El blog de Luis Frías
octubre 12, 2007
Malacara
Apachurrando el botón aquí, pueden leer un avance de Malacara, la próxima novela de Guillermo Fadanelli que aparecerá este octubre, según anunciaron sus editores de Anagrama.
octubre 06, 2007
¡Discutir, discutir, discutir!
Un mero encontronazo de ideas entre un escritor y un embajador, pronto se tornó un pleito de marchantes. El representante diplomático de Venezuela en México, Roy Chaderton, contestó a un artículo publicado por Carlos Fuentes, en donde el novelista había puesto a Hugo Chávez al lado de Mussolini y Hitler. Fuera de sus casillas, el embajador se abalanzó sin miramientos: “Los superhéroes se caen”, dijo en una conferencia. “Este personaje abandonó la región más transparente, sufrió un cambio de piel, ahora tiene el aura de converso, y en su avanzada senilidad ha terminado convertido en un gringo viejo”. Patético juego de palabras con los títulos de algunas obras de Fuentes. Ahora bien, el conspicuo miembro del Boom, alardeando su condición de gran literato, infligió otro juego de palabras grotesco. “El embajador Chaderton tiene nombre de pescado, de clapedide osificado, con cabeza dura, rabo amarillo y cola homocerca. Bien pensados: quiero decir sin columna vertebral: sábalo”. Lo dicho: un debate cualquiera, que acabó en una fabulosa gritería de mercado.Como no sea en los mundillos culturales, es cada vez más inusual que debatan los intelectuales mexicanos. Las salvedades más recientes que me vienen a la mente son Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska y Enrique Krauze. Por mencionar sólo personajes salientes del establishment. Puedo ver a los dos primeros, además de Sergio Pitol, en el templete al lado de López Obrador, leyendo discursos en contra de la derecha durante las elecciones de 2006. Krauze, del otro lado, es un exitoso defensor del orden de cosas establecido. Con estas excepciones, el silencio de la intelectualidad mexicana ha sido lastimoso. Fuentes incluido. Para no ir lejos, en Hidalgo no tengo noticia de escritor alguno que critique al gobierno, siquiera que lo cuestione. ¿Un silencio acomodaticio?, o bien, ¿temor a decir una torpeza? Me recuerda las asambleas de los Locrios. El que acudía a presentar una idea ante la asistencia, debía llevar sujetada la cuerda alrededor del cuello, de manera que, si al cabo de su explicación no había conseguido la aceptación unánime, no se perdía mucho tiempo en los trámites para colgarlo y cerrarle el cogote.
Desde los griegos hasta los días que corren, la libertad ha sido el blanco de las opiniones más variopintas. Pero quizá ningún otro terreno como la filosofía para hablar de ella. Filósofo predilecto de psicólogos, Erich Fromm habló de la libertad como de cualquier otro derecho al que la humanidad ha preferido renunciar. Por cobardía. O sea: no se tiene el coraje para arrostrar las consecuencias de actuar sin ataduras. Hacia 1859, en contraste, John Stuart Mill publica Sobre la libertad. El libro es dos cosas: un minucioso análisis y un compendio de estrategias, cuyo objeto es que el hombre alcance un aceptable nivel de libertad. Pues bien, hace la sugerencia de prestar más atención a la opinión contraria que a la propia. Lo sabía Cicerón, el mejor de los oradores. Al momento de debatir en público, había estudiado mucho más las razones de su oponente que las suyas propias. Ahora bien, recomendación cuya rareza entristece, es la de ser originales, excéntricos. “La suma de excentricidad en una sociedad ha sido generalmente proporcional a la suma de genio, vigor mental y valentía moral que ella contiene”. La excentricidad hiere los oídos de otros derechosos, los calvinistas, amigos del status quo para quienes todo lo que no es obligación es un pecado. Ahora bien, exhorto de mayor envergadura es el de discutir, polemizar hasta la diabetes, minuto a minuto. “Que la unanimidad de opinión no es deseable a menos que resulte de la más completa y libre comparación de opiniones opuestas y que la diversidad no es un mal, sino un bien, hasta que la humanidad sea mucho más capaz de lo que es al presente de reconocer todos los aspectos de la verdad, son principios a la manera de obrar de los hombres, tanto como a sus opiniones”. Párrafo del siglo 19 que posee absoluta actualidad. Muchos necios se niegan a escuchar al de enfrente. Prefiero que Carlos Fuentes y el embajador se jalen de los cabellos, insultándose el uno al otro, a que guarden silencio por el temor a ser colgados como los Locrios.
septiembre 30, 2007
Premio a la razón

Creo que George Steiner siempre sale en las fotos riéndose.
