El blog de Luis Frías

abril 01, 2007

La inasible mística de San Juan de la Cruz. Un acercamiento al "Cántico espiritual"*

*Texto publicado en el número 142 de la Revista opción, del Instituto Tecnológico Autómo de México.


Hay una poseía más angélica, celestial y divina, que ya no parece de este mundo, ni es posible medirla con criterios literarios, y eso que es mas ardiente de pasión que ninguna poesía profana, y tan elegante y exquisita en la forma, y tan plática y figurativa como los más valiosos frutos del Renacimiento. Son las Canciones espirituales de San Juan de la Cruz… Confieso que me infunden religioso terror al cotarlas. Por allí ha pasado el espíritu de Dios, hermoseándolo y santificándolo todo.
Fray Luis de León.

1. HACIA LA SEMILLA. Cántico espiritual.

El Cántico espiritual es un poema de largo aliento, aunque no tanto como otros que lo precedieron y muchos que lo han sucedido en los Siglos de Oro. Escrito durante la estancia de San Juan de la Cruz (1542-1591) en la cárcel de Toledo (1577-78) a los 35 años , el poema describe la búsqueda del alma hacia la unión espiritual con Dios. Lourdes Penella Jean describe los tres peldaños (tradicionalmente llamados vías) para acercarse a Dios, de los cuales es el último el que atañe a San Juan y a la poesía mística toda: una primera vía, purgativa , consiste en la purificación y el apartamiento del pecado por medio de la oración, la penitencia y la meditación. Otra vía, iluminativa , es la ascensión del alma purificada al verdadero conocimiento de la bondad y hermosura de Dios. Y la última vía, unitiva, es la más alta y consiste en el total abandonamiento del alma a Dios, “el consumirse por completo en el amor divino” . El alma de la Esposa arde en deseos de unirse a Él en matrimonio espiritual; alma y Dios; esposos amados. No obstante ser el que buscan, este último grado no logra cabalmente ser expresado por los místicos, a decir de ellos mismos.
La composición del Cántico espiritual fue lenta y saltuaria, en tiempos más o menos distantes, y al aire de experiencias que presionaban al artista y, antes, que conmovían al creyente San Juan de la Cruz.
Según el testimonio más fehaciente, el poeta redactó en la cárcel toledana las primeras 31 canciones: “Sacó el santo Padre, cuando salió de la cárcel, un cuaderno que estando en ella había escrito…” y las canciones o liras que dicen “A donde te escondiste” hasta que dice “Oh ninfas de Judea” . Con la experiencia como fondo: decía que “en aquel tiempo le hacía hecho nuestro Señor mercedes en mostrarse a su alma, y ora se le ausentaba y escondía, dejándole afligido y desconsolado” .
Amén de las pistas religiosas de los que conocieron en persona al santo, hay información sobre las fuentes en las que se habría inspirado para escribir el Cántico. Dámaso Alonso , en el siglo pasado, explicó con gran acierto que los antecedentes literarios inmediatamente reconocibles en la obra de San Juan se bifurcan en dos, en “sendas”. Una viene de la tradición culta, de Juan Boscán, Garcilaso y Fray Luis de León, poetas a lo divino, o sea versificadores cuya obra tendía, casi igual que la del santo, a parangonar lo mundano con lo espiritual, en su búsqueda por alcanzar la perfección del alma, la iluminación, aunque todavía no la unión —que vendrá con Santa Teresa y San Juan . Otra senda de búsqueda es la castellana, que comprende tanto elementos populares como del cancionero.
Paso por paso desenhebremos el asunto. “La lira, estrofa pagana de Garcilaso, se espiritualiza en fray Luis, se diviniza en San Juan”. Dámaso Alonso apoya su afirmación en ejemplos como éste, donde el verso

¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado!

de san Juan de la Cruz, semeja en mucho a los plañidos:

¡Oh miserable hado!
¡Oh tela delicada!
¿Dó está la blanca mano delicada?...

de Nemoroso. Proporcionadas por Dámaso Alonso, sobran muestras de la vertiente que viene de Garcilaso y encuentra lugar en nuestro poeta. No vamos a ocupar nuestro espacio en enumerarlas. Mejor veamos otros ejemplos que prueban la importancia de la traducción que hizo fray Luis de León del Cantar de los cantares en la literatura de San Juan de la Cruz.
Antes, empero, mencionaremos unos comprobados influjos que se hallan presentes en San Juan, así en el Cántico espiritual como en la Llama de Amor viva o en la Subida al Monte Carmelo, los poemas mayores de San Juan . María Rosa Lida ha vuelto a tratar las relaciones entre Garcilaso y San Juan de la Cruz. La expresión de la Llama

rompe la tela desde dulce encuentro

es muy próxima a otras de la Égloga primera y de la segunda:

… este velo
rompa el cuerpo…
… do se rompiere
aquesta tela de la vida fuerte…


Otros pasajes del poeta toledano parece como que se reflejan en el Cántico espiritual. He aquí el “prado de verdura”. En Garcilaso:

Ves aquí un prado lleno de verdura
… preséntanos a colmo el prado flores
y esmalta en mil colores su verdura…


En el Cántico:

¡Oh prado de verduras
De flores esmaltado…!

He aquí ahora la “espesura”, “el agua pura”. En Garcilaso:

Ves aquí una espesura,
ves aquí un agua clara…
… en esta agua que corre clara y pura…

En el Cántico:

… domana el agua pura
entremos más adentro en la espesura…

Ahora sí Fray Luis de León y su traducción del Cantar. De él podríamos mencionar las mismas semejanzas que el santo nos manifiesta en las dilucidaciones que hace verso por verso en las 39 estrofas de la primera edición —y 40 de la segunda y definitiva—. Pero ¿no vale más dejar el tema para otro capítulo adelante, entero? Así lo creo. Mientras tanto, la tradición castellana a que se refiere Alonso: lo popular y lo relacionado en estricto sentido con el cancionero.
Hay que ser perito en exquisitas nimiedades de la literatura, para que no pasen inadvertidas esas pequeñas pero decisivas semejanzas entre la tradición anterior al Cántico y el Cántico mismo. Este glosar a lo divino del que hablamos con Juan Boscán y Garcilaso, aparece también en la tradición novelística de caballerías y, en general, en toda la tradición literaria previa al santo toledano. Álvarez Gato es una muestra; toma el cantarcillo popular:

Quita allá, que no quiero
falso enemigo,
quita allá, que no quiero,
que huelgues conmigo.

y lo resuelve así a lo espiritual:
Quita allá, que no quiero,
mundo enemigo,
quita allá, que no quiero
pendencias contigo.
También encontramos en fray Iñigo de Mendoza, dirigido al Niño Jesús, el siguiente estribillo:
Eres niño y has amor,
¿qué farás cuando mayor?
Ésta ya es una primera pista de la evolución poética de las letras en castellano hacia la literatura mística. Siguientes ejemplos confirmarán la orientación de la literatura hacia el misticismo, como éste del indispensable y preclaro Garci Sánchez:
Secáronme los pesares
los ojos y el corazón,
que no puedo llorar, non.

La tradición de glosar a lo divino llega hasta Lope. Un viejo cantar de vela —nos recuerda Dámaso Alonso— , cuya popularidad está atestiguada por ponerlo el autor en boca de Dorotea, en la obra de este mismo nombre,
(Velador que el castillo velas
véale bien y mira por ti,
que velando en él me perdí)
es glosado por el dramaturgo dos veces, a lo profano en Las almenas de Toro, y a lo divino en El nacimiento de Cristo. En esta cadena se inserta Santa Teresa:
Véante mis ojos,
dulce Jesús bueno;
véante mis ojos,
muérame yo luego.
Y San Juan, hablando la Esposa al Esposo:
Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta deshacellos,
y véante mis ojos,
pues eres lumbre dellos,
y sólo para ti quiero tenellos.
Esto por lo que hace a los influjos del cancionero. Todavía queda por examinar el Cantar de los Cantares. Antes de entrar definitivamente a él, precisamos adentrarnos por último en los elementos populares.
En la estrofa 32 dice la Esposa al Esposo:
Escóndete, Carillo,
y mira con tu haz a las montañas…
Piénsese en la coplilla que oyó cantar el Santo, preso en Toledo:
Muérome de amores,
Carillo, ¿qué haré?
—Que te mueras, ¡ahalé!
No hace falta explicar la relación ni de dónde pudo haber traído el Santo no sólo la palabra evidente, Carillo , sino el sentido de la estrofa entera. La tradición popular no se reduce en el Santo a tomar parte de lo que otros han escrito (síntoma nada extraño, por el contrario presente en toda la literatura), sino que llega más lejos: el poeta toledano abunda en latinajos, como en cultismos, pero no menos lo hace en expresiones del lenguaje popular —como lo hemos venido mencionando. Lo que nos importa es lo desconocido y que él imprime por vez primera: su nueva visión es la de una lírica con aliento entrecortado. Es un poeta que se contiene; vr.gr., al verso Decidle que adolezco, peno y muero , agréguesele cualquier cosa, un adjetivo. Se verá cómo tanto gana en musicalidad y sumisión a la tradición, cuanto pierde en sentido e, irónicamente, en perfección. Pero, a pesar de todas las dichas variantes que encuentran acomodo en su obra, no son ellas lo que hace de san Juan de la Cruz la excepción en nuestra poesía. Lo realmente importante, la diferencia suya, está en hacer uso del Cantar de los cantares, de origen bíblico.
Reinterpreta el santo la obra de Salomón (traducida al castellano por Fray Luis de León) y, a su juicio, le sirve de fundamento único . Por eso, como lo hemos mencionado, debemos tratarlo aparte.

1.1. INFLUENCIA CELESTIAL. Cantar de los cantares

Forma parte del Antiguo Testamento. En orden, la tradición lo coloca después del libro del Eclesiastés y antes del libro de la Sabiduría. Al lado de los escritos de Job, de Los Salmos, de los Proverbios, y del Eclesiástico, el Cantar de los cantares (Ct, en adelante) forma parte de una categoría mayor: libros “Poéticos y Sapienciales”. ¿Sapienciales?
El Cantar no. Más bien de tema amoroso. El Ct semeja en tema (¡y en qué medida también en forma!) al Cántico de San Juan de la Cruz.
En el prólogo a la primera edición del Cántico (de la segunda hablaremos más tarde), el poeta toledano se ríe, como avergonzándose de antemano, por las semejanzas que saltan a la vista entre su obra y la de Salomón:

Las cuales semejanzas, no leídas con la sencillez del espíritu de amor e inteligencia que en ellas llevan, antes parecen dislates que dichos puestos en razón, según es de ver en los divinos Cantares de Salomón y en otros libros de la Escritura divina, donde no pudiendo en Espíritu santo dar a entender la abundancia de su sentido por términos vulgares y usados, habla misterios en extrañas figuras y semejanzas.

