas de lujo, ha convocado al segundo concurso anual de cuento cuyo título es nada menos que el del Samurai de Cuernavaca. ¡Hasta los diputados lo distinguieron con la presea Miguel Hidalgo!

Pueden estos homenajes significar mucho, o nada, según la opinión de cada quien. La realidad es que si hasta los diputados han volteado la mirada (¿el rabillo de los ojos?) a Garibay, sus lectores debemos ponernos a pensar.

Puedo asegurar que desde el primer encuentro amoroso, hemos repetido bastantes noches de estupenda carnalidad. Pues bien, ¿por qué no regresar a la obra de Garibay, por otra parte, tan injustamente olvidada? Propongo la relectura de tres libros autobiográficos cuya sabrosa esencia populachera hará que algún profesor baboso les ponga el sambenito de “costumbristas”. Son Beber un cáliz, La casa que arde de noche y el imprescindible Fiera infancia y otros años.

junio 16, 2007

POLÍTICAMENTE CORRECTO

La tarea de buscar sustitutos eufemísticos para evitar la discriminación o el racismo llega a resultar ridícula, impositiva, a veces falta de sentido común. Así lo demuestra el semiólogo italiano Umberto Eco en el siguiente texto, adelanto editorial de A paso de cangrejo (Debate, 2007), volumen que recoge artículos, reflexiones y decepciones que el autor de El nombre de la rosa publicó en diversos medios durante los últimos seis años.


por UMBERTO ECO

Considero que el término “políticamente correcto” se utiliza hoy día en un sentido políticamente incorrecto. En otras palabras, un movimiento de reforma lingüística ha generado usos lingüísticos desviados. Si leemos el artículo que Wikipedia (una enciclopedia on line) dedica a lo PC (así se designa ahora, mientras no se produzcan confusiones con las computadoras o con el antiguo Partido Comunista), encontraremos también la historia del término. Parece ser que en 1793 el Tribunal Supremo de Estados Unidos (en el caso denominado “Chisholm versus Georgia”) argumentó que era muy frecuente citar un Estado en vez del pueblo, para cuyo bien existe el Estado, y que por tanto era not politically correct en un brindis hablar de Estados Unidos en lugar de “el pueblo de Estados Unidos”.

A comienzos de la década de 1980, el movimiento fue cuajando en los ambientes universitarios estadounidenses, como (sigo citando de Wikipedia) una alteración del lenguaje consistente en hallar sustitutos eufemísticos para usos lingüísticos referidos a diferencias de raza, género, orientación sexual o discapacidad, religión u opiniones políticas, con el fin de eludir discriminaciones injustas (reales o ficticias) y evitar ofensas.

Todos sabemos que la primera batalla de lo PC se libró para eliminar epítetos ofensivos para la gente de color, no solo el infame nigger sino también negro, palabra que en inglés se pronuncia nigro y que suena como un préstamo del español y evoca los tiempos de la esclavitud. De ahí la adopción, primero de black y, luego, en una posterior corrección, de african-american.

Esta cuestión de la corrección es importante porque subraya un elemento fundamental de lo PC. El problema no es que “nosotros” (que estamos hablando) decidamos cómo hay que llamar a los “otros”, sino dejar que los otros decidan cómo quieren ser llamados, y si el nuevo término les sigue molestando de algún modo, aceptar la propuesta de un tercer término.

Si uno no se encuentra en una determinada situación no puede saber qué palabra molesta y ofende a aquellos que sí se encuentran en esa situación; por consiguiente, debe aceptar su propuesta. El caso típico es la decisión de utilizar la palabra invidente en lugar de ciego. Se puede considerar legítimamente que no hay nada ofensivo en el término ciego y que su uso no solo no merma, sino que refuerza el sentido de respeto y solidaridad que se debe a quienes están incluidos en esta categoría (siempre se ha hablado con cierta nobleza de Homero como del gran vate ciego); pero si quienes pertenecen a esa categoría se encuentran más cómodos con la designación de invidentes, estamos obligados a respetar su deseo.

¿Le molesta el nombre de barrendero a la persona que se dedica a ese honrado trabajo? Pues bien, si así lo desean quienes ejercen ese oficio, utilizaremos la palabra técnico ecológico. Paradójicamente, si algún día los abogados se sintieran molestos con esta denominación (tal vez por el eco de términos despectivos como abogaducho o abogado de causas perdidas) y pidieran ser llamados técnicos legales, sería una muestra de cortesía atenerse a este uso.

¿Por qué a los abogados no se les ocurriría nunca cambiar su denominación (imagínense a Gianni Agnelli pidiendo ser llamado el técnico legal Agnelli)? Porque, obviamente, los abogados están bien considerados en la sociedad y disfrutan de una excelente situación económica. Por tanto, lo que ocurre es que muchas veces la decisión PC representa una forma de eludir problemas sociales no resueltos aún, enmascarándolos mediante un uso más educado del lenguaje. Si se decide que a las personas que van en silla de ruedas ya no se las llama minusválidas ni tampoco discapacitadas, sino personas con capacidades diferentes, y luego no se les construyen rampas para acceder a los lugares públicos, evidentemente se ha suprimido la palabra, pero no el problema. Lo mismo cabe decir de la sustitución de desempleado por desocupado de larga duración o de despedido por en transición programada entre cambios de carrera. Véase a este propósito el libro de Edoardo Crisafulli, Igiene verbale. Il politicamente corretto e la libertà linguistica, editado por Vallecchi, que desvela todas las contradicciones, los pros y los contras de esta tendencia.

Esto explica por qué un sector exige el cambio del nombre y poco después, aunque se mantienen intactas algunas condiciones de partida, exige una nueva denominación, en una huida hacia delante que podría no tener fin si, además del nombre, no cambia también la cosa. Se producen incluso saltos hacia atrás cuando un sector exige el nuevo nombre, pero luego en el lenguaje privado mantiene el antiguo, o vuelve a él como un desafío (Wikipedia observa que en algunas bandas juveniles afroamericanas se utiliza de forma arrogante la palabra nigger, pero ¡ay del que se atreva a utilizarla si no es uno de los suyos!; es parecido a lo que ocurre con los chistes de judíos, de escoceses o de leperos, que solo pueden contarlos los judíos, los escoceses o los habitantes de Lepe).

A veces lo PC puede incluso expresar cierto racismo latente. Recuerdo perfectamente que en la posguerra muchos italianos que desconfiaban todavía de los judíos, pero no querían pasar por racistas, para indicar que alguien era judío decían, tras muchísimas dudas, que era un israelí. No sabían que los judíos estaban orgullosos de que se les reconociera como judíos, aunque (y en parte precisamente porque) la palabra la utilizaban sus perseguidores como un insulto.

Otro caso problemático ha sido el de las lesbianas: durante mucho tiempo el que deseaba parecer correcto temía utilizar esta palabra, del mismo modo que no utilizaba los términos despectivos habituales para referirse a los homosexuales, y hablaba tímidamente de sáficas. Luego se descubrió que los hombres homosexuales deseaban ser llamados gays, y las mujeres se definían tranquilamente como lesbianas (debido, asimismo, a la carga literaria que encierra el término), por lo que era del todo correcto llamarlas así.

A veces lo PC ha cambiado realmente, y sin excesivos traumas, los usos lingüísticos. Cada vez es más frecuente, cuando se citan ejemplos generales, evitar hablar en masculino y hablar de ellos. Muchos profesores estadounidenses ya no dicen “cuando recibo a un alumno…”, sino que hablan de “estudiantes” o incluso van cambiando en los ejemplos, y a veces hablan de un he y a veces de una she; y ya se acepta la sustitución de chairman (presidente) por chairperson o chair. Incluso hay quienes bromeando con lo PC han propuesto cambiar el nombre del cartero, mail man, por el de person person, porque mail (correo) suena igual que male (varón).

Esas críticas surgen porque, una vez impuesto como movimiento democrático y “liberal”, que inmediatamente adoptó una connotación de izquierda (al menos en el sentido de la izquierda estadounidense), lo PC ha originado sus propias degeneraciones. Se consideró que mankind era una palabra sexista, debido al prefijo man, y que excluía de la humanidad a las mujeres, y se decidió sustituirla por humanity, ignorando que este término deriva etimológicamente de homo (y no de mulier). También para provocar, aunque con la misma ignorancia etimológica, algunos sectores del movimiento feminista han propuesto dejar de utilizar el término history (porque his es pronombre masculino) y sustituirlo por herstory.