No es preciso que el poeta se justifique con tamaña humildad: el lector medianamente avezado con la literatura bíblica hubiera advertido de todos modos el absoluto parentesco. Dejemos por sentada la tesis: san Juan echa mano de imágenes, de frases (casi versos enteros), de tiempos narrativos, en su poema, que había leído en el Ct quizás durante su estancia en prisión; y no podía ser más clara la alusión al poema salomónico, toda vez que en sus explicaciones en prosa, pegadas a las estrofas en verso, el poeta toledano explica uno por uno, el sentido de sus arreglos líricos, cuándo usando a los Salmos, cuándo a los Profetas, y cuándo más señaladamente, a los Cantares.
Son numerosas las muestras de homologías en los versos de entrambos. Así habla la Novia en Ct
¡Que me bese con los besos de su boca!
Mejores son que el vino sus amores;
mejores al olfato sus perfumes.
La Esposa del Cántico dice
… al toque de centella
al adobado vino
emisiones de bálsamo divino.
Para abundar quiero mencionar que son más claros y más fáciles de distinguir los rasgos que acercan a uno y otro poema, cuanto más fijemos nuestra atención en que los dos abordan el mismo tema: la persecución de la vía unitiva. En el Ct, la Novia busca al Novio; en el Cántico, la Esposa quiere llegar al Esposo. Sin embargo, los Cantares incluyen además la presencia de un coro y de un poeta, personajes que intervienen en la difícil búsqueda del amor por parte de ella persiguiéndolo a Él; otra cosa: la Novia de los Cantares no persigue al Novio mientras éste se aleja oportunamente, como sí ocurre en la obra del santo; digo “oportunamente” a propósito de los infiernos que queman a San Juan para justificar su poema: arde en inquietud por alejar su obra de toda posible interpretación terrenal (erótica, carnal, sexuada), no obstante que en Salomón los ejemplos sean mucho más mundanos y sí se prestan a una mala interpretación.
Quiero remarcar otra semejanza de peso entre ambos. En Salomón los versos
Te daría de beber vino aromado,
el licor de mis granadas.
aparecen apenas estrofas antes de llegar al apéndice y terminar el poema. Vino y licor son esencias que la Novia quiere convidar a su Novio, en amorosa unión. En el Cántico se lee
y allí nos entraremos
y el mosto de granadas gustaremos.
La semejanza con Ct no se reduce a que los versos de aquél y éste aparezcan al término de todo el poema, sino que llega a más: constituyen en ambas obras la invitación hecha por el alma enamorada para que el Novio (en Ct), el Esposo (en Cántico), Dios en persona , tenga a bien fundirse en amor perfecto. Son versos del señalado éxtasis que el alma siente al unirse con su Amado; pero es también un éxtasis semejante también al que poetas profanos han alcanzado cuando se refieren al amor entre amantes de este mundo, cuya más alta cima está en el acto sexual, donde las esencias todas se concentran en el coito.
Hagamos a un lado lo que el poeta toledano quiso evitar a toda costa: que se le relacionara con el erotismo, aun cuando se tratase de sano amor terrenal. No estamos autorizados para desviarnos siquiera un punto de lo que el santo quiso legarnos: la devoción a Dios a través de sus creaciones. Pero deshonesto sería dejar pasar de largo la mención: de no haber tenido las suficientes justificaciones por parte del santo, que quiso ponerlas aquí y allá en prólogos, dedicatorias y en el cuerpo mismo de la obra, me atrevo a pensar que entonces lo hubieran tenido por un poeta más o no menos grande de lo que es, que le canta al amor, a una enamorada mujer suya. A riesgo de parecer circular y falto de tesis, diré lo mismo de hace rato: no obstante ser un rasgo mil veces elogiado, no es su estilo como versificador lo que en esencia hace distinto a San Juan de otros poetas contemporáneos suyos, ni el uso de sus fuentes, salvo de una: la vía bíblica, los Cantares de Salomón. Para terminar con esto, enlistaré algunas palabras que, llevadas al extremo, en el Cántico cobran su tonalidad amorosa, erótica, profunda, inasible…, pero que con justicia pertenecen originalmente a los Cantares.
Nos dejan sin habla ciertas palabras, versos y expresiones en general del Cántico. Con todo desorden, traigo a la mente las muy acusadas: espesuras; monte; otero; adolezco, peno y muero/, apaga mis enojos/, aires amorosos/, noche sosegada/, música callada/, soledad sonora/, detente, cierzo muerto/, debajo del manzano/, leones, ciervos, gamos saltadores/, Gocémonos, Amado/, y el mosto de granadas gustaremos/, al monte o al collado, do mana el agua pura/, con la llama que consume y no da pena/ ¿A donde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido?/.
Encuentro su lugar de procedencia, en el Ct: Brincando los collados/, Mi amado es para mí, y yo soy para mi amado/, tus mejillas, como cortes de granada/ tus pechos, cual dos crías/, levántate, cierzo/, ¿A dónde se fue tu amado/, oh la más bella de las mujeres?/ Te daría a beber vino aromado/ el licor de mis granadas/. Por falta de espacio, cortaremos aquí el listado.
Tomadas de aquí y de allá, las expresiones reflejan una cercana relación entre los poemas. Vienen de la rama bíblica, espiritual, pero toman cuerpo en un poeta a lo divino que escribió siglos después de Salomón e inspirado también en Dios, sí, pero técnicamente motivado por la tradición literaria de su tiempo, preñada de amores fáciles, historias de arrebatada pasión, de cuentos de caballerías, ilusiones y del teatro burlesco. Esto, la mezcla de dos mundos opuestos, hace que literatura salomónica renazca en San Juan con un halo de modernidad. Tomo en cuenta las lecturas desde muy variadas ópticas que se pueden hacer del Cántico, y su relación con respecto al tiempo en que se origina, antes de afirmar esto: la obra resume muy a su modo, todas las corrientes literarias de su tiempo; toma lo que le conviene de todas, y también discrimina algunas, muchas.
Es también la mejor obra poética en castellano del Siglo de Oro, también muy a su modo. No obstante las muy superiores excelencias de San Juan, habrá seguramente quien prefiera a Garcilaso o a Santa Teresa, o a Fray Luis de León… ¿y por ello estará equivocado?
Habrá además quien arguya que del Cántico hay dos versiones y que eso hace titubear hasta al de ideas más firmes sobre su perfección insuperable. No se equivocan plenamente quienes así llegan a pensar; mas tampoco tienen razón. Entre una y otra edición del Cántico hay evolución. Y si embargo la primera se acomoda más al gusto de los autores que vamos a mencionar, y también al mío propio.

2. VÍTORES JUSTIFICADOS. Los dos Cánticos

Ocasión de interminables debates son las dos redacciones del Cántico. La primera tiene 39 estrofas y a la segunda el poeta toledano le agrega una más. Y las diferencias no se detienen ahí. Están sobre todo en el trueque de canciones en el cuerpo entero del poema: el orden de la primera redacción es alterado por un san Juan que mueve estrofas, agrega versos y que, si bien no intenta mutar ni mutilar el sentido del poema, cree estarle sellando una dosis de precisión que, es lástima decirlo, nunca, o casi nunca, se logra en su segunda edición.
Al escritor lo arrastra un ansia por el decir. Está escrito que de todas las ediciones, la única que le pertenece al autor es el borrador. El libro impreso es propiedad de quien lo compra, lo lee y, lo que es más, de quien lo reescribe en su imaginación. Las últimas versiones, a un pie de ver la prensa, son estilo y perfección, y en ellas han intervenido editor, impresor, paginador. A ese punto, la veta sentimental, la inspiración, ya desaparecieron; desaparecen desde que el poeta cree terminada su obra y pasa al “a ver, qué le debemos acomodar…”. La primera edición del Cántico (CA) es fiable, de acuerdo a Dámaso Alonso, quien habla basándose en datos de la Biblioteca Nacional de España. Por lo tanto, CA da cuenta del hombre San Juan. A la luz de esto, es por lo que vemos con recelo la segunda y definitiva versión del Cántico (CB). Ésta es la estrofa agregada que, a mi juicio, no le aprovecha –pero tampoco le demerita-:
Descubre tu presencia,
y máteme tu vista y hermosura;
mira que la dolencia
de amor, que no se cura
sino con la presencia y figura.

Si el azar (sabio maldito) hubiera querido desaparecer la primera versión del cántico, juzgo que tendríamos por admirable esta estrofa, como lo son el resto de las que conforman el Cántico en ambas versiones. Pero no quiso. Por eso no hallamos esplendores en éste ni en los otros trueques que San Juan practicó a su CA. Otro ejemplo: en vez del original Cogednos las raposas , escribe en CB Cazadnos las raposas. La variación otorga fuerza, pero le suprime los ligeros efluvios inasibles que logra la versión primera.
Tanto Baruzi como Chevallier y Vilnet destacan aspectos de la utilización de textos bíbliocos en CB que parecen diferir del procedimiento habitual de San Juan.

La discusión se ha centrado en los textos bíblicos empleados en CB que no aparecen en las restantes obras de San Juan, y en la frecuente omisión de los textos latinos en CB cuando San Juan afirma (ambiguamente) en el prólogo: “Llevaré este estilo, que primero las pondré la sentencia de su latín y luego las declararé al propósito de lo que se trajeren” .

El Cántico oscila entre el comentario poético y el tratado espiritual porque es mucho más extenso que los restantes poemas de San Juan y su imaginería es mucho más variada. Los comentarios en prosa tienen que poner orden a partir de un arrebato lírico. Es preciso dar la mediad de imágenes, metáforas y símbolos. El instinto del poeta ha de someterse a la estudiada reflexión del teólogo.
La mejor guía para San Juan como poeta es CA, que refleja más fielmente el impulso originario de cantar el amor divino. Pero para valorar su pensamiento, tenemos todos los motivos para volvernos a CB, ya que es aquí donde se encuentra su última palabra sobre el Cántico, la voz de una poeta que es al mismo tiempo teólogo.
Resta por explicar la metodología que hace al Cántico ser lo que es, una suerte de escalón a punto de alcanzar el cielo. Juan de la Cruz es un santo cuya pluma parece estar tocada por ángeles o, mejor dicho, por serafines borrachos de amor a punto de cometer una travesura. El estilo de San Juan de la Cruz es lo que, según nuestra hipótesis, debe dar pie que dilucidemos el fenómeno mental y espiritual al que nos eleva su lectura.


3. SE ESCAPA DE LAS MANOS. Técnica.

La Academia de la Lengua Española lo ha declarado “autoridad” en prosa, argumentando que es un autor que basta por sí solo para justificar el uso de vocablos y modos de expresión .
Aliteraciones, encabalgamientos, repeticiones… Todos vicios arraigados en el Cántico. Estos “vicios” recurrentes en San Juan, vistos bien, no son sino herramientas de absoluta valía en un poeta de profundo y entrañable misterio. Entramos en problemas al analizar más de cerca los versos que, aplicados por él, resultan magistrales giros del lenguaje y, como dijimos antes, rasgos de una escritura que no fluye, sino que cual vino de consagrar, toman cuerpo gota a gota, en un lento acumulamiento que no cede a los arrestos de ninguna pasión. Es su poesía pasión encerrada en una gota de vino, que nada más advertirla perece. No podemos saciar nuestros deseos, y sin embargo quedamos extasiados. Para averiguar el fenómeno hemos de analizar.
pasó por los sotos con presura…
el silbo de los aires amorosos…
Si consideramos detenidamente, la aliteración, en un verdadero poeta, no es nunca artificio, sino un fenómeno intuitivo, profundamente ligado a la entraña de la creación. A este tipo de hallazgos corresponde sin duda
un no se qué que queda balbuciendo…
En general, la sucesión inmediata de tres sílabas que resulta molesta al oído. En este caso, tras la vaguedad de un no se qué, esa repetición indica una duda, un entrecortado titubeo, que va a complementarse, a recibir su justificación con un gerundio balbuciendo en el que cuaja la acción verbal. Este es uno de los mas, acaso el más, citado ejemplo del Cántico. No queremos dar a entender que este verso encierra la complejidad del poema entero, sino que es técnicamente, el mejor esteriotipo de la revolución poética del versificador toledano. Y que, no obstante entenderlo, estamos inermes para descifrar el profundo porqué de eso místico que nos deja balbuciendo.
“… [no hay] nada, o muy poco —admite un admirado Dámaso Alonso, tratando de explicarse por qué lo místico es místico— que explique esa sensación de frescura, de virginalidad y originalidad que nos produce su obra y que es como un delicioso oreo cuando a ella pasamos desde las de otros poetas, aun mayores de los mayores denuesto Siglo de Oro…”
No exploraremos la métrica o la relación con las literaturas de su tiempo. ¿Nos faltó ahondar en ejemplos que justifiquen nuestras aseveraciones? Pusimos nuestro empeño en traer a cuento, en describir simplemente, los rasgos salientes en el Cántico, y tuvimos que rozar algunos otros que destacan en la Llama y en la Subida. ¡Cuánto por decir nos faltó y qué limitado el tiempo del que disponemos! Si logramos rodear al menos los motivos de lo indescifrable en la poesía mística, cumplimos. Insatisfechos quedamos pues San Juan precisa mayor esfuerzo que el nuestro. El que hicimos fue un viaje de exploración a los puntos más importantes de una obra, ¡una sola!, del poeta toledano. Esto va al inicio, ya ni modo: se quiso una introducción a las razones que hacen indescifrable lo místico.

Fuentes.

Alonso, Dámaso. La poesía de San Juan de la Cruz. Ed. Aguilar. Cuarta edición. España, 1966.
Álvarez Gato, Obras, Ed Artiles, Madrid, 1928
Biblia de Jerusalén
Garci Sánchez, en el Cancionero general, de 1511, núm. 659, también en el Cancionero de Evora, Ed, Hardung, núm. 16, pero aquí anónimo.
Garcilaso y Juan Boscán, Obras. Ed Porrúa, México 1960.
Nueva bibl. de AA. EE., XIX, 15. Que era versión a lo divino de un tema profano lo sintió Menéndez Pelayo también (Antol. de poet. lír. cast. VI, 209).
Penella Jean, Lordes. Guía de Estudios. Siglos de Oro I. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad Nacional Autónoma de México; enero de 2005, pp. 59.
Relación de la M. Magdalena que, junto con una carta, escrita el 1-8-1630, envía testimonio al P. Jerónimo de S. José. BMC. 10, 323.
Testimonio de la M. Leonor de Jesús. BMC 14, 159.
Revista de Filología Hispánica, I, 1939.
Ruiz Salvador, Federico. Introducción a San Juan de la Cruz. El escritor, los escritos, el sistema… Ed. Biblioteca de autores cristianos. Madrid, 1968.
San Juan, San Juan de la Cruz. Obras completas. Ed. Sígueme. Salamanca 1992
Thompson P., Colin. El poeta y el místico; un estudio sobre El Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz. Editorial Swan, Madrid, 1985.

marzo 27, 2007

Un Congreso para García Márquez

Posted by Picasa
García Márquez, dicen, no está en su mejor forma. Las Memorias de mis putas tristes, novela casi plagiada de La casa de las bellas durmientes de Yasunari Kawabata es el argumento para sostener la afirmación. Pero ¿alguien puede renegar de El coronel no tiene quién le escriba, de Noticia de un secuestro, de La hojarasca o de, ¡por supuesto!, de Cien años de soledad? ¡Quién! Nos adherimos al homenaje que se le rinde en Colombia por sus 80 años en el marco del Congreso de la Lengua. A nosotros no nos importa las intimidades biográficas del autor, sobre las que se ha puesto demasiado y lamentable énfasis, sino las novelas y los cuentos y el periodismo que nos hereda. Hagamos a un lado la inquina que siempre, desde el inicio de los tiempos, nos despierta un viejo más exitoso que nosotros, jóvenes miserables. ¡Por lo que sentimos cuando por vez primera leímos que Aureliano Buendía dejó de existir mientras orinaba apoyando la frente en un encino! He aquí la nota de hoy en Milenio:

Gabriel García Márquez, vestido con traje blanco de lino y corbata, fue recibido con una prolongada ovación al ingresar en el recinto donde se inauguró el cuarto Congreso de la Lengua Española. Visiblemente emocionado, levantó los brazos en señal de agradecimiento. El Nobel, quien llegó acompañado por su esposa, Mercedes Barcha, y por el escritor mexicano Carlos Fuentes, fue homenajeado en la sesión inaugural.

El autor de El coronel no tiene quien le escriba se declaró complacido: “Estoy contento y estoy tranquilo porque estoy entre amigos”, dijo al entrar al centro de convenciones de la ciudad caribeña.

El cuarto Congreso Internacional de la Lengua Española comenzó ayer en esta ciudad con la participación de los Reyes de España, el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, y el Premio Nobel de Literatura 1982 como protagonista.

En el homenaje, el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, le entregó a Gabo el primer ejemplar de una edición conmemorativa de un millón de ejemplares de Cien años de soledad. “Ni en el más delirante de mis sueños en los días en que escribía Cien años de soledad llegué a imaginar que podría asistir a este acto” para presentar esta “tirada descomunal”, expresó el escritor.

El autor se mostró satisfecho por la generosidad de sus amigos y el público, entre quienes se contaban el ex presidente de Estados Unidos Bill Clinton; el presidente de Panamá, Martín Torrijos; los escritores mexicanos Carlos Fuentes, Ángeles Mastretta, Héctor Aguilar Camín y el español Antonio Muñoz Molina.

El ex mandatario colombiano y presidente de la Comisión de Honor del Congreso, Belisario Betancur, expresó en este marco su ilusión de que la ruptura de hace más de treinta años entre el escritor colombiano Gabriel García Márquez y el peruano Mario Vargas Llosa llegara a su fin. Las relaciones entre ambos novelistas latinoamericanos están “en una zona cariñosa de ablandamiento”, según afirmó Betancur.

Como se sabe, los dos escritores se enemistaron en 1976, cuando estando ambos en México el peruano derribó al colombiano de un puñetazo, al parecer por una supuesta falta de respeto de García Márquez a su esposa, Patricia.

Betancur presentó como positivo el hecho de que en la edición conmemorativa de Cien años de soledad “a cada uno de los dos escritores se le preguntó si tendría inconveniente en incluir el ensayo en la edición de homenaje”. De acuerdo con Betancur, el Nobel de Literatura dijo: “no tengo inconveniente, pero no se lo voy a pedir”. Por su parte, Vargas Llosa respondió: “no tengo inconveniente pero no se lo voy a ofrecer”.

Sin embargo, hace diez días, en Madrid, Vargas Llosa declaró que no tenía previsto asistir al congreso de Cartagena de Indias, lo cual no le impidió escribir, para la edición conmemorativa de Cien años de soledad que se trata de uno de los raros casos de “obra literaria mayor contemporánea” que todos pueden entender y gozar.


Cien años de Soledad es “el Quijote americano”: Carlos Fuentes

Durante el homenaje, el escritor mexicano Carlos Fuentes definió ayer Cien años de soledad como “el Quijote americano” y dijo que su autor, Gabriel García Márquez, “aunque piensa y escribe en español”, tiene “el rostro del mundo”.

“He leído el Quijote americano, un Quijote capturado entre las montañas y la selva, privado de llanuras, un Quijote enclaustrado que por eso debe inventar al mundo a partir de cuatro paredes derrumbadas”, señaló Fuentes al citar una carta que envió en los años 60 al argentino Julio Cortázar sobre la novela de Gabo. En el prólogo, que lleva por título Para darle nombre a América, el escritor mexicano recordó que en la carta a Cortázar se refirió a la novela de García Márquez como una “maravillosa recreación del universo inventado y recién inventado”.

“¡Qué prodigiosa imagen cervantina de la existencia convertida en discurso literario, en pasaje continuo e imperceptible de lo real a lo divino y a lo imaginario!”, agregó. La lectura del prólogo de la edición conmemorativa de Cien años de soledad, salpicada de comentarios improvisados, fue interrumpida varias veces por los aplausos de los asistentes.

Fuentes recordó en el texto que conoció a Gabo en 1962 y en ese mismo momento nació una amistad “con la instantaneidad de lo eterno”. También narró que fue testigo del nacimiento de su obra cumbre, pues lo acompañaba en 1965 rumbo a Acapulco cuando García Márquez “se transformó” como tomado por una revelación divina.

“Sin saberlo, yo había asistido al nacimiento de Cien años de soledad, ese instante de gracia, de iluminación, de acceso espiritual, en que todas las cosas del mundo se ordenan espiritual e intelectualmente y nos ordenan: ‘Aquí estoy. Así soy. Ahora escríbeme’ ”, expresó.

“Hoy comienzan los próximos cien años de Gabriel García Márquez, empieza también el primer día del próximo lector de Cien años de soledad”, agregó Fuentes, en referencia a la edición conmemorativa de la novela, también llamada “edición popular” por su precio cercano a los 10 dólares.

Hacer feliz a “un lector inexistente”

García Márquez manifestó que nunca ha hecho otra cosa en su vida que escribir historias para “hacer más feliz la vida a un lector inexistente”.