La exportación de lo PC a otros países ha dado lugar a nuevos retorcimientos del lenguaje, y es de sobra conocida por todos la polémica (no zanjada) sobre si es más respetuoso llamar a una mujer abogada o abogado, y he visto que en un texto estadounidense se preguntan si es realmente correcto llamar poetess a una mujer poeta, como si fuese tan solo la mujer de un poeta (y también en este caso entran en juego los usos consolidados, porque entre nosotros poetessa [poetisa] está ya tan aceptado como professoressa [profesora], mientras que sonaría extraño y hasta ofensivo banchieressa o banchiera [banquera]).

Un caso típico de difícil traducción es precisamente el del cambio de negro a nero (negro). En Estados Unidos, el paso del tan connotado negro a black era radical, mientras que en italiano el paso de negro a nero suena un poco forzado. Y más porque el término negro tiene su historia legítima y atestiguada por muchas fuentes literarias: todos recordamos que en las traducciones de Homero que leíamos en la escuela se hablaba del “negro vino”, y han sido escritores africanos de lengua francesa los que han hablado de négritude.

En Estados Unidos, las degeneraciones de lo PC han impulsado la aparición de una gran cantidad de falsos y divertidísimos diccionarios PC, en los que a veces no se sabe muy bien si cierto término en realidad ha sido propuesto o se ha inventado con intención puramente crítica. De hecho, junto a sustituciones ya corrientes, se encuentran socialmente separado por encarcelado, funcionario del control bovino por cowboy, corrección geológica por terremoto, residencialmente flexible por vagabundo, ereccionalmente limitado por impotente, horizontalmente accesible por mujer de mala vida, regresión folicular por calvicie y hasta carente de melanina para indicar un hombre blanco.

En internet encontrarán la publicidad de la STUPID (Scientific and Technical University for Politically Intelligent Development), donde se anuncia que en su campus se han colocado señales de tráfico no solo en cinco lenguas sino también en Braille, y que se ofrecen cursos sobre la contribución de los aborígenes australianos y de los indios de las Aleutianas a la mecánica cuántica, sobre cómo la baja estatura (el hecho de ser vertically challenged) favoreció los descubrimientos científicos de Newton, Galileo y Einstein, y sobre la cosmología feminista, que sustituye la metáfora machista y eyaculatoria del big bang por la teoría del gentle nurturing, según la cual el nacimiento del universo se produjo por lenta gestación.

Se pueden encontrar en internet versiones PC de Caperucita Roja y Blancanieves (ya se pueden imaginar cómo se las ingenia un defensor de lo PC con los Siete Enanitos), y he encontrado una larga discusión sobre cómo hay que traducir “el bombero apoyó una escalera en el árbol, subió y rescató al gato”. Al margen del obvio principio PC, por el cual un bombero ha de ser como mínimo un vigilante del fuego, la traducción propuesta es muy extensa porque se trata de aclarar que el bombero en este caso concreto era un hombre pero que muy bien podría haber sido una mujer, que actuó en contra de la libertad del gato, que tenía todo el derecho de ir donde quisiera, que con la escalera puso en peligro la salud del árbol, dio por supuesto que el gato era propiedad de sus dueños, y subiendo con facilidad ofendió la sensibilidad de personas físicamente discapacitadas, etc.

Al margen de las exageraciones reales y de los efectos cómicos que estas exageraciones han provocado, lo PC ha suscitado desde el principio una violenta reacción por parte de los ambientes conservadores, que lo ven como una mojigatería de la izquierda y una imposición que atenta contra el derecho a la libertad de expresión. A menudo se compara con la neolengua de Orwell y (a veces directamente) con el lenguaje oficial del estalinismo. Muchas de estas reacciones son también mojigatas y, por otra parte, existe también un PC de la derecha, tan intolerante como el de la izquierda; basta con pensar en los anatemas lanzados contra los que hablan de “resistencia” iraquí.

Además, a menudo se confunde sugerencia moral con obligación legal. Una cosa es decir que es éticamente incorrecto llamar maricones a los homosexuales y afirmar que, si el que lo hace es un ministro, y lo hace además en papel con membrete del ministerio, hay que hablar solamente de miserable incivismo. Y otra cosa muy distinta es decir que si se expresa así ha de ser encarcelado (a menos que Tremaglia llame maricón a Buttiglione, en cuyo caso sería comprensible una querella con exigencia de reparación de daños morales). Pero, dejando aparte la vulgaridad de Tremaglia, no parece que exista ninguna ley que castigue con años o meses de cárcel a quien diga barrendero en vez de técnico ecológico, y en definitiva no es más que una cuestión de responsabilidad personal, buen gusto y respeto a los deseos ajenos.

No obstante, ha habido muchos casos en que, por haber hecho un uso políticamente incorrecto del lenguaje, han sido penalizados por la publicidad e incluso suprimidos programas enteros de televisión, y no son raros los escándalos universitarios en que un profesor es expulsado por no utilizar solo términos políticamente correctos. Y se entiende, por tanto, que el debate no sea simplemente la representación de un enfrentamiento entre liberales y conservadores, sino que a menudo se desarrolla a lo largo de líneas divisorias muy problemáticas.

No hace mucho tiempo, Los Angeles Times decidió como norma de su política editorial utilizar el término anti-abortion en vez de prolife (en defensa de la vida), puesto que este segundo término implicaba un juicio ideológico. Al revisar el artículo de un colaborador que hacía la reseña de una representación teatral, el redactor encontró la expresión pro-life, aunque usada en un sentido completamente distinto, y la sustituyó por anti-abortion, con lo que cambió el significado del texto. Cuando se hizo público el caso, el periódico presentó sus excusas y difundió el nombre del redactor responsable del error; pero entonces explotó un nuevo caso porque, como medida de protección de la privacidad del redactor encargado de revisar los textos ajenos, el periódico no tenía que hacer público su nombre.

Lentamente, sobre todo en Estados Unidos, hemos pasado del problema exclusivamente lingüístico (llama a los otros como desean ser llamados) al problema de los derechos de las minorías. Es natural que en algunas universidades los estudiantes no occidentales pidieran que se les impartieran cursos sobre sus tradiciones culturales y religiosas y sobre su literatura. Lo que ya no es tan natural es que los estudiantes africanos pidieran, por ejemplo, que los cursos sobre Shakespeare fueran sustituidos por cursos sobre literaturas africanas.

La decisión, si es que se aceptó su propuesta, aparentemente respetaba la identidad del afroamericano, pero en realidad le privaba de unos conocimientos útiles para vivir en el mundo occidental.

Hemos llegado a olvidar que la escuela no ha de enseñar a los estudiantes tan solo lo que quieren, sino también y algunas veces justamente lo que no quieren, o que no saben que pueden querer (de lo contrario, en las escuelas de primaria y secundaria ya no se enseñarían matemáticas o latín, sino solo juegos de rol en el ordenador; o el bombero dejaría que el gato fuera a retozar a la autopista, porque ese es su deseo natural).

Y llegamos al último punto de este razonamiento. Cada vez es más frecuente considerar PC cualquier postura política que favorezca la comprensión entre razas y religiones o incluso el intento de comprender las razones del adversario. El caso más significativo se produjo en un programa de televisión estadounidense, cuyo presentador, Bill Maher, a propósito del 11 de septiembre, criticó una frase de Bush en la que llamaba “cobardes” a los que atentaron contra las Torres Gemelas. Maher afirmó que de un kamikaze se puede decir todo menos que carezca de valor. ¡Ardió Troya! Inmediatamente hubo un descenso de la publicidad en ese programa, que acabó siendo suprimido. Ahora bien, el caso Maher no tenía nada que ver con lo PC, ni visto desde la derecha ni visto desde la izquierda. Maher expresó una opinión. Se le podía reprochar el haberlo hecho ante un público al que aún le dolía la tremenda herida del 11 de septiembre, se podía discutir, como hizo alguien, sobre la diferencia entre cobardía moral y cobardía física, se podía decir que un kamikaze está tan obnubilado por su propio fanatismo que en esa situación no puede hablarse ni de valor ni de miedo… Maher estaba expresando sus ideas personales, provocadoras si se quiere, pero no utilizaba un lenguaje políticamente incorrecto.