Para ello, dijo, ha tenido como “único arsenal” dos dedos y 28 teclas. “Sólo sé que desde que tenía 17 años, y hasta la mañana de hoy, no he hecho cosa distinta que levantarme temprano todos los días, sentarme frente a un teclado para llenar una página en blanco o una pantalla vacía del computador, con la única misión de escribir una historia, aún no conocida por nadie, que le haga más feliz la vida a un lector inexistente”, expresó.

Comentó que si se unieran los lectores de Cien años de soledad se formaría “uno de los veinte países más poblados del mundo”. Hizo un recuento de las dificultades económicas por las que pasó su familia residente en México y a punto de publicar Cien años de soledad, y dijo que sobrevivió gracias a la inteligencia de su esposa, Mercedes Barcha.

Un documental estrenado en la sesión solemne recordó lo dicho varias veces por el único Nobel colombiano: “en la verdad de mi alma no soy nadie ni seré nadie más que uno de los dieciséis hijos del telegrafista de Aracataca”.

Cartagena de Indias, Colombia/Agencias

marzo 22, 2007

Efrén Rebolledo y "Caro victrix". El diablo y su creatura.


Efrén Rebolledo




Posted by Picasa



A Ramsés Salanueva



Reflexionar sobre eros y sus poderes no es lo mismo que expresarlo;
esto último es el don del artista y del poeta:
Sade fue un autor prolijo y pesado,
lo contrario de un gran artista.

Octavio Paz



Para el filósofo español Ramón Xirau, la primera traba al hablar del poeta Marco Antonio Montes de Oca, es que resulta imposible clasificarlo bajo los mismos argumentos que se emplean con sus compañeros de época. “A pesar de haber nacido en 1932, pertenece a una generación no muy unitaria por cierto, de quienes empezaron —empezamos— a escribir en serio por los años de 1944 (Jaime Sabines, Rosario Castellanos, Tomás Segovia, Jaime García Trepes, Rubén Bonifaz Nuño, Manuel Durán, por sólo citar algunos nombres)” . Recuerdo esto de Xirau sólo para hablar de otra idea también suya: Montes de Oca es inclasificable porque su creación primigenia no vio la luz en una sola revista, como las otras generaciones (El hijo pródigo, Taller, Barandal, Contemporáneos, Revista Moderna), sino en varias. ¿No es acaso una razón bastante flaca? El poeta de principios del siglo XX mexicano Efrén Rebolledo (1877-1929) es la mejor de las pruebas.

Colaborador —con José Juan Tablada, Amado Nervo, Luis G. Urbina, Ramón López Velarde, Salvador Díaz Mirón y otros— de la Revista Moderna que fundó Jesús E. Valenzuela, la obra de Efrén Rebolledo cobra realce no gracias a unas fuertes ligas con sus contemporáneos en lo que hace a la temática de sus apuestas literarias, sino por la cosa opuesta: marcó su raya con respecto a los amigos de generación y penetró en el aún virgen mundo poético del erotismo. Formalmente es otra cosa. En su primera etapa (fines del XIX e inicios del XX), todos los modernistas se valieron de recursos poéticos semejantes; de metáforas que recuerdan los salones festivos del rey francés Luis XV cuajados con ricos tapices y pedrerías exóticas, el colorete en las mejillas, las mujeres de imponente voluptuosidad, etcétera. Como teniendo esto en cuenta, un considerable estudioso de Rebolledo, Allen W. Phillips, entiende el “ismo” del modernismo en su sentido más amplio: epocal. Como una “una actitud”, y “una tendencia general que abarca toda una época histórica”, como “un renacimiento moderno” . Así arranca José Juan Tablada (1871-1945) sus Poemas de juventud (1892-1900):

Como un diamante sobre el terciopelo
de un joyelero de ébano sombrío,
abandona tu amor sobre mi hastío
la diamantina claridad de un cielo .

Con este estilo un joven Amado Nervo (1870-1919) concluye el poema “A Leonor”:

Tu alma recogida, silenciosa,
de piedades tan hondas como el piélago,
de ternuras tan hondas...
Pero hay algo,
pero hay algo más hondo aún: ¡tu ensueño!

Y sirva como última muestra el tercer cuarteto que Salvador Díaz Mirón (1853-1928) incluye en “A Gloria”:

Vanas son las imágenes que entraña
tu espíritu infantil, santuario oscuro.
Tu numen, como el oro en la montaña,
es virginal, y por lo mismo, impuro .

De Rebolledo, el primer poema publicado fue “Medallón” en 1896 , cuya primera estrofa

(Es un cáliz intacto su boca,
roja y húmeda flor que provoca
a los besos, su cuello un pistilo
de azucenas, y en nieve escultada
su perfecta nariz delicada
causa celos a la Venus del Milo.)

se trata de un sexteto cuyos primeros cinco versos son de diez sílabas y el postrero, un endecasílabo; de los endecasílabos se valdrá con marcada preferencia en su obra poética venidera, ajustándose en grado extremo a las reglas del soneto clásico y del verso alejandrino italiano. Con “Medallón” nuestro poeta accede por la puerta de oro al mapamundi de las letras mexicanas. Pero no es sino en ocasión de las exequias ofrecidas al diplomático Emilio Castelar y Ripio en 1899, cuando Rebolledo acaricia una primaria pero sólida fama. Declama un poema que llama la atención de asistentes y críticos pero que, sin embargo, nunca va a recogerse en un libro . En “Marcha fúnebre” hace gala de su gran memoria al brincar de los héroes griegos a los latinos lo mismo que a las leyendas españolas, y con la naturalidad de quien nombra a sus amigos, expone las hazañas del Cid, Pelayo, Schumann, Haydn, Wagner, Figueras. Más que ensalzar la vida de Castelar y Ripoll, está dando por inaugurado el lujo y oropel que usará por siempre: y se afirma autoridad del endecasílabo.

Allá marcha la fúnebre teoría:
los hombres
cubiertas las cabezas de cenizas,
y sueltas como lúgubres crespones
las largas cabelleras, las mujeres
inundando la sombra de clamores.
Todos llevan antorchas en las manos
que agitan como trágicos pendones,
y narcisos —el símbolo del luto—
y dolorosos álamos y bojes
que lloran el dolor de su perfume
en el ánfora negra de la noche…
(“Marcha fúnebre”, fragmento inicial)

Así y todo, de los modernistas la historia literaria se ha hecho cargo de mantener a Rebolledo en las sombras. En los estudios incluidos en crestomatías y antologías, a menudo se hace referencia a él por la vereda fácil (aunque cierta) de tacharlo de poeta erótico. ¡Claro, nada menos! Inauguró el erotismo en la poesía mexicana —a José María Facha (el modernista desconocido, según Ignacio Betancourt ) lo tengo por un precursor nada más, no cultivador del género. Mas se prefiere subrayar la obra de un José Juan Tablada heredero del japonismo -tanto como lo fue Rebolledo-, o de Salvador Díaz Mirón, cuyo verso ligero y directo, sin embargo, no alcanza los confines que la recurrencia sensual de Rebolledo logra cuando dirige sus impulsos hacia las pasiones entre el hombre y la mujer. No se trata aquí de ensalzar a nadie, ni de descargar baldones sobre ningún poeta. Pero una cosa: justicia es pasar revista a Rebolledo con los menos prejuicios posibles.

***

Sugiere Octavio Paz que el concepto de sensualidad tiene dos resonancias: inquietud y seducción. Ambas se cumplen en la primera etapa de nuestro modernista; antes de que aparezcan sus versos eróticos. Una justa evaluación del Rebolledo reclama señalar, con Carlos Montemayor y otros tantos que, con ser excelente, su obra no se encuentra por encima de los demás modernistas:

Insistir en el modernismo de Rebolledo es insistir en ciertos aspectos de Rebolledo que son extremadamente modernistas, anacrónicos o menores; insistir en el erotismo, en cambio, puede ser útil a condición de que no se vean como opuestos una perspectiva (lo erótico) y una técnica y estilo (el modernismo), puesto que no están en el mismo nivel de significación ni de dominancia.

Y concluye:

Comparar la poesía modernista erótica o sexual de Rebolledo con la poesía erótica o sexual de otro modernista, podría darnos, ahora sí, el valor real de nuestro poeta (o de otros poetas).

De tal suerte, Rebolledo no representa más que una joya entre las amatistas, rubíes y zafiros que son los otros modernistas. No es un poeta mayor si lo batimos contra Tablada o Nervo. El rasgo saliente está en otro territorio, uno como éste: donde el exagerado pulimento de sus versos raya en lo digno de un estudio freudiano. No se cansa de corregir sus composiciones, aun cuando ya vagan por el mundo en forma de poemarios. Otra cosa: Rebolledo se halla apenas a lo largo de esta primera etapa, en el sensualismo del que habla Paz, prueba a inquietarnos y seducirnos. Sus obras tempranas apenas si son atisbos de lo que vendrá. En 1902 aparece su primer poemario, Cuarzos, que refleja ya el exacerbado modernismo que todos los críticos le achacan. Pero tal vez lo único que le achacan… A riesgo de rehacer el camino andado por muchos otros, con Cuarzos yo también detengo la vista en la excursión que nuestro poeta emprende hacia un anfractuoso atrevimiento, el de imitar a los clásicos adrede, como retándolos. ¡Valiente proeza! El poema “Saudades” empieza preguntando a la manera de Lope

¿Do estays, fieles amigos, novia pura,
que no habeys contestado mis clamores,
vosotros, que sabedes mis dolores,
ella que me premió con su ternura?

Fiel a su numen estilístico preferido, recargado de evocaciones a la exhuberancia, el vate publica dos años más tarde Hilo de Corales. Se pueden elogiar varias cosas, o parar mientes en las felonías de otras. Sus “Burbujas de Champagne”, por ejemplo, con dedicatoria a “una vieja cortesana” representan el poema más lamentable (no sólo de esta colección: ¡de toda su obra!): tan perfecto en su construcción como reprochable en el fondo. En su descargo manda a la prensa cuatro años más tarde, en 1907, su poemario Estela. En esta colección incluye “El Soliloquio en el espejo”, poema en prosa cuyo asunto exige detenernos. Lo haremos más adelante. El mismo año sus primeras Rimas japonesas llaman la atención lo mismo de la crítica especializada que del lector pedestre. Le llueven elogios por todas partes. Tras meterle mano aquí y allá, Rebolledo relanza en 1915 la versión corregida de Rimas japonesas. Las mejoras valieron la espera. Empieza la ascendencia de Rebolledo y también de Tablada, precursores del japonismo, estilo que media entre la sensualidad que mienta Paz y el erotismo pleno por el que será laureado Rebolledo. Pero, ¿japonismo?

Un desvío biográfico despejaría las dudas. Nuestro erótico prestó sus servicios diplomáticos a la embajada de México en Guatemala, Colombia, España, Noruega y Japón. Tablada, aunque anduvo un derrotero bien distinto antes de llega a esas geografías, también fue a dar al país del Sol Naciente. De hecho fue el primer modernista que viajó hacia el Oriente, enviado por la Revista Moderna para escribir y enviar periódicamente desde allá su interpretación cultural en una serie de crónicas titulada “En el país del sol”.

Si la condición del etnógrafo es producir textos a partir del encuentro con el sujeto o cultura que se estudia, la labor del literato modernista también demuestra tal exigencia. Es decir, este último, enviado como intérprete cultural al Oriente, se enfrenta ante la necesidad de “producir,” de inscribir su encuentro con un Otro.

Araceli Tinajero pone casi el dedo en la yaga acerca del nuestro poeta en Japón. Aceirta con el resto, no con Rebolledo. Ni Tablada, ni Gómez Carrillo, ni Rebolledo, ni Arturo Ambrogui…, hicieron de turistas despistados en la nación del saké. Se vieron arrastrados —como que eran poetas— a elucidar su nueva condición de habitantes latinoamericanos en un paraje diametralmente opuesto a su realidad habitual. Tinajero casi da en la yaga. Si Tablada consigue penetrar en los hondos secretos del destellante verso oriental, Rebolledo no hace sino continuar usando hasta los confines de Oriente los instrumentos tan preciados por él, pertenecientes a su queridísimo modernismo. Al Japón no hace más que describirlo, ora con los sonetos, ora con los nocturnos que usaba desde sus primeras creaciones. Indefectiblemente, usa de alegorías a la luz, a la cristalería oriental, al maquillaje de las gueshas… Tablada logra llegar, ay, mucho más lejos que Rebolledo. Admite Paz:

[…] entre los primeros en ocuparse de arte y literatura japoneses se encuentran, a principios de siglo, dos poetas mexicanos: Efrén Rebolledo y José Juan Tablada. Ambos vivieron en Japón, el primero varios años y el segundo, en 1900, unos cuantos meses. […] A pesar de que Rebolledo conoció más íntimamente el Japón que Tablada, su poesía nunca fue más allá de la retórica “modernista”; entre la cultura japonesa y su mirada se interpuso siempre la imagen estereotipada de los poetas franceses de fin de siglo y su Japón fue un exotismo parisino más que un descubrimiento hispanoamericano. Tablada empezó como Rebolledo pero pronto descubrió en la poesía japonesa ciertos elementos —economía verbal, humor, lenguaje coloquial, amor por la imagen exacta e insólita— que lo impulsaron a abandonar el modernismo y a buscar una nueva manera .

Rebolledo se carteó un tiempo con el general Bernardo Reyes, padre del polígrafo Alfonso Reyes. El 29 de diciembre de 1907 envió desde Japón una misiva acompañada de su nuevo trabajo, Rimas japonesas. Pero fue Alfonso el primero en llegar a casa.

Al anochecer me encontré sobre la mesa de trabajo de papá un nuevo tomo de Efrén Rebolledo preciosamente impreso, con monos japoneses, papel japonés, etc., y ¡perfumado de sándalo! ¿Pero los versos? Los versos no los hizo el impresor, los hizo Efrén. Por supuesto que en ese tomo lo japonés es la edición y ciertas palabritas que hay en los versos, v. g.: Kimono (que está citado en todos), kakemono, obi, guesha, etc. Pero el espíritu de aquella raza, de su mucho de arte, de sus tradiciones, ¡nada! Defecto propio de Gautier .

Aunque Rebolledo comienza a ser tomado en cuenta con mayor seriedad con sus poemas japoneses, no será verdaderamente laureado antes que aparezcan los doce sonetos de Caro Victrix (“Carne victoriosa”, en latín). ¡Qué título! Nada que ver con sus anteriores y recargadas publicaciones que las antologías, crestomatías y críticas de nuestros tiempos, digamos inteligentemente, hacen siempre a un lado. Esto es otra cosa: el triunfo del placer más bajo, el de la carne, por arriba de cualquier otro desenfreno. Lujuriante título, gran tino, un ducho Rebolledo hizo que las palabras cobraran vida y se convirtieran en serpientes incitantes. Quizá eso explique que, en sentido estricto, la historia de las letras mexicanas hayan decidido quedarse nada más con estos doce sonetos -verdaderas joyas- de Rebolledo, echando en el olvido buena parte de su creación.

***

Rebolledo le debe su fama a Caro victrix, el tomito que publicó 1916 y cuyo eje toral estriba por supuesto, en lo erótico. Después de él no hay antología en nuestra lengua que se tome la licencia de pasar por alto algún soneto de los que contiene este tomo. Una aparición celebrada grandemente: Rebolledo ponía de cabeza ciertos principios que andaban por ahí muy presentes en la sociedad en la que el rey tras el trono seguía siendo Porfirio Díaz. El pequeño tomo resquebrajó, literariamente, la paz porfiriana que rumiaba en la moral de entonces. De esa etapa, de hecho, no tenemos noticia de serenos comentarios sobre el ejemplar; al contrario, abunda el silencio. Sólo más tarde llegaron, llovieron, los elogios. Muchos años después en La poesía de Efrén Rebolledo, famoso texto de Villaurrutia, éste dice que

… pasa Efrén Rebolledo a expresiones de íntimo erotismo que no necesitan veladura alguna y que se realizan en la forma estricta del soneto. Nacen así los doce poemas de Caro victrix que son los más intensos y, hasta ahora, mejores poemas de amor sexual de la poesía mexicana. Es entonces cuando el poema de Rebolledo no es ya como una joya sino una joya…

Tablada escribió que la nota erótica de Rebolledo

no ha alcanzado ni más alto ni más suntuoso diapasón en toda nuestra lírica. Algunos de sus sonetos son como esos camafeos de museo secreto, donde el asunto se olvida ante la jaspeada belleza de la materia y de la técnica maravillosa del gliptógrafo.

Más para acá, entrados nuestros años, opinó Carlos Montemayor en uno de las escasísimas críticas juiciosas, pero sin inútil veneno, que se han generado a partir de Caro victrix:

La perspectiva del erotismo nutre toda su obra, pero la nutre abriendo varias coordenadas que trataré de enlistar. La soledad de la memoria carnal. La solitaria memoria del deseo y de la imagen femenina en el lecho del hombre. La descripción morosa, pura, de las caricias y los besos sobre la desnudez del cuerpo femenino. La risueña y dolorosa imagen del viejo que sólo recuerda, como fauno, los días pasados en que asaltó a náyades desnudas. La coincidencia mística y sensual. Un cierto masoquismo… La separación de los amantes. El amor de la mujer como un abismo que devora, su abrazo en que el deseo y el peligro se unen. El amor de la mujer lesbiana. El amor de la mujer religiosa. Finalmente, con el que termina Caro victrix, el amor sensual y su espasmo como una puerta o un velo que al rasgarse muestra la noche humana hundiéndose en la soledad individual e intransferible de la vida .

Antes de opinar yo, pongo dos esencias del poemario. En primer término, los dos tercetos del soneto “Posesión”; en seguida el famoso “Beso de Safo”:

Me diste generosa tus ardientes
labios, tu aguda lengua que cual fino
dardo vibraba en medio de tus dientes.
Y dócil, mustia, como débil hoja
que gime cuando pasa el torbellino
gemiste de delicia y de congoja.
(“Posesión”, fragmento)

Más pulidos que el mármol transparente,
más blancos que los blancos vellocinos,
se anudan los dos cuerpos femeninos
en un grupo escultórico y ardiente.
Ancas de cebra, escorzos de serpiente,
combas rotundas, senos colombinos
una lumbre los labios purpurinos
y las dos cabelleras un torrente.
En el vivo combate, los pezones
que se embisten, parecen dos pitones
trabados en eróticas pendencias,
y en medio de los muslos enlazados,
dos rosas de capullos inviolados
destilan y confunden sus esencias.
(“El beso de Safo”)

A la incontestable aseveración de Montemayor, añadamos que esta poesía erótica tiene ligas inquebrantables con las filias y fobias más profundas del temperamento de Rebolledo. Nacido en el pobrísimo valle del Mezquital de Hidalgo, de raza otomí, su rostro poseía los rasgos y el color propios de la etnia: cara asimétrica y piel bastante morena. Por si fuera poco, Santiago Procopio (nombre original de Rebolledo) era estrábico. Pero ¿en dónde está la relación fealdad-erotismo? Durante las jornadas rebolledanas celebradas en Actopan, Hidalgo, Andrés Henestrosa sugirió que son precisamente los feos los más propensos a desfogar sus íntimas pasiones mediante la poesía de más desesperadas reverberaciones carnales, perversas, sexualmente incorrectas. El poeta actopense Ramsés Salanueva sostiene que la fealdad de Reobolledo, la pobreza perenne y una más bien mediocre carrera diplomática, fueron labrando en Rebolledo el cuadro psicológico de un esquizoide (alguien tanático, de sentimientos profundos). “Lo consume su desesperación sexual. Pero se declara amante de la belleza” . De ahí que “El Soliloquio del Espejo” resulte la mejor fotografía del alma de Rebolledo. El poeta desnudo frente a sí mismo, sin reclamos ni felicitaciones. La comunicación consigo mismo, sin interferencia de estilos ni preocupación por la formalidad. Ahí el valor de este poema, en que el poeta se reconoce amputado de algo muy profundo, inefable, al tiempo que atado a una camisa de fuerza que es su forma corpórea, su fealdad que aquí no es ficción literaria, sino pasta de verdad.

Soy, dice,

una falsificación, una superchería; soy una copia mal sacada, un burdo y desmañado remedo de un original que se me antoja es una fuente o un río que reflejan las frondas y las nubes, las estrellas y el cielo azul, y que aljofaran las odorantes cabelleras de las ninfas y ciñen sus formas cándidas, y que no son paralíticos ni mudos, sino que cantan, corren y prorrumpen en sollozos.

Ninguna trascendencia tendría la vida de Rebolledo aquí, si no fuera porque su referente poético mejor acabado es de signo erótico. La trabazón entre la existencia de un ser humano descontento, serio hasta la comicidad como lo era, con los instintos eróticos más finos de que la literatura mexicana guarda recuerdo…; tal la fascinación de todo lector al encontrarse con Rebolledo. Era en suma, según lo recuerda Luis G. Urbina, un diablo por culpa de cuyos infiernos interiores —¡y exteriores!— logró su cometido sólo a través de los versos.