Asimismo, entre nosotros se ironiza sobre el exceso de lo PC por parte de quien manifiesta simpatía por los palestinos, pide la retirada de nuestras tropas de Irak o resulta demasiado indulgente con las demandas de las minorías extracomunitarias. En estos casos no interviene para nada lo PC, se trata de posturas ideológicas o políticas, que cualquiera tiene derecho a criticar pero que no tienen nada que ver con el lenguaje. Excepto que el descrédito arrojado sobre lo PC por los ambientes conservadores hace de la acusación de PC un óptimo instrumento para hacer callar a aquellos de quienes se disiente. PC se convierte así en una palabra fea, como está sucediendo con pacifismo.

Como puede verse, se trata de una cuestión complicada. Solo nos queda establecer que es políticamente correcto usar las palabras, incluida la de PC, en su sentido propio y, si se quiere ser PC en ese sentido, hacerlo utilizando el sentido común (sin llamar a Berlusconi persona verticalmente desfavorecida pendiente de poner remedio a una regresión folicular), ateniéndose solamente al principio fundamental de que es humano y civilizado eliminar del lenguaje corriente las palabras que hacen sufrir a nuestros semejantes.

junio 13, 2007

Acueducto Tembleque, más que arcos

Arcos del acueducto novohispano


Zempoala es un municipio de Hidalgo cuyas construcciones dejan boquiabierto a cualquiera. Tiene una hacienda y una iglesia casi en cada pueblo. Superan sus edificios religiosos y civiles a los de cualquier alcaldía vecina. Quizá por ello el historiador más importante del estado, Víctor Manuel Ballesteros, dedicó parte importante de su labor a estudiar el sitio.

Sin temor a equivocarme afirmo que es la iglesia advocada a Todos los Santos la más destacada de Zempoala. Para muestra, véase el tomo de Ballesteros La Iglesia de Todos los Santos de Zempoala, Hidalgo, y su comarca (Ed. UAEH, 2003). Construida en tres etapas que son su comienzo en 1540, en 1553 cuando se realizaba una campaña constructiva, y en 1585 con el edificio terminado, la iglesia posee capilla abierta, iglesia, convento, atrio y huerta. Y de acuerdo con Ballesteros, es uno de los pocos conjuntos que conserva el espacio para la huerta, si bien hoy día está abandonado.

Pero es el programa pictórico lo que más debe interesar. Cuando el visitante ha traspuesto la portada renacentista, entra a un mundo techado con bóvedas góticas. Enseguida, advierte dos anchas cenefas plasmadas en los muros, cuyas imágenes tienen como guía el cordón franciscano, como en el convento de Tepeapulco. Mas son las pinturas en el presbiterio las que asombran lo mismo la ojo turista que al entendido en historia del arte. Tal es el caso del Ballesteros, en cuya obra citada interpreta a detalle las fuentes bíblicas contenidas en los murales.

Y sin embargo, he decidido no hablar de este conjunto conventual, sino de una edificación de Zempoala decididamente más famosa entre turistas, gobernantes y automovilistas que pasan por la carretera y la ven. Hablo del soberbio Acueducto del Padre Tembleque.

En el mejor estudio hecho sobre el acueducto (El padre Tembleque, Ed. Jus, 1961), Octaviano Valdés detalla que hacia el siglo 16, Zempoala abundaba en agua gracias a los mantos acuíferos que se encontraban a flor de tierra en el cerro Tecajete, mientras que el poblado de Otumba, Edomex., se moría de sed. Los de Otumba rogaban ante los de Zempoala, indispuestos a compartir el líquido. Fue necesario que Fray Francisco Tembleque, un español nacido en Toledo, hiciera de mediador. Y aunque logró convencerlos, pronto tuvo dificultades de todo tipo: con los prelados de la Iglesia, con los indios, con el dinero, con la comida…

Así y todo, al cabo de cinco años “el último arco recibe su clave y termina el puente rematando en una alcantarilla, desde la cual chorrea el primer mensaje del agua hacia el lado de Otumba”, describe Valdés, exaltado: “¡Qué hermosura de arcos, con sus aristas que de un solo vuelo ascienden a redondearse en la curva sin tacha!” Y cómo no, si en sus 44 kilómetros, el acueducto corre a desnivel, salva barrancas y, además, posee una estética en todo momento armónica con el paisaje.

Pero las cosas son como son. Desde que manos indias pusieron la última pierda del acueducto y vieron correr agua en 1560, hasta nuestro sucio presente, han transcurrido 447 años. No en balde. Pues si la pesadumbre del tiempo no ha podido con el acueducto, como que la estulticia humana se obstina en ganarle el paso. Y es que no es extraño advertir algún que otro graffiti pintarrajeado sobre los arcos; u oquedades donde antes había piedras.

De eso me di cuenta hace unos días cuando bajé al fondo de la barranca. Fui a un evento de los gobernadores de Hidalgo y de Edomex. que firmaron un “convenio de participación” para rescatar esta obra que atraviesa sus entidades. Sólo que ni los miembros del Patronato Acueducto Tembleque AC saben en qué consiste el convenio.

Una semana después de la firma, el reportero Miguel Alburquerque de Milenio-Hidalgo publicó: “La delegación estatal del INAH ha exigido que la intervención al Acueducto del Padre Tembleque sea ‘respetuosa’, producto de un estudio integral sobre el monumento, y no ‘un paso de euforia sin control’”.

Antes de eso, no vendría mal saber si la foto de aquél evento no será otra cosa que eso, una foto en los periódicos.

junio 07, 2007

Infamia universal

Cegehacheros, familiares y algún que otro colado


Me pregunto a quién pudo haberle servido que la UNAM permaneciera “tomada” por unos estudiantes que, teniendo todo el derecho legal para manifestarse, lo ejercieron con extravagancia entre 1999 y 2000. ¿Al rector, al Poder central, al PRD al PRI o al PAN?, ¿o a las otras universidades que durante la “huelga”, han de haber recibido más estudiantes que nunca? Pues opino que el principal beneficiado no fue ninguno de ellos.

Conviene recordar la base sobre la que ocurrieron los hechos. El rector Juan Ramón de la Fuente y el Consejo Universitario propusieron en público un aumento a las cuotas estudiantiles. Lógica en principio, pues los estudiantes de la UNAM no pagamos sino 25 centavos por todos los años que deseemos estar calentando las bancas, la propuesta fue recibida como un balde de lava hirviendo. No es éste el lugar dónde ponernos a enlistar cómo iniciaron los hechos, ni los múltiples giros que tomaron (para eso existen tanto las crónicas que hizo Carlos Monsiváis para La Jornada y Letras Libres, como las decenas de cientos de publicaciones del momento, principalmente la revista Proceso); pero sí es éste el sitio para cuestionar cómo vienen terminando.

¡Quién ha podido extirpar de la memoria aquella desagradable imagen en el televisor con un tanque militar poniéndose en marcha sobre las calles vacías de Ciudad Universitaria!

Y sin embargo, la llegada de la milicia al Campus no es nada más achacable a los "pinches neoliberales" (Kolektivo Eskoria dixit: www.kolectivoescoria.blogspot.com) sino a los estudiantes mismos. ¿O ya no se acuerdan de las fotos y entrevistas que publicó Proceso? ¡Y vaya que la revista es izquierdosa! La foto que estoy revisando en estos momentos, muestra una botella de Pepsi retornable medio llena de alcohol mezclado con peyote. El frasco descansa en el pupitre de lo que fue un salón de clases: al fondo aún puede verse el pizarrón blanco, con un Gallito Inglés pintado con plumón verde... Los estudiantes tuvieron su parte de culpa: ¡o qué universitario con todos los tornillos en su lugar no habrá dado manotazos cuando hubo visto esta fotografía!

La realidad es que luego de diez meses de permanecer “tomada” la Ciudad Universitaria, un número de estudiantes infaliblemente alto (cuya precisión no me interesa investigar) se largó a otras escuelas. Otros, se pusieron a ver televisión y embarazar muchachas o a dejarse embarazar, según el caso, y volvieron al aula como si tal cosa. Pero a un puñado de 300 alumnos los expulsó el Tribunal Universitario; de éstos, 30 cegehacheros fueron denunciados penalmente. Uno de ellos, duerme en la cárcel desde la semana anterior —por segunda vez.

A Jorge Martínez Valero, ex estudiante de politología en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y enfermero general titulado A de Salubridad en Milpa Alta, se le ha dictado sentencia de cuatro años en prisión y una multa de 120 mil pesos. La pena temporal puedo entenderla; la económica, no. La jueza Isabel Cristina Porras, titular del 17 Juzgado de Distrito en Procesos Penales, dictó tres sentencias de las cuales una fue ratificada por el Primer Tribunal del Primer Circuito Unitario en Materia Penal, y eso llevó a la cárcel al cegehachero.

Con redoblada insistemcia me pregunto a quién carajos le sirve todo esto. ¿A qué tener preso a Martínez Valero? Aunque no le creo mucho de todo lo que este santo sostiene en su blog antedicho, es importante advertir que este encarcelamiento suyo, no es otra cosa que abono a la infamia universal que pesa en nuestra historia nacional, a saber, la de refundir tras las rejas a todo el que nos cae mal. La vergüenza no es para los políticos, que tienen muy poca, sino para la sociedad por entero.

Ahora bien, no hay que ir muy lejos, tenemos nuestros propios presos del naciente sexenio. Continúan encerrados en La Palma los hermanos Sosa (Flavio y Horacio), porque lideraron la -en modo alguno transparente- Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, APPO. Un juez les dictó una retahíla de delitos, entre otros, “daños a las vías generales de comunicación”. Qué descaro.

junio 04, 2007

Ramsés Salanueva abaut Abraham Chinchillas

El poeta, reportero de Milenio y promotor cultural (el orden no se qué demonio pueda saberlo) Ramsés Salanueva (Actopan, 1972), escribió el siguiente texto a propósito del hai kai Tráeme la noche, publicado recientemente por el amigo Abraham Chinchillas. Helo aquí. Lo publico sin su consentimiento, pero con las ansias de compartir con vos un ¿tesoro? que tengo en mis manos. Les debo la portada del libro. No dí con ella en ningún lado, y no tengo medio de digitalizar la del ejemplar que está en casa.


-Trazos de tinta-
Hai ku,
-Traeme la Noche-
de Abraham Chinchillas.

Por Ramsés Salanueva.

Hay un profundo diálogo de los animales con la naturaleza, original o trastornada, esta informática sólo puede comprenderse a través de la demiurjgia, es decir la alta magia, la ciencia de controlar los elementos en que se expresa el móvil del que hablamos, el otro es la poesía, el idioma del ancestral del TODO.

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Parece ser que la acumulación de los conocimientos más tradicionales del antiguo del templo de Isís, viajaron a la indochina. Los idearios religiosos que resultaron de este éxodo alcanzaron serias consideración sobre los arcanos de quién es Dios y para qué estamos aquí.

El Tao que puede conocerse no es el Tao.
La sustancia del Mundo es solo un nombre para el Tao.
Tao es todo lo que existe y puede existir;
El Mundo es solo un mapa de lo que existe y puede existir.
Las experiencias externas sirven para sentir el Mundo,
Y las experiencias internas, para comprenderlo.
Los dos tipos de experiencia son lo mismo dentro del Tao;
Son diferentes solo entre los hombres.
Ninguna experiencia puede contener al Tao
El cual es infinitamente más grande y más sutil que el Mundo.

Lo declara el Tao Tekin.

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La férula fulminante y el libro secreto con los que pueden revelarse estas maravillas pertenecen a un grupo de iniciados. No así la palabra, la cual también puede trastocar la materia con su poder de invocación, y crear configuraciones y estados de la física comprensibles a nuestra capacidad de credulidad.

En su forma más potencial, este conocimiento ha prevalecido los tiempos, a través de la enseñanza de antiguos conjuros poéticos conocidos sólo por los maestros de sectas y hermandades.

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Decir que el Hai Kai es uno de estas formulas, es una acierto a medias.


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Al parecer, el poeta Abraham Chinchillas conoce muy bien estas naturalezas mágicas y así mismo ha practicado su poder salmico. Luego de leer el prologo que él mismo agregó a su más reciente obra, titulada, Traeme la Noche, una amplísima colección Hai Ku, editada elegantemente por la Universidad Autónoma de Hidalgo, sabemos que, Chinchillas es un escritor dominado por la más alta tradición literaria del extremo asiático, donde la contemplación revela el sentido polar de las cosas que sólo se nombran.

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La esencia del Hai Kai y su utilidad en la comprensión del fenómeno poético, reside en su poder de medir, con exactitud cuántica, la realidad. Sólo lo necesario para ser. El ahora, el aquí, que según los físicos dura sólo tres segundos. El espacio perpetrado en su presente más pretérito puede leerse en 17 silabas, apunta Abraham.

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Encuentro novedoso la forma en que el poeta ha llevado al Hai Kai fuera de su hábitat estrictamente naturalista, y lo ha sometido a comprensiones sobre el hombre y la urbanidad, lo ha expuesto, con sumo éxito, a su más elemental antípoda.

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Dos obsesiones han sido reveladas en los libros del bardo; la mujer y la ciudad, imanentes, caras iguales de la misma moneda, un azar perdido pero necesario, fuera de ellos, el poeta no conoce más. Una de las composiciones que certifica esta condición se extrae de su "Ensayo sobre la redención":

Lobo amanezco
La ciudad es mi estepa
Tú mis rastro perdido.

Esta, es un época de modas literarias, los creadores pueden sucumbir a la búsquedas de otras tierras más allá de la tradición, algunos afortunados llegarán a islas que por más exóticas jamás llegarán a ser continente.

Abraham Chinchillas observa con declarada alergia, desde la plataforma continental de nuestra letras, a los balseros poéticos de este siglo.

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La edición de Tráeme la noche, se ilustra con una serie de viñetas bajo la técnica de la tinta china, que agregan a la obra una ambientación oriental (a doc).

Los claros oscuros grises de estos trazos, nos ayudan a explicar, la experiencia de transitar por la poética de Chinchillas.

La nostalgia es el barniz que abrillanta las cavilaciones de este escritor.

La roca y la carne son los materiales literarios de Chinchillas.

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Los libros de Chinchillas son desbordados, este nuevo letrario suyo no es la excepción.

Es un poemario, que a reserva de algunos dispendios propios del autor que aprecia sus obras y que no tiene la inmoralidad de expulsarlas de la edición, podría resultar perfecto en su rigor creativo.

Con esta colección Abraham Chinchillas se sitúa como una de las voces batientes de las llamadas letras regionales, concepto que por derivación incluye el plano nacional.

La gama de formas de abordar la disciplina del Haikai, nos habla de esa búsqueda de maestría que el autor ha querido hallar, es pues una expresión literaria que merece atención, por su definida vocación estilística, su constante desarrollo de los temas superiores del poeta, su habilidad idiomática, y su gama de posibilidades.


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Saludamos este nuevo esfuerzo de la comunidad literaria hidalguense, valoramos el compromiso de la UAEH con los creadores locales y esperamos que esta publicación se difunda con la debida atingencia que requiere la promoción literaria en el país.

junio 02, 2007

q.e.p.d.


A Juan José Gurrola Iturriaga se le podía contar entre los mejores cómplices de la muerte, ángeles sin alas que conducen a la inversa de la multitud abriéndose paso entre provocaciones y duelos verbales. El espacio fue su dominio, desde el papel al escenario, la maqueta, la escenografía, el video, la foto.

“¿Cómo puedo alejarme del teatro si yo soy el teatro?”, decía Gurrola. “Habemos gente que somos edificios teatrales, sólo podemos pensar en esos términos y todo tiene un significado diferente.”

Cazador libre de lo intangible, Juan José huyó de definiciones y etiquetas, de nombrar algo por no extirparle la magia. De energía estridente que inundó rincones y planas de periódicos, salpicó conciencias y alejó incautos, Gurrola también fue un niño culto y salvaje, tierno e impaciente, un hombre generoso, perverso, divertido y excéntrico.

Obsesivo, incursionó dos veces en la dirección de Bajo el bosque blanco, de Dylan Thomas, y al hacerlo con una diferencia de 34 años su intención fue “abrir la poesía de este autor al teatro para las nuevas generaciones y expandir las posibilidades, realizar un experimento teatral donde la poesía y la música tomaran diferentes caminos, subrayaran ecos, figuras e imágenes iniciales, elementos que muestran al mundo una civilización que se perderá. Es decirle adiós a un mundo que ya no va a existir, es casi decirle adiós al arte antes de que se separe definitivamente del hombre”.