… por bajo la tela deslumbradora de un erotismo avasallador, se estremecía un soplo de dolorosa fatiga, de pavorosa inquietud. El ansia de placer estaba mezclada de amargura. Era un hombre atormentado, descontento, el que enseñaba el lado triste y sombrío del impenitente pecador.

La ventaja del Diablo sobre Dios es una principalmente: que logra lo que quiere, aunque se gane el odio de la generalidad. Procede con subterfugios para no ser visto; y por lo bajo, en la oscuridad, hace del hombre lo que quiere. Rebolledo fue el Diablo, cuya creación, erótica en su caso, quedó clara en Caro victrix. Lo que su fealdad le impidió, la literatura se lo regresó con crecidas ganancias. La obra de Rebolledo puede resumirse en eso. El escritor, sin embargo, no se conformó y sus alcances llegaron a los dominios de la narración.

Mucho menos reconocida que su poesía (de la que sólo se toma en cuenta la erótica), está su prosa. También escribió una obra teatral de giro histórico, azteca, El águila que cae. Únicamente a su narrativa se ha dedicado, como tema de estudio, Allen W. Phillips. En su discurso de bienvenida a la Academia Mexicana de la Lengua, leyó unas hojas dedicadas a la ¡prosa artística de Efrén Rebolledo! Su mérito está en internarse en un camino inexplorado, virgen. Durante su lectura en 1971, dijo a propósito de las novelas El Enemigo, Nikko, Salamandra, Hojas de Bambú y Saga de Sigrida la Blonda (ninguna de las cuales escapa a la tradición modernista bienamada por nuestro vate):

… parecen se pretextos para bordar exquisitos fragmentos en miniatura, crear atmósferas o meras sensaciones, con frecuencia perversas o malsanas. Poco le interesaba la narración directa de hechos novelescos, y a menudo la marcha de la obra se interrumpe o se fragmente en efusiones poéticas. A veces el novelista se detiene en la recreación de ambientes pintorescos o costumbres exóticas, especialmente del lejano Oriente. Sus personajes son típicos de la novela modernista: unos tipos raros, elegantes y refinados, con frecuencia artistas vistos en su vertiente decadentista.

No quiero terminar sin advertir que todas las ediciones de la obra de Rebolledo carecen de un trabajo inédito que se encuentra en manos del investigador hidalguense José Félix Meneses Gómez –a fragmentos de cuya obra hago referencia en este ensayo. Se trata de unas estampas que Rebolledo escribió durante su estancia en Madrid, donde perdió la vida y descansan sus restos. De acuerdo con el propio Meneses Gómez, Visiones es un cuaderno con 30 poemas breves, “totalmente inéditos conservados con celo y con orgullo por su hijo Efrén Rebolledo Blomkvist, durante siete décadas, allá en la lejana Oslo” . Aquí las tres conocidas hasta ahora por medio del opúsculo Efrén Rebolledo, poeta sensual. ¡Ojalá las treinta lleguen a ser libro, o algo!:

Muchedumbre en las grandes ciudades
De sol, de arrojo y frenesí beodo,
El pueblo se enardece en las corridas
Y holgando en los cafés, lenguas pulidas
Con donaire y con calor hablan de todo.
(“Madrid”)

Las calles son estrellas
En los templos se empapan las miradas
Del hechizo enigmático del Greco
Y corta con su cauce el campo seco
El Tajo en que se templan las espadas .
(“Toledo”)

Colores y arabescos en míticos derroches,
Espléndido palacio de Las mil y una noches,
Albercas y jardines en insólita frescura
Marmóreas columnatas bajo arcos de herraduras
Espectros de mujeres de ardores de Maoma (sic)
¿Qué mucho llorara cuando perdió Granada
El moro que no supo guardarla con su espada?
(“La Alambra”)


marzo 18, 2007

Anoche

1. Pasillo vacío de un edificio. De noche. Se arma de valor, respira profundo y llama a la puerta. La rubia lo espera del otro lado.
-¡Chango, cabrón! ¿Ya viste la hora, cabroncito?
-Que sea rápido, ¿para qué me quieres? Llevo prisa. –se lleva la mano derecha al bolsito del pantalón. Extrae una cajetilla de cigarros Montana, enciende uno.
-¿No me ofreces? –le alarga la mano él, ella le arranca la cajetilla y se la guarda entre los senos.- No fumo, changuito, ya lo sabes, tontolín.
-Dime qué quieres.
-Ven –tomándolo de la mano desaparecen pasillo adentro.

2. Los codos a la mesa ambos, están en la enésima ronda de cervezas. Ya es de madrugada, hay música techno a bajo volumen. Ella habla del trabajo. Él la escucha sin pronunciar palabra. Sus ojos tropiezan con los pechos de ella tensados bajo la playerita azul.
-Puta. ¡Sigues buenísima! No mames.
-¡Chango! Cógeme. No sabes cómo te extraño. Cógeme, ya.
Como niños extraviados en el bosque que corren a abrazarse, los labios se encuentran en una sincera pasión. Rueda la cervecería sobre la tabla. Se pierden escaleras arriba.

3. El Sanborns está lleno. Es de mañana. A la mesa una mujer llamativa lee Cosmopolitan; da un sorbo a la taza y otea el lugar. Acude él a su encuentro.
-¿Por qué tardaste tanto, amor? ¡Mira esas ojeras! Bebiste.
Él la calla a besos. El rostro descompuesto. Se siente culpable.

marzo 08, 2007

La encuesta invisible


¿Qué pensar sobre nuestro querido Peje, cuando las pruebas de una cierta doble moral en su actuar saltan a la vista? ¿Dónde quedó el espíritu bondadoso del que tanto cacaraqueó? Pero, lo más grave, ¿no que todos los intelectuales estaban de su lado? Ya ven que no. Bastó con que el maestro Carlos Tello Díaz publicara su dizque revelador reporaje Dos de julio, para que los archipejistas pegaran el grito en el cielo. En su presentación no lo dejaron hablar, interumpiéndolo con "mueras" e imprecaciones como los famosos chingatumadre. ¿De qué lado estaba la intolerancia, Kimosabi? He aquí un texto de Ricardo Calluela Gally a propósito de esta porquería:

Un falso debate se ha apoderado de la opinión pública mexicana desde que hace una semana Carmen Aristegui convocara en su programa de radio por televisión, valga la inconsistencia, a Carlos Tello Díaz y Federico Arreola para debatir sobre el libro del primero, titulado 2 de julio. Tres cosas destaco, a ritmo de blog:

Primera. El libro de Tello Díaz es una meritoria reconstrucción periodística de cómo vivieron esa jornada sus principales protagonistas (Calderón, López Obrador, Madrazo, Ugalde, Televisa…), la cual permite tener una visión de conjunto de esos hechos cruciales y ofrece una sistematización de toda la información relevante que ha circulado desde ese día hasta hoy. La tensión narrativa del libro está obviamente basada en la forma en que cada actor político se informó de los resultados de la elección y en cuáles fueron sus reacciones.

Segunda. El asunto por discutir era si efectivamente López Obrador, como afirma Tello Díaz, había reconocido, ante su círculo rojo, que había perdido la elección. Arreola, con sus conocidos modales esperpénticos, nunca reconducidos por Aristegui, y con un énfasis sospechoso, negaba el aserto. Y Tello Díaz, crecientemente incómodo ante los embates de búfalo herido de Arreola —que por primera vez en su trayectoria de “periodista independiente” se equivocó de ganador—, se mantenía en su verdad, reservándose simplemente el nombre de su “garganta profunda”, praxis normal en el periodismo y una de las claves de muchas revelaciones. Sin embargo, ante el manoteo de Arreola, y su incontinencia verbal y gestual, Tello Díaz perdió los nervios y reveló que su fuente era el propio Arreola, para, luego de una pausa publicitaria, desmentirlo de inmediato. Vaya momento. ¿Pudo efectivamente Federico Arreola ser el que contara la infidencia, pero bajo amenaza de demanda si se publicaba o se daba su nombre? Los arcanos de una mente como la suya son inescrutables.

Tercera. El falso debate. A los pocos días, José María Pérez Gay, valioso novelista, certero crítico de los Khmer Rojos y agudo lector de la literatura en alemán de Centroeuropa, amén de consejero internacional de López Obrador y testigo de esa jornada, negaba en la prensa las afirmaciones de Tello Díaz y a partir de ahí, la polémica. El problema es que la afirmación de López Obrador es, a estas alturas, indemostrable, ya que se trata de la palabra de uno contra la del otro. Lo significativo, por el contrario, es que 2 de julio demuestra de manera inobjetable que López Obrador tuvo acceso a no menos de diez encuestas, de distintas casas, que le daban empate o derrota desde la tarde misma de la elección (datos después confirmados por el PREP, la encuesta de resultados rápidos del IFE y por el conteo distrital), y que pese a ello, prefirió creer sólo a la única que lo ponía por delante, la que él mismo financiaba, y que incluso ésa, contra lo que afirmó a la mañana siguiente en la televisión, también lo ponía en desventaja en el corte de la una y treinta de la mañana. La clave es que un candidato llevó al país al borde del estallido social, deslegitimó nuestras costosas instituciones electorales –y su legislación, que costó sangre, sudor y lágrimas– y cometió el fraude del fraude, sin más argumentos que la fuerza de su voluntad y la certeza moral de su victoria, nunca confirmada por la dura, triste, reaccionaria e insolente realidad.

Coda
Mark Twain decía que cuando la mentira ya lleva una vuelta al mundo, la verdad aún se está calzando las botas. Cuando la denuncia de la liebre López Obrador sobre la pérdida de tres millones de votos del PREP (pese a estar en un archivo de inconsistencias acordado por todos y visitado asiduamente por el PRD) era ya portada de la prensa nacional e internacional, y dañaba de manera irreversible la credibilidad de la elección, la tortuga Ugalde aún discutía la forma más adecuada de contestarle. Y así nos fue.