Celebrar a malditos como Malarmeé o Thomas le dio a Juan José la posibilidad de inundar un escenario de sensualidad y erotismo, “de abrirle paso a la casualidad para atraer a un actor que nació para ese momento teatral y aceptar, más allá de eso, que ambos, director y actor, poseen una ambición por contener el mundo.”

Un mundo del cual ya se alejó: dos de la madrugada del viernes, problemas hepáticos, que se agravaron con las tensiones de su última puesta en escena Simplemente complicado, de Thomas Bernhard, escenificada en el Festival de Teatro de San Miguel de Allende, donde recibió un homenaje, lo llevaron a la muerte.

Ingresó al Instituto Nacional de Nutrición, donde estuvo tres días: “Falleció de una manera muy tranquila, nos despedimos porque con su estado era casi inminente su fin en el planeta”, dijo Rosa Newton, viuda del artista. Sus restos serán cremados y permanecerán con la familia porque su deseo fue que se juntarán sus cenizas con las de su pareja, “para hacer un coctel” que pueda regarse en la zona tlacotalpeña del río Papaloapan.

El teatro, la vida

Dramaturgo, traductor, director, actor, coreógrafo, arquitecto, diseñador, músico, cineasta, fotógrafo, pintor y amante de los cómics, de ahí la imposibilidad de enumerar las obras en las cuales participó este hombre nacido en la Ciudad de México el 19 de noviembre de 1935.

Parte de su misión fue que el público dejara de ver teatro acartonado, deficiente y con faltas de ortografía. “Qué más vileza que mentir sobre un escenario y peor todavía el que se sienta a que le mientan”.

Director de Tajimara, mediometraje que formó parte de la cinta Amor, amor, amor, y de Robarte el arte, para Juan José Gurrola la primera le llevó a demostrar que podía hacerlo y la segunda constituye la película del siglo. Sin embargo, llegó a decir: “No creo que el cine sea arte, porque no tiene esa esencia simultánea del dibujo, la música y el teatro.”

Para Gurrola el hecho teatral “es el reconocimiento de ese sueño compartido por la escena y los espectadores, quienes no saben bien a bien por qué pagaron un boleto, pero tienen la secreta ambición de compartir con alguien la unidad, unión fraternidad, o como dijo Charlie Parker, saber que todo está bien o que en esta soledad, dentro de un teatro todo desaparece, nos convertimos en dioses”.

Adiós

Sólo dos horas estuvieron sus restos en el Palacio de Bellas Artes antes de ser trasladados a territorio veracruzano. Entre las 11 y las 13 horas de hoy se rindieron un homenaje de cuerpo presente a Juan José Gurrola, “un talento invaluable, que renueva el panorama de la escena moderna mexicana en varias coordenadas”, a decir de Ignacio Escárcega, coordinador Nacional de Teatro del INBA.

“Él era un hechicero que creaba las condiciones para que los actores pudieran desempeñarse con libertad en el escenario y esto va de la mano de su actitud lúdica e irreverente. Juan José es una presencia irreverente, para fortuna del teatro mexicano”, agregó.

A través de un comunicado, Gerardo Estrada, coordinador de Difusión Cultural de la UNAM, lamentó la muerte de Gurrola, a quien definió como el personaje “más audaz y más provocador de una generación que cambió radicalmente el modo de hacer y de ver las artes en México.”

“Desde la trinchera universitaria, Gurrola, junto con otro grupo de artistas e intelectuales, le dio un nuevo respiro a las artes en México con sus propuestas iconoclastas, algunas de ellas calificadas hasta de insolentes, que nos permitieron entender el mundo contemporáneo”.

Milenio-Diario. México/Alegría Martínez

mayo 30, 2007

Qué bello es sobrevivir*

*Rodrigo Fresán publica la crítica de Este libro te salvará la vida
(de la admirable A.M. Homes), en el suplemento cultural
"Babelia"del diario español El País. Aquí la reproducimos en homejane (qué pinche palabra) tanto a Fresán como a Homes,
cultivadora del género de novelas cuyo escenario es la ciudad de Los Ángeles -mitad luces nocturnas de Hollywood,
mitad polvo caliente del desierto. Vale, pues.



Un pederasta en prisión, un adolescente soportando el derrumbe de sus padres, un ex presidente derribado por el Alzheimer, un joven obsesionado sexualmente con una muñeca Barbie son algunos de los protagonistas de las novelas y relatos de A. M. Homes. En resumen: Homes se ha ocupado siempre de tejer tramas con la lana de lo grotesco regalando jerséis que nadie jamás se pondría en público pero que resultan tan tentadores de modelar en privado. Placeres perversos con prosa y tempo magistral. La carcajada confundiéndose con la mueca. Una maestra.

De ahí que la sola lectura del título de su quinta novela provoque deliciosos escalofríos de anticipación. ¿Una bestial demolición de la cultura autoayuda y los ritos new age? ¿Una postal desesperanzada? Sorpresa: no. Este libro te salvará la vida es inesperadamente optimista y redentor a pesar de la contaminación ambiental y su única intención es ofrecer un mensaje consolador para todos aquellos que tanto sufrieron -y tanto nos divirtieron- en textos anteriores de esta autora. Atrás han quedado las pesadas atmósferas y los humores más que negros que la acercaban a las películas de Tod Solondz y si a algo recuerda esto es al Magnolia de Paul Thomas Anderson. Aunque tal vez los modelos más directos -Homes lo ha nombrado como a uno de sus maestros y prologado una nueva edición de Falconer- sean Bullet Park y Esto parece un paraíso, de John Cheever: historias donde lo que se narra es la súbita irrupción de la luz en tanta oscuridad.

Aquí, el hombre eclipsado que vuelve a ver el sol es el divorciado Richard Novak: alguien a quien le sobra el dinero, quien ya no tiene necesidad alguna de trabajar, que no puede conectar con su hijo y que un día es golpeado por un dolor más allá de todo diagnóstico y por la visión de un agujero creciendo en la ladera millonaria en la que crece su casa. Ambos "cataclismos" lo sacarán de un largo letargo y lo pondrán en movimiento relacionándolo con un curioso y entrañable reparto de personajes -que incluye a un astro del cine, Bob Dylan, un caballo perdido, una banda de secuestradores, un ama de casa sollozante, voraces termitas y a un escritor fetiche- donde destaca Anhil, un vendedor de donuts con mucho de gurú. Y de pronto -asombrado pero también agradecido- el habitué de Homes comprende que el tema aquí es nada más y nada menos que la felicidad y sus muchas texturas y las diversas formas de hacer el bien y deshacer el mal. ¿Por qué? En alguna entrevista Homes ha explicado que la necesidad de un libro amable surge del impacto de haber hallado a su madre biológica y de su propia maternidad: "Me he convertido en esta buenaza que quiere que todos se quieran", declaró.

Pero a no confiarse. La novela de Los Ángeles como género -arrancando quizá con Nathanael West y John Fante, paseándose por Raymond Chandler y James Ellroy, recibiendo a los turistas Aldous Huxley y Evelyn Waugh hasta alcanzar a los más jóvenes Bret Easton Ellis y Dana Spiotta- nos informa una y otra vez que esta ciudad es un sitio perfecto para matar o morir o, mejor, para volverse plácida o violentamente loco siguiendo absurdos ritos funerarios o complejos procesos para la obtención de la vida eterna o, mejor todavía, para vivir y sobrevivir en una atmósfera envasada al vacío bombardeada por las radiaciones de Hollywood y los vientos rojos del desierto.

El Los Ángeles de Homes -quien también escribió un muy buen ensayo sobre la ciudad para The Literary Travel Series, una colección de libros creada por The National Geographic y editada aquí por RBA- evoca al Los Ángeles desalmado y zombi de Joan Didion, pero dulcificado. O, tal vez, mejor dicho, anestesiado. Una especie de paradisiaco purgatorio con temblores de infierno para el que el cielo siempre está demasiado alto y donde la bondad compulsiva que reparte y recibe Richard Novak con sonrisa beatífica de James Stewart acaba sonando un tanto sospechosa, demasiado parecida a la armonía cuidadosamente orquestada de El show de Truman. Es entonces cuando se comprende, alcanzada la última página, que la sátira de Homes en Este libro te salvará la vida puede no ser tan cruel como de costumbre pero es igual de feroz que siempre. Y que no hay aquí un lobo con piel de cordero sino algo mucho más atemorizante: un cordero que aúlla y sonríe con todos y cada uno de sus colmillos.

mayo 27, 2007

PAN-PRD, diferentes pero iguales


Es escabroso adentrarse en los dominios de la política mexicana, máxime en lo que ocurrió previo y pasado el 2 de julio. Yo voté por la alianza Coalición Por el Bien de Todos, cuyo candidato ahora detenta el hilarante cargo de "presidente legítimo de México", pero el cual, muy seguramente, obtuvo el triunfo electoral el 2 de julio, triunfo con el que Felipe Calderón ahora se luce. Quién votó por el Partido Acción Nacional; quién por la Coalición por el Bien de Todos. En cualquier caso, uno y otro son tan pillastres como el uno al otro se acusan. Ambos hicieron y deschicieron leyes y normas en su afán por sentarse en la silla presidencial. Ahora bien, ¿apoco tantas ganas de hacerle el bien a la patria? Pinches ladrones. He aquí una nota de Milenio.

"Servicios adicionales" y "donativo" no fueron integrados al gasto de campaña
PRD y PAN escondieron un guardadito en radio y TV

En el caso de Acción Nacional, el IFE señala que sacó ventaja de una conducta ilegal.

El IFE sancionó al PAN y al PRD por actos que pudieron incidir en la equidad de la contienda electoral de 2006. Mientras el PAN no reportó en sus informes parciales 405 millones de pesos que salieron a relucir en el informe definitivo, a la coalición PRD-PT-Convergencia se le comprobó que recibió 66 mil pesos de una empresa.

El PAN no reportó los gastos por servicios adicionales en radio y televisión (405 millones de pesos), por lo que a juicio del IFE violó la ley y "podría generar para el partido político una ventaja inadecuada que surge de una conducta ilegal".

En el dictamen consolidado se establece que el PAN no informó cuánto gastó en radio y televisión en el último tramo de la campaña federal y que la suma de los totales de los reportes parciales no coinciden con el total reportado.

"La diferencia entre los gastos totales que se reportan en los informes anticipados y los Informes de Campaña en los rubros de servicios adicionales en radio y televisión es de 405 millones 206 mil 611 pesos", indica el dictamen, lo que le valió al PAN una multa de 29 mil 202 pesos.

El IFE concluyó que esto tuvo un "efecto pernicioso" en la fiscalización y al analizar la falta advirtió que esta situación, "si tiene un impacto en gastos, en el rubro de radio y televisión podría reflejar como un importante elemento de inequidad".

El IFE puso de relieve que no pudo contrastar información porque el PAN no presentó la relativa al periodo entre el 1 y 28 de junio y que "considerando que el 55 por ciento del gasto durante las campañas se ha destinado a la propaganda en radio y televisión, el hecho de contar con esta información durante el desarrollo de las campañas permitirá a la autoridad electoral y a la ciudadanía tener mayores elementos para verificar las condiciones de equidad en la contienda".

En sus dictámenes el IFE también aludió a que la coalición encabezada por el PRD recibió en especie, de una empresa mercantil, un monto de 66 mil pesos, situación que está expresamente prohibida por la ley.

En el dictamen correspondiente se señala que "quedó demostrado" que la coalición aceptó esta aportación de una radiodifusora de Tabasco por concepto de propaganda. El IFE multó al PRD con 43 mil pesos, y al PT y Convergencia con 16 mil pesos cada uno.

Spots

Aunque formalmente se cerró el plazo para que el Instituto Federal Electoral determinara si los partidos cumplieron con las reglas electorales al momento de financiar sus campañas 2006, quedan muchos pendientes en materia de radio y televisión. Esto puede generar más multas a los partidos en los próximos meses.

Los partidos políticos han atacado las mediciones que el órgano electoral realizó para saber si se le informó con veracidad sobre el número de spots transmitidos durante el proceso 2006 y su costo. Este punto es de primera importancia, pues los gastos en mensajes de radio y tv absorben más de la mitad de lo que los partidos invierten en una campaña presidencial.

México • Lorena López

mayo 24, 2007

¡Que traigan a Sor Juana!

Explanada del parque David Ben Gurión.


Nunca hay que confiar en los políticos. ¡Y menos cuando hablan de materia cultural! Sostengo que Ricardo Garibay es el segundo mejor escritor que ha dado el estado, sólo atrás de Efrén Rebolledo. Vale hablar de política y literatura porque los políticos del estado inauguraron un armatoste de biblioteca cuyo nombre homenajea al escritor de Tulancingo, y que costó 59 millones de pesos públicos.

Anunciada desde hace meses, la nueva biblioteca central por fin abrió sus puertas el viernes con 60 mil volúmenes. Según leí, la inauguración la atestiguaron la directora de Cultura estatal, Lourdes Parga, el gobernador, Miguel Osorio, y la secretaria de Educación Pública, Josefina Vázquez Mota. Incluso, ésta prometió donar 3 mil libros del FCE y 10 mil digitales del Programa Enciclomedia, para niños. Qué bonito, ¿no?

Nada más que Vázquez Mota olvidó decir para cuándo estarán listos los volúmenes. Al otro día de inaugurado el armatoste, fui a ver qué ocurría de verdad. Y es que no es fácil creer que el gobierno invierta tanto dinero en cultura sin esperar nada a cambio. Me cuesta admitir que les cayó el veinte de que hacer estas inversiones tiene tanto sentido como una carretera o un hospital, si bien no es tan visible ni útil para fines electoreros. Pues bien, me tomé la tarde para ir a buscar algún libro de Sor Juana, necesario para un ensayo que estoy preparando.

La más escandalosa sorpresa me la llevé al advertir que la sección destinada a Literatura no está de inmediato, en el primer piso a mano derecha. Antes al contrario, la relegaron a la segunda planta. No es que me dé flojera subir las escaleras y ponerme a buscar el ejemplar que me interesa. ¿Pero a los demás visitantes?, ¿no les dará pereza? ¿Acaso no habría sido deseable que Literatura —poesía, novelas, cuentos, obras de teatro, etcétera— le cerrara el paso a esa variedad de paseante que no acude a la biblioteca si no es porque no le queda ninguna otra escapatoria? Quizá hasta tomarían un libro para ojearlo. Quizá. Pero dejarla en el segundo nivel es tanto como tocarle las golondrinas por adelantado. Porque si el que llega, lo hace sólo arrastrado por una obligación insoslayable, ¡y el libro que desea lo encuentra al alcance de la mano del primer piso!, está garantizado que ni por error asomará las narices a la segunda planta. ¡Y menos después de haber recorrido el trecho que media entre el acceso al parque y la biblioteca! Por si fuera poco, hube de beber mi café aprisa antes de entrar: al interior están prohibidas las bebidas.

El concepto ‘elitismo’ puede esconderse bajo un sinfín de identidades. El Parque David Ben Gurión es una de ellas. Alejado del centro de Pachuca, sólo se llega cómodamente si uno posee automóvil. De lo contrario, en estos días de lluvia pasa un coche a toda velocidad y te baña de aguas mugrosas. ¿Por qué pasaron la biblioteca del Río de las Avenidas a este complejo cultural que de cultural no tiene nada, salvo el mosaico de Byron Gálvez? Habría bastado con echar un piso más al viejo edificio y listo.

También pasó inadvertida la clasificación de los libros. Más les importó superar en calidad y lujo los baños de un Sanborn’s, que modernizar el sistema para clasificar los 60 mil tomos. En la computadora busco Sor Juana y se despliega una lista. Elijo las Obras completas de sor Juana. Villancicos y letras sacras clasificación 861 J83 027 1953125. Y no está. Lo mismo me pasa con otra poeta mexicana, Concha Urquiza. El corazón preso. Toda la poesía reunida, clasificación 861 M U76 C67, tampoco está. De qué se trata, me pregunto enfadado. ¿Es broma?

Antes de sentarme a escribir esto, ojeo la noticia de inauguración. “Un total de 110 computadoras, seis equipos en braille, impresoras regulares y braille, pizarrones electrónicos, monitores con DVD, televisiones, pantallas para proyección de material audiovisual, sillones de música y equipo de audio.” “Además, material especializado en la alfabetización de invidentes, débiles visuales silentes y niños recién nacidos. Este material, así como la base electrónica para el servicio de Internet inalámbrico, se encuentra sobre 4 mil 560 metros cuadrados de construcción.” A quién pretenden impresionar.