- Ricardo Cayuela Gally

marzo 06, 2007

Serie Fray Tormenta, un luchador persinado

Posted by Picasa
Posted by Picasa
Posted by Picasa
Posted by Picasa
Posted by Picasa

febrero 27, 2007

La Guerra Fría, según yo


Aquí vamos a definir rasgos salientes de lo que experimentaron unos Estados Unidos de después de la segunda guerra mundial y de plena Guerra Fría librada contra la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Pero antes delineemos el marco de la propia URSS contra quien ocurrieron las hostilidades, si bien no armadas:
Con la debilitación de las fuerzas liberales en Europa Occidental, inició la búsqueda por un sistema ideológico y de acción que satisficiera las necesidades entre la sociedad de un continente cuyo espíritu se encuentra en lucha interior. En Francia el liberalismo sucumbió al triunfar. Los motivos defensivos sustituyeron a las razones ofensivas en la lucha política cotidiana; sólo en la relación Iglesia-Estado se mantuvo cierta unidad de las fuerzas liberales. En Italia se reflejan con mayor claridad las sombras del declive liberal; después de una victoria absoluta del constitucionalismo liberal, surge un sistema parlamentario de marcado carácter oligárquico, proceso que fue fomentado por la no-intervención de los católicos en la vida política de la joven nación italiana, impuesta por el Papa. En Alemania ocurre un proceso distinto, pero su culmen se asemeja al de las mencionadas naciones.
En el país germano la sustitución del liberalismo en los últimos decenios del siglo 19 adquirió un carácter más complejo, tanto por sus causas, que dable es pensarlas desde la política sembrada por Bismarck, como por sus consecuencias, entre las que destaca el establecimiento de un gobierno nacional-socialista apoyado en las teorías matizadas por interesarse en la ideología alrededor de un estado-nación. En el ámbito político, el movimiento liberal se escindió en dos grupos: los nacional-liberales, que aceptan en principio la constitución bismarckiana, y por el otro lado los progresistas, que se consumían en su oposición intransigente, cayendo en un doctrinarismo de principios.
En Rusia el desarrollo del liberalismo fue todavía más accidentado y desfavorable. El liberalismo ruso, con encontrarse en franca minoría frente a las masas populares, pudo apuntarse en la revolución de 1905 una victoria de prestigio frente al régimen autoritario zarista, pero no lo suficientemente sólida como para influir en el curso de los acontecimientos. Pero no fue lo suficientemente sólido como para influir en el curso de los acontecimientos. Desde 1907 su actividad política se limitó a protestas impotentes en los zemstvos y en la Duma. Estancados los hechos, el clima de desigualdad social, sin embargo, era propicio para el florecimiento de las ideologías más extremas.
Un Lenin o una Rosa Luxemburgo opinaban que un día la constante expansión de las fuerzas productivas y la demanda de productos industriales llegaría a un punto muerto. Era opinión muy extendida ésta: que había que prepararse para alguna eventualidad. Y el gobierno, antes que nadie, debía tomar un papel decisivo en el curso de los acontecimientos que estaban por venir.
Pero fueron motivos económicos los que contribuyeron a la exacerbación de las pasiones imperialistas de la época, en la medida en que iban unidas a expectativas y ambiciones políticas de matiz nacionalista. Sólo en la encrucijada de las rivalidades nacionalistas, el capitalismo moderno empezó a desarrollar rasgos imperialistas. Siguiendo las huellas del social-darwinismo pronto surgen las teorías racistas acerca de la superioridad de los “pueblos nórdicos”, y que reavivaba viejos odios a los pueblos esclavos, esgrimiendo razones de naturaleza racial.
A esto se vino a unir el advenimiento de la idea imperialista según la cual el Estado debe guardarse de intervenir en asuntos de economía, pues ésta debe seguir un desarrollo de acuerdo a su propia naturaleza, sin intervenciones del exterior que pueden perturbar su feliz desarrollo. La bandera liberal en la economía, claro, pronto fue rechazada con enérgicas muestras de molestia, por los grupos que, con base en las teorías marxistas, engelsianas, leninistas y aun bakuninistas, querían un desarrollo a favor de los amplios sectores sociales, en desprecio de las élites. Incluso, fuera del terreno de lo político, la tendencia a modos de pensar irracionales se mostró aún más aguda. La cáustica crítica que formuló Goerge Sörel contra el racionalismo y el intelectualismo “abstracto” de la cultura burguesa de su tiempo, es un síntoma muy significativo de los cambios que se operaban en la conciencia intelectual y política de Europa a fines del siglo 19. Aquí es donde debemos hacer un alto para decir lo siguiente.
Basado en el reprochable reporte de ganancias económicas repartidas entre los sectores sociales más desprotegidos, así como en la fuerza que tomaban las teorías políticas encaminadas a la movilización social, el zarismo ruso sentó las bases para un gobierno aparentemente en línea con los principales anhelos del pueblo. Pero, esto lo digo con Alain BesanÇon , el régimen soviético escapa a las definiciones y clasificaciones de corto alcance, puesto que, con todo y su evidente apego a los métodos de lucha marxistas más reaccionaros a despecho de todo método socialdemócrata, se constituyó, sin embargo, en un complejo armado estructural que dio pie a que ocurriera lo que conocemos como el régimen soviético. Citado por BesanÇon, Raymond Aron propone cinco puntos que definen al fenómeno totalitario soviético:
1. La devolución de la actividad política a un partido de monopolio.
2. La presencia deuna ideología que articula al partido y a la que éste confiere una autoridad absoluta, de manera que se convierte en la verdad oficial del Estado.
3. Para difundir esta verdad, el Estado se reserva el monopolio de los medios de acción y de los medios de persuasión.
4. La mayor parte de las actividades económicas y profesionales están supeditadas al Estado y se convierten, en cierto modo, en parte del propio Estado.
5. Desde el momento en que todo es actividad de Estado y en que toda actividad se pliega a la ideología existente, un error cometido en una actividad económica o profesional es, automáticamente, un error ideológico

Vistos bien, los puntos nos obligan a repensar el método de trabajo del régimen soviético. ¿Es definible con la palabra totalitarismo? ¿O hay más cosas dignas de notar en su envés? Las definiciones parten de totalitarismo, pero pasan por oligarquía y monarquía, hasta llegar a un término más acabado, ideocracia (también mencionado por Aron) o logocracia, o simplemente régimen ideológico. Para no seguir más en esto, concluiremos que desde la dificultad para definir al régimen ruso se revela la complejidad que entraña inmediatamente su estructura de funcionamiento.
Hacia 1895 parecía inminente la victoria del socialismo marxista sobre sus rivales ideológicos en Europa. En todos los países -por ejemplo, Italia, Suiza, Hungría, Polonia y Suecia- surgieron durante los años 90 partidos socialistas, mientras que la influencia de los grupos anarquistas disminuía con premura.
En la Segunda Internacional, celebrada en Francia, se impuso avasalladoramente la primacía de la ideología marxista-socialista por encima de toda corriente de pensamiento que corría a la sazón. Sin embargo, la socialdemocracia alemana se impuso a los partidos más tarde, una vez llevada a cabo la Segunda Internacional. Esta iniciativa alemana abrigaba un programa ideológico que rechazaba cualquier compromiso con los partidos burgueses, aunque en realidad ni ella misma se atuviese a él.
La combinación de entusiasmo revolucionario teórico y conservadurismo ideológico, unido al inmovilismo en el terreno de la política práctica, que sobre todo caracterizaba a la social democracia alemana, también aparecía en la otra cuestión que en los años anteriores a 1914 preocupaba apasionadamente al movimiento obrero: el problema de la huelga política. Por ejemplo, la huelga política de Italia en 1904. Ésa mantuvo en vilo a todo el país durante catorce días y cambió radicalmente el ambiente político, aunque sus resultados fueran de momento bastante desfavorables para el movimiento obrero.
La doctrina sindicalista era en esencia de lucha nacida directamente de la profundidad de la oposición de clases, y no como el socialismo de tendencia marxista en un sistema político elaborado previamente. Por esta razón el sindicalismo ejercía una fuerte atracción sobre los trabajadores franceses. Se puede afirmar que la doctrina sindicalista se mantuvo únicamente en los países ibéricos, relativamente poco desarrollados.
Rosa Luxemburgo y Lenin son los gestores del movimiento ruso. En la Europa de 1905, ambos dirigían su movimiento en la absoluta clandestinidad. De ahí que Lenin comprendió la urgencia de que se transformaran los desarrollos de su movimiento, se transformaría en una “organización de revolucionarios profesionales” dirigida autoritariamente (por personas como él, digamos). Y en el momento en que todas las luchas estuviesen dirigidas por manos más o menos rígidas, como la suya, entonces se estaría en condiciones de combatir al zarismo.
En el congreso del partido socialdemócrata ruso de 1903, Lenin impuso grosso modo su estrategia revolucionaria. Sus oponentes en parte hubieron de resignarse; fueron vencidos en las votaciones. Este “memorable cisma dentro del movimiento socialista ruso” dio pie a la denominación de los frentes bolcheviques (mayoritarios) por contraste con los mencheviques (minoritarios). En el mismo congreso, Lenin promovió una resolución oficial que proclamaba la instauración de una “dictadura del proletariado” como la meta fundamental de toda lucha socialista, aunque de momento había que enfocar como objetivo perentorio la realización de la revolución burguesa.

Ésta era la URSS contra la cual unos Estados Unidos aupados económicamente debieron hacer frente en la segunda guerra mundial de 1939-45, y después, durante el largo y tirante periodo conocido famosamente por su nombre de Guerra Fría.

Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, todos los órdenes de la vida moderna se alteraron. Desde las relaciones de política internacional hasta el modo de vida de los habitantes de los suburbios. Destaca la cuestión femenina: como unos 14 millones de estadounidenses sirvieron durante las asonadas bélicas, terminadas las cuales unos 10 millones pasaron a integrarse a la masa laboral del trabajo civil. También científicamente, la guerra trajo consigo consecuencias. Nació la Office of Scienntific Research and Development, cuya función era coordinar los proyectos de investigación del material de guerra, mediante el establecimiento de acuerdos con universidades y demás áreas del saber cuya labor podría aprovechar a la carrera armamentística del gobierno.
Y al revés de lo que un juicio sano nos haría pensar. Digamos que la guerra demostró la vigencia de los principios ideados por Keynes durante la depresión de 1929, y según los cuales el gobierno debía regular en ciertos aspectos al mercado. Pero esto se hallaba en contradicción con la política de libre mercado tan publicitada por los EE UU. Pero las lecciones de guerra no podían hacerse a un lado, y forzaron a muchos de los antiguos oponentes al keynesianismo a adoptar la diea del gasto deficitario; si el gobierno podría gastar un total de 320 mil millones de dólares en tiempo de guerra parecía razonable que pudiera invertir una fracción de ese gastazo en tiempo de paz a fin de garantizar el pleno empleo y la prosperidad permanente (Paul Adams: Los Estados Unidos de América). El Congreso aprobó la ley sobre la regulación de empleos que sancionaba el gasto deficitario y reconocía la responsabilidad del gobierno para prevenir el paro masivo.
Las cifras demuestran que los resultados de esta medida se pudieron comprobar pocos años adelante. En 1950 un tercio de la población total se había beneficiado de uno u otro modo, por ejemplo del programa de asistencia para veteranos. Para el obrero industrial el logro inmediato fue la creación de puestos laborales. La cifra de asalariados en 1940 era de 54 millones; en 1945, de 64 millones (Adams: op. cit.). ¿Por qué? El periodo de posguerra reclamaba una gran masa de trabajadores para la gran obra de reconstruir un país que había invertido muchos esfuerzos en la guerra. Así que el excedente de plazas laborales y la insuficiencia de trabajadores para llenarlas, hizo que en este periodo crecieran los salarios y, en seguida, el nivel de vida de las masas.
Hubo igualmente una modificación en el patrón de vida en las ciudades y en el medio rural. Cambiaron ambos porque sus pobladores se mudaron de uno al otro medio. Las ciudades vieron cómo crecían de forma considerable: a lo largo de la guerra unos 5 y medio millones de personas pasaron del campo a la urbe; y una de cada 10 personas se mudó de vivienda de un estado a otro de la Unión Americana. También la vida de las familias se modificó: si el padre tenía que irse a trabajar lejos, las familias se desintegraban. En seguida, la niña que daba embarazada del hijo del vecino. Y por inmaduros, renunciaban al matrimonio, y terminaban divorciándose. Por supuesto que los niños salieron mal parados de la guerra. También la escalada en la prostitución fue tema de primeras planas en los diarios. Muchas mujeres pasaron a ser meretrices. Pero muchas otras hallaron mejores oportunidades.
Tres millones de mujeres, que en circunstancias normales habrían permanecido en sus hogares, loa abandonaron para ir a trabajar; el número de mujeres empleadas pasó de 12 a 16 millones, que paulatinamente fueron desempeñando tareas tradicionalmente reservadas a los hombres: laboraban en talleres, siderúrgicas, fábricas de aviones y astilleros, y varios millones se alistaron en los cuerpos femeninos de las fuerzas armadas donde prestaron servicios auxiliares, pero no por ello menos esenciales. También persistió la discriminación, que lentamente (acaso demasiado) fue diluida sólo mediante la salida a escena de personalidades como Martin Luther King, estadounidense de origen africano que encabezó manifestaciones públicas en rechazo de la discriminación que sufrían personas de su misma condición racial. Al Congreso y a los industriales discriminadores no les quedó menos que reconocer algunos derechos de los conciudadanos de ascendencia negra. Pero tampoco podemos sostener que las cosas variaron mucho ni ejemplarmente. Prueba reciente de ello es el racismo de George Bush Jr. cuando el huracán Katrina. El gobierno se mantuvo agazapado, sin intervenir. Después se supo que Baby Bush no quiso actuar oportunamente. El huracán había azotado a los estados sureños, cuya población es primordialmente negra… Pero para efectos de este ensayo, nos interesa más de momento la cuestión económica en EE UU, que se teñía de rarezas.
En los Estados Unidos aparentemente se pasó de la guerra a la paz mediante un proceso indoloro. Y es que hubo una veloz conversión de la producción de material de guerra a la de material de consumo. Mayor importancia reviste el alto índice de consumo registrado en estos años. El número de automóviles vendidos no tiene precedentes en la historia de ningún país. El gasto del Estado y el consumo de la población crecieron escandalosamente: esa fue la causa de los siguientes problemas, entre los cuales el máximo fue la inflación. El Estado tomó medidas estrictas. El Congreso había previsto lo peor y desoyó al presidente Truman y sus propuestas, y aprobó la ley Taft-Hartley, inspirada en gran medida en la legislación vigente durante la guerra, en virtud de la cual se declaraban ilegales los closed shops, es decir la obligación de que todos los trabajadores de una fábrica se afiliaran a un sindicato; se obligaba a los sindicatos a respetar un plazo de sesenta días de enfriamiento antes de ir a huelga, se exigía la publicidad de la contabilidad de los sindicatos y se les declaraba personas jurídicas, responsables ante los tribunales (Adams: op.cit.)
Estados Unidos pasó de ser una potencia en crecimiento, a la principalísima potencia. Esa fue la principal consecuencia mundial de la guerra, porque dejó a Europa (¡un continente entero!) el poco honroso segundo lugar. Los Estados Unidos concentraban en 1945 tres cuartos del capital invertido en todo el mundo y de la capacidad industrial. Así que sólo EE UU podía llenar el vacío político que dejó a su paso la guerra en Europa y en el mundo enterito. “Pero los americanos carecían de una visión clara de lo que significaba su nuevo papel, por lo que transformaron el anticomunismo dentro y fuera de fronteras en una ideología, surgiendo así la Guerra Fría”.
Para la versión ortodoxa de este acontecimiento, la actitud americana fue la respuesta del hombre libre a la expresión y agresión comunistas. A su vez, la tesis “revisionista” sostenía que el gobierno americano abandonó deliberadamente la política de colaboración con URSS, rechazó la noción de esferas de influencia en Europa Oriental y trató de imponer el estilo de democracia americano con el fin de aumentar su propio poder político. En fin, ambas partes desconfiaban de su contrario. En medio de su relación había un gran recelo mutuo.
Rusia, debilitada por la devastación de la guerra y más preocupada por su seguridad que por la expansión, temía que América se empeñara en una política de dominación ideológica y militar; los americanos, y la mayoría de sus aliados europeos, pensaban que URSS pretendía la ruina del capitalismo y la imposición del comunismo en todo el continente. Este temor sirvió de base para el enfriamiento de los lazos binacionales URSS-EUA. Para colmo, Truman declaró que los Estados Unidos debían apoyar a todo país amenazado por las presiones comunistas. La URSS era comunista; y también ofreció apoyo pero a todos los que quisieran rebelarse contra el yugo de cualquier nación. El encontronazo de discursos, sin embargo, no pasó de eso, de ardorosos discursos en un principio. Pero enseguida pasó lo contrario. No cabe duda que estas diferencias ideológicas aparentemente menores, cobran relevancia cuando las vemos a distancia. Los Estados Unidos eran la nación del consumismo, del güero panzón paseando por las calles, a despecho de toda ideología social; mientras que la Unión Soviética se había arrogado de motu propio el papel de defensor de las naciones oprimidas; y esto de oprimidas era achacable casi siempre a los panzones Estados Unidos. Diferencias de aspecto menor eran el eje de la más ardiente rivalidad.
Con Eisenhower, conservador, el rumbo futuro se antojaba distinto, ya porque suavizaría las de por sí duras relaciones con la Unión Soviética, ya para tomar la decisión que cambiara el rumbo de las cosas de una vez por todas. Quienes así pensaban, estaban equivocados.
Nada más llegar a la Casa Blanca, Eisenhower prometió un gobierno democrático, o conservador moderno. ¿Era entonces conservador o liberal? A lo que su Congreso se opuso enérgicamente. El presidente no capituló a sus promesas, no completamente. Trabó una inusitada relación de estrechez entre gobierno y empresarios; esto no era nuevo, mas sí la cantidad y calidad de las relaciones que Eisenhower puso a despecho de otras. Aquí la relación Congreso-Presidente se hallaba nivelada.
No así cuando su segundo mandato. Iniciado éste, el presidente sometió al Congreso un programa que incluía subvenciones a los agricultores, más carreteras construidas con ayuda federal, fondos federales para educación y vivienda, ampliación de la legislación sobre seguridad social y el perfeccionamiento de la legislación laboral. También apoyó las medidas a favor del depauperado campesinado estadounidense. Eisenhower comulgaba con la idea de no luchar con el régimen soviético; esto entre los ortodoxos de su país era visto con ojos de lobo enfurecido.
En 1953, una vez finalizados los problemas bélicos en Corea e indochina y la muerte de Stalin, con esto último el nombramiento de un nuevo dirigente soviético, Niñita Kurchev, el mundo empieza una época de deshielo, para decirlo con Roger Stourzh Gerakd en La Guerra Fría. Emergen iniciativas para una convivencia pacífica pro parte de los dos bloques, la tensión se reduce y las relaciones entre estados de diferentes bloques se suavizan.
La guerra fría, podremos concluir rápidamente, fue un periodo significativo para la humanidad. Hubo unas relaciones tremendamente tirantes, las dos superpotencias querían controlar ellas solas el mundo y había el peligro de una tercera guerra mundial. Ahora el mundo entraba a una etapa de “coexistencia pacífica” como eufemísticamente se le conoce, que de pacífica no tuvo nada. En esta etapa de paz sucedieron conflictos como el de Vietnam.
Pero los Estados Unidos pasaban por un proceso interno, más acá de sus líos internacionales. El país se transformaba en algo desconocido por sus propios habitantes. No así por sus gobernantes. A esto nuevo se le llamó pentagonismo. ¿Relacionado con el pentágono, la casa blanca y los hombres de traje, cuyo aspecto inspira las peores de las desconfianzas?
Más o menos. En todo caso, se trata de una situación relacionada con cómo producir mucho dinero por medio de nuevos procedimientos financieros, militares, económicos globales… Es un sistema tan nuevo que hasta el imperialismo es un concepto que se queda corto. No es difícil de explicar.
El capitalismo ultramoderno ha encontrado en sí mismo la capacidad necesaria para elevar al máximo los dos términos del capitalismo que se ponían en juego en la etapa imperialista. Sus formidables instalaciones industriales, operando bajo condiciones creadas por la acumulación científica, pueden producir materias primas antes insospechadas a partir de materias primas básicas y a costos bajísimos; estas nuevas materias primas han permitido ampliar a cifras fabulosas las líneas de producción y con ello han hecho del subproducto la clave del beneficio mínimo indispensable para mantener una industria funcionando, de manera que los beneficios obtenidos con los productos principales se acumulan para ampliar las instalaciones o establecer otras nuevas, y el resultado final de ese proceso interminable es una productividad altísima, nuca antes vista en la historia del capitalismo (Juan Bosch: El pentagonismo sustituto del imperialismo).
El pentagonismo guarda parentesco con el imperialismo. Pero no explota a colonias conquistadas, explota a su propio pueblo. ¿Cómo es esto? El pentagonismo realiza la colonización de la metrópoli pero como para colonizar a la metrópoli hay que hacerlo con el mismo procedimiento militar que se emplea para conquistar una colonia, los ejércitos metropolitanos son lanzados a hacer la guerra contra otros países. Pero aquí no para la cosa. Las hordas de soldados son lanzadas no para conquistar territorios, sino posiciones de poder. Lo que se busca no es establecerse en tierras cuya materia prima vale menos que un cacahuate, sino tener acceso a cuantiosos recursos económicos que se movilizan para la producción industrial de guerra. De aquí se sigue que la metrópoli pentagonista convierte a su propio pueblo en su mejor colonia; es a la vez metrópoli y colonia, en una simbiosis imprevista.

Qué le vamos a hacer

Mi foto
Desde chico tenía ganas de escribir un diario, o algo así. Pero era cosa de niñas. Este blog es lo menos afeminado que encontré.

Todos mis post