Honestamente, no me interesa concluir dando malos augurios a la nueva biblioteca. Mas no juzgo descabellado afirmar que la lejanía del inmueble, lo elitista de su ubicación, lo inaccesible a su red de clasificación, su horario que cierra los domingos a las tempranas 2 de la tarde, la prohibición de entrar tomando café (o agua, siquiera) antes que llamar la atención, invitan a no acudir hasta ella.

Por favor, que la biblioteca no tome la dinámica del Parque Ben Gurión, cuya única finalidad a juzgar por lo visto desde su creación, no es sino el lucimiento político. Que tengan bastantes volúmenes de Ricardo Garibay, no sólo su nombre en una plaquita de metal. Y por favor ¡que traigan a Sor Juana!

mayo 23, 2007

Librerías, enemigas de la literatura


Aborrezco a las personas que van a la librería como a buscar un producto de gran valía. He tenido muchas experiencias con los libros, y eso me da derecho a hablar mal de ellos y de los lugares donde habitan.

Las librerías no deben tomarse como si fueran más importantes que una carnicería o una tienda de aceites para auto, ni más ni menos: uno va a buscar medio kilo de chuletas para hacer la comida, o el aceite para un Ford Ikon año 2002. Pero nadie va a buscar el acite más hermoso del mundo creado para siempre jamás, ni las chuletas cuyo corte sea el más mono que uno se haya metido nunca en la panza. Impulsado por este razonamiento, yo me muevo en estos comercios con presteza, voy a lo que voy, sin perder el tiempo cojo el libro y lo pago a la cajera.

Mi primera experiencia odiosa fue en la librería Jaime García Terrés de la UNAM, cuando, por andarme paseando entre los pasillos, me pidió que lo comprara un libro de Charles Bukowski: La máquina de follar. Una serie de cuentos. El protagonista se dedica a beber, a follar y a irla pasando en un suburbio de los Estados Unidos de hace 20, 30 años. Pues bien, ese libro es la explicación de porqué estoy como estoy. Pero la ocasión más poderosa fue cuando me topé con Carlos Monsiváis en una Gandhi. Estaba yo recargado en el mueble, ya me había tardado en elegir un volumen, cuando sentí estrellarse contra mí una masa fláccida. Era el maestro, que había tropezado con mis zapatos del número 27. ¡Cuál fue mi sorpresa al ver de quién se trataba! En vez de disculparme como debía, me quedé baboso mirando cómo él me decía: "disculpe usted, caballero". A partir de entonces, temí por la salud de las personas famosas a quien pudiera matar con sólo perder el tiempo ahí en las miserabls librerías. ¿Qué tal si alguna vez, enfurecido, le propino unos buenos jabs a algún dramaturgo o poeta que traigo entre ceja y ceja?

Ahora resulta que las encuestas nos dan a conocer, con gran alaraca, la noticia de que nadie lee en México y que el fenómeno parace ir en picada. ¡Pero qué noticia! Y enseguida le echamos la culpa a la televisión, a las pésimas políticas públicas para fomentar la lectura, a que los escritores son cada vez más elitistas y que sólo hacen libros para el público especializado. Lo raro es que todo eso siempre ha existido. Sin temor a equivocarme, sostenego que la culpa de que los mexicanos no leamos la tienen las librerías mismas. Si fueran ágiles, si el chico que atiende fuera más grosero y perdiera ese hálito de maricón cultivado... Otra cosa sería de nosotros. Pero los libreros se empeñan en hacer de sus establecimientos un lugar separado del mundo.

Apuesto lo que sea a que si las librerías empiezan a vender hot dogs, cervezas con camarones, tacos de carne asada, aceites para carros, todos los compradores de estos productos, al menos por curiosidad, echarán una ojeada al libro o revista a su alcance. Suena estúpido, lo admito. Mas la realidad es que si no se interesan en lo que hayan tomado para ojear, ya lo habrán manchado y no podrán menos que llevárselo a casa, no sin mentarle la madre al de la librería que se empeña en hacer de su local un altar del tedio.

¡A coger, a chupar, que el mundo se va a acabar!

Esta noticia aparece publicada en Milenio-Diario hoy. Y, a decir verdad, no sería noticia saber que el diputado de Hidalgo, Isidro Pedraza, padece dipsomanía con notas de desvarío mental, si no es porque ahora hace pendejada y media fuera de la entidad. No conforme con ser un pendejo entre los suyos, se arma de valor y hace pendejadas entre ajenos. Esperemos a ver qué sale a declarar en rueda de prensa en Hidalgo, donde la prensa da, caray, náuseas. Por último, quepa decir que los sarcasmos entre paréntesis, subrayados, o remarcados, no son de Milenio, sino míos.

El diputado perredista (hidalguense) Isidro Pedraza negó que él y sus correligionarios Martín Zepeda y Victorio Montalvo, quienes fueron desalojados del vuelo 606 de Mexicana por armar un escándalo en supuesto estado de ebriedad, hayan abordado el avión tras ingerir bebidas alcohólicas.

("¿Ebrios, nosotros? Nada. Si acaso nos tomamos uno güisquis pal miedo del vuelo. Harto que no trepamos a un avión... Eso sí. Pa'cermos de valor. Pero de ahí a que seamos borrachos, no no no. Qué pasó. Nosotros estamos con los pobres. Nosotros no. Vea a los del PAN, esos...": declaración a los medios informativos.)

Pedraza se declaró víctima de una “agresión injustificada” (uy, pobrecito) de la azafata Victoria Rosales (¡malvada, fascista!), quien se hizo de palabras con los diputados federales del PRD por colocar una botella cerrada de licor en el portaequipaje exclusivo de la tripulación. Qué tanto es tantito, ¿verdad que sí, mi diputado?

Como prueba de su dicho, el legislador hidalguense mostró un reporte del vuelo 606, en el que se hace referencia a la confrontación verbal entre los legisladores y la azafata, sin consignar el presunto estado de ebriedad de los diputados. ("Y los documentos, en nuestra democracia, imposible son de falsificar para el provecho de grupúsculos. Vivimos en un estado de derecho infranqueable, donde la legalidad, desde hoy y hasta siempre, no servirá para el beneficio de nadie. El pueblo está hambriento de justicia. ¡Basta ya de calumnias contra el pueblo!": frase escuchada en el televisor mientras me dormía anoche.)

Entrevistado en el Palacio Legislativo de San Lázaro (o sea, ¿no?, lo very very nice) el diputado Isidro Pedraza sostuvo que en lo personal no consume bebidas alcohólicas desde hace 16 años y, en ese sentido, se declaró dispuesto a someterse a un examen toxicológico. (¿Se va ir a meter a un IMSS, donde lo expondrán cinco horas ante las videocámaras de la televisión, vestido de bata raída con las nalguitas descubiertas, mientras algún médico Cayetano Martínez lo hace traer con su enfermera para picarle el brazo y sacarle una muestrita de sangre?)

En tanto, Mexicana de Aviación anunció que interpondrá una denuncia contra los diputados perredistas, debido a que el escándalo que protagonizaron el lunes por la tarde derivó en pérdidas económicas por cancelación de boletos y tiempo de estancia en plataforma en el aeropuerto de Mérida. (Pero quihúbo jefe, me hizo perder 3 minutos 45 segundos de mi valiosa vida. No hay derecho. No sé. Quizá con cien millones de dólares quede saldado. Quizá. Hay que ver con mis abogados.... Pero de una vez le digo que la cosa le va salir cara.) Según la aerolínea, al menos 20 pasajeros resultaron perjudicados por perder sus conexiones de trasbordo hacia otros destinos, luego de la demora de 50 minutos en el vuelo, que debió despegar de Mérida a las 18:30 horas.

Los legisladores descendieron de la aeronave por voluntad propia, pero hasta que terminaron de consumir sus bebidas etílicas, confirmó personal de la terminal aérea.

Yo tampoco he dejado nunca una farra a medias. Eso es de maricones. Y Pedraza, del Valle del Mezquital, conoce los mandamientos de un buen macho. Eso que ni qué, chingá.

Los perredistas aprovecharon que a partir de las 11 de la mañana del lunes se levantó en Yucatán la ley seca impuesta con motivo de las elecciones, por lo que llevaban varias horas de consumo de bebidas, según los consultados:

¡A coger, a chupar, que el mundo se va a acabar! ¿ O no, mi diputado?


México/Mérida • Fernando Damián, Mauricio Juárez y Daniel Barquet

mayo 20, 2007

El regreso a los dioses*


*Por Fernando Savater para El País.


Un emperador que prefería refutar a reprimir. Una nueva edición de la obra de teatro Emperador y Galileo, de Henrik Ibsen, reproduce la figura de Juliano y el debate intelectual de su entorno con fuerza y elocuencia. Esta pieza del dramaturgo noruego es considerada como una de sus obras maestras.

Hace ahora algo más de treinta años, pasé un periodo de interés apasionado por una figura secundaria y pintoresca de la historia antigua: el emperador Juliano, llamado por los cristianos "el apóstata". Leí a diversos historiadores, empezando por Amiano Marcelino (un espíritu mucho más equitativo de lo que suelen ser los de su gremio), a latinistas, a helenistas y a bastantes literatos, porque el melancólico, desventurado y algo absurdo Juliano sólo ha tenido suerte póstuma con poetas y novelistas, como le pasó a Don Quijote. De ese batiburrillo recuerdo varios poemas delicados e intensos de Cavafis y dos estupendas novelas: La muerte de los dioses de Dimitri Merejkowsky y Juliano de Gore Vidal, quizá las mejores de sus respectivos autores. También, por supuesto, el gran drama de Ibsen Emperador y Galileo, cuya afortunada reedición motiva esta nota.

En el apogeo de mi interés, me dirigí tímidamente a quien me dijeron que era en España el mejor conocedor del emperador apóstata: don Santiago Montero Díaz, un sabio mercurial como el profesor Challenger de Conan Doyle, falangista de primera hora y luego adversario del régimen franquista. Me recibió cordialmente en su casa, con un buen Rioja a las once de la mañana, y me ofreció toda la información que podía requerir, de hecho mucha más de la que mi pasajero diletantismo precisaba. Abrumado por sus aparentemente inagotables conocimientos, le pregunté con sincero interés cuánto tiempo llevaba dedicado al estudio de Juliano. "Lo estudié bastante", comentó don Santiago, "pero ya hace años que lo he abandonado". Ante mi muda interrogación, concluyó tajante y malévolo: "Descubrí que era un imbécil".

¿Un imbécil? Más bien ingenuo, un espíritu milagrero que se pretendía racional, un pensador poco ordenado y repetitivo no tan genial como quizá supuso aunque desde luego el mejor intelectual coronado desde Marco Aurelio. Sus escritos no carecen de un interés de segunda mano (en castellano se encuentran en la insustituible Biblioteca Clásica Gredos, en traducción de José García Blanco). Razonaba con vehemencia aunque el humor no era su fuerte, como demuestra cuando quiere ejercerlo: véase el Misopogon, o sea El enemigo de la barba, discurso contra los ciudadanos galileos de Antioquía que le censuraban su desaliño capilar y a quienes él a su vez acusaba de impiedad e ingratitud. La mayoría de estos discursos de Juliano conmueven por su mismo furor polémico: ¿cuándo se ha visto a un gobernante poderoso, con facultad de vida o muerte sobre sus súbditos, dedicado a polemizar con ellos cuando le incomodan en lugar de suprimirlos físicamente? Dedicarse a refutar en lugar de a reprimir es impropio de un emperador consciente de su rango: y la verdad es que Juliano, aunque castigó en ocasiones a los cristianos más levantiscos, prefería comportarse como teólogo antes que como gobernante. Sin duda ésa fue su perdición.

La gran obra de Ibsen (grande en el sentido de estupenda y de enorme) no es verdaderamente una pieza dramática, pues ni siquiera en tiempos de su autor hubiera podido representarse convenientemente, por culpa de su desmesurada duración y sus innumerables personajes. En realidad el destino de Emperador y Galileo es el salón de lectura, no el escenario. Lo cual no disminuye la fuerza expresiva de muchas de sus escenas concebidas para las candilejas: Ibsen hablaba "en teatro" sobre lo que le interesaba, hasta cuando no escribía propiamente obras representables. La figura de Juliano y el debate intelectual de su entorno son reproducidos en estas páginas admirables con fuerza y elocuencia que no decaen. A mi entender, la introducción de Aguirre Romero -que no carece, todo lo contrario, de información relevante sobre el pensamiento de Ibsen y sobre el propio Juliano- es demasiado declaradamente apologética: resulta poco sostenible convertir esta obra en un enfrentamiento entre cristianismo y poder terrenal, con el consiguiente premio final al primero sobre el segundo. El conflicto que Ibsen retrata es más complejo y de más ambigua resolución.

A fin de cuentas, el problema de fondo no es la apostasía o el paganismo de Juliano, sino su irreductible cristianismo. El emperador quiere regresar a los dioses muchos aunque declarando obligatoria hacia ellos la devoción excluyente y abolicionista de otros cultos que introdujo el monoteísmo cristiano en el campo de lo religioso. El cristianismo inventó la fe, y Juliano apostató de los dogmas cristianos pero no de la fe, que trató de revertir en el politeísmo. Sin embargo el tiempo de éste como religión imperial ya había concluido y su pretensión quedó flotando como algo insatisfactorio, incluso ridículo: no se podía ya ser a la vez "creyente" y "pagano". ¡Qué sugestiva e inactual resulta la lectura de esta poderosa pieza del gran dramaturgo escandinavo! Aunque, pensándolo bien... ¿inactual? Quizá no tanto como nos apresuramos a creer.

mayo 19, 2007

Estación Pantitlán

Suena un como claxon y se cierran las puertas. En el vagón vacío del Metro va un darketo y una chica fresa, ataviada con faldita de mezclilla y playerita color plátano. El convoy arranca su recorrido.

Darki (acercándose): Qué.
Chica Fresa (haciéndose chiquita): …
Darki: ¡Qué!
Chica Fresa: Nada.
Darki: Ya ¿no? qué. Qué onda (se aproxima más, las manos al pantalón, se rasca en los bolsillos).
Chica Fresa: Oye no. No te toques eso.
Darki (la mano fuera, señalando un rincón): Vente acá ¿no?
Chica Fresa: Que qué. Qué te pasa. Mi novio está en la estación que viene. (Extiende el brazo derecho haciendo, coqueta, un gesto de detente). Vete. Más te vale. ¿Okey?
Darki (cogiéndola del brazo): Hazte pendeja.
Chica Fresa (forcejea, coqueta aún): Pues qué. Así es esto (se desembaraza de él y se señala a sí misma con el dedo índice). Será cuando yo quiera. ¿Ajá?
Darki: Un tratito ¿va?
Chica Fresa: O sea, cómo que un tratito. Mírate. Y mírame a mí. O sea: no. Ene o.
Darki (soltándola, sólo para pensar un poco): Cuánto.
Chica Fresa: Ya no hago eso.
Darki: ¿No?
Chica Fresa: No. Punto.
Darki: Cuánto.
Chica Fresa: No te alcanza.
Darki: Y tus amigas.
Chica Fresa: Hoy no.
Darki. Hoy no, hoy no. Cuándo no.
Chica Fresa: Bueno, bajando vemos. Pero ni te acerques. Conmigo no.
Darki: Quién es tu novio.
Chica Fresa: Pero qué güey eres. ¿Yo, novio? O sea, jelou.
Darki (advirtiendo el enfrenón del convoy): Aguas y la cagas como siempre…
Chica Fresa: ¿Verdad? Qué tal se te puso esa vez. Que grito y que el súper darketo se orina del susto.
Darki: Pus ya te dije, mamacita.
Chica Fresa: Mamacita. Qué naco.
Darki: Pero qué tal mi pito. Chido.
Chica Fresa: Estaba borracha, pusiste mierda en la bebida.
Darki (abriéndose las puertas en una estación vacía): Hoy también se hace.
Vámonos.
Chica Fresa: Yo no.
Darki: No te hagas.
Chica Fresa (mientras se oye la voz femenina del Metro: Estación Pantitlán): Yo no. Sólo veo. A ver ellas qué dicen.

Salen y arranca el convoy. Vacío.

Qué le vamos a hacer

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Desde chico tenía ganas de escribir un diario, o algo así. Pero era cosa de niñas. Este blog es lo menos afeminado que encontré.

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