Con algunas salvedades, nunca jurado mexicano fue tan acertado en sus decisiones. Jaime Labastida, Alí Chumacero, Silvia Molina, Lucrecia Lozano y Leticia Salazar, todos ellos jurados del Premio Alfonso Reyes que se entrega en Monterrey, coincidieron en lo apremiante de galardonar al crítico literario por la veta humanista que recorre de principio a fin su obra. Y es que George Steiner (París, 1929) es un humanista de cuerpo entero cuya obra no se reduce a la crítica literaria. Es mucho más. Si bien es infalible que apoye todo cuanto ha escribe en el análisis del lenguaje, Steiner abarca más de un área del pensamiento. Ha penetrado en el mundo de la filosofía y, más recientemente, en el de la crítica social, la política y la asfixiante globalidad. No cabe duda que ha enunciado ideas elementales para la vida actual. En Lenguaje y silencio, descubrió que “el crítico literario es un eunuco”. Le creo, pues ¿quién con el coraje de hacer literatura propia perdería el tiempo estudiando humildemente lo que hacen otros? Ahora bien, en el mismo libro de ensayos, Steiner afirma que el crítico tiene una función triple. Poner atención: Primero, ha de enseñarnos qué debe releerse y cómo. Ante la inmensa la cantidad de literatura y ante el acoso de lo nuevo, hay que elegir, y en esa elección la crítica tiene su utilidad. Segundo, tiene la tarea de constatar que ningún régimen político tiene el derecho de imponer el olvido o la distorsión a la obra de un escritor. Y tercero, la función más importante. Se refiere al juicio de la literatura contemporánea. El crítico tiene una responsabilidad especial ante el arte de su propia época. Debe preguntarse no sólo si el arte constituye un adelanto o un refinamiento técnicos, si añade un giro estilístico o si lo que contribuye o lo que sustrae a las menguadas reservas de la inteligencia moral. Debe interrogarse a cada instante: ¿Qué medida del hombre propone esta obra? “La cuestión no es fácil de plantear ni puede enunciarse con tacto infalible”, escribe. “Pero la nuestra no es una época corriente. Se esfuerza bajo la tensión de lo inhumano, experimentada en una escala de magnitud y de horror singulares; y no está lejos la posibilidad de la catástrofe. Sería extraordinario permitirse el lujo de guardar distancias, pero es imposible.”
Es la siguiente la idea más rotunda: “Lo que el censor y el policía le preguntan al escritor, el crítico lo hace con el libro.” Es cada vez mayor el número de críticos literarios que juzgan no tanto al libro, como al autor. En Letras libres de agosto, Rafael Lemus hace polvo Amanecer en el zócalo, el libro de marras. Una opinión que, dicho sea de paso, suscribo. El problema es otro. Entrarle duro a Elena Poniatowska, la pejeviejita de carne y hueso. “No se descubre nada”, lanza veneno Lemus, “si se dice que Poniatowska es más bien ingenua.” Juicio entendible si recordamos que Letras libres es derechosa. Pensando en Steiner, interrogo: ¡qué nos importa si la autora es esto o aquello! Ahora bien, que la Ciudad de México invente un premio con su nombre no deja de causar risa. ¿Cuánto dinero le darán al ganador? Ojalá que no sea mayor a los 600 mil pesos que en octubre recibirá Steiner.
septiembre 29, 2007
Cuestión de fe
Blaise Pascal.
Hace unos cuatro años, Miguel León-Portilla dictó una conferencia en
Pero investigadores como Eduardo Corona, del INAH, han llegado a la conclusión de que es insostenible la teoría de que
Entonces, ¿de dónde procede
Las voces más atinadas apuntan una alianza entre el propio pasado mesoamericano y
Esto, por lo que hace a la visión actual y reductora que tenemos de
De acuerdo con el cronista, se apareció durante un encuentro en Totonacapan. ¿Pero a favor de quién? Especulo: ¿Preferiría la virgen a los españoles, hijos de Dios, o a los indios, entregados a la adoración de los demonios? Lo cierto es que se
La virgen de los tontos
En El Nuevo Mundo (México, 1976), Gabriel Retes echa mano del mito de
Retes pone sobre la mesa la maniquea tesis de que los indios buenos eran sometidos por los españoles malos por la fuerza de armas y golpes. No son pocas las secuencias donde los patios de las haciendas están llenos de hombres y mujeres de piel morena que trabajan la tierra a brazo partido, mientras un capataz de piel blanca les da una tunda con el látigo. Siguiendo la hipótesis de Retes: los nativos habían dado el brazo a torcer en cuanto a la conquista guerrera, y estaban completamente dominados materialmente. De esto, es demostración insuperable la inexistencia de escenas con indios que estén alzando la voz o contradiciendo un ápice al patrón español. Ninguna cosa así. Eran sumisos. El problema es que la suya no era sumisión, sino profundo rencor. ¿No habían sido totalmente conquistados? No. Ese resabio de dignidad se alojaba en sus creencias religiosas. Los españoles no habían logrado el dominio pleno. Para conseguirlo, era preciso que los nativos abrazaran con fe ciega algún personaje religioso reconocido por
Aquí está encerrado el conflicto básico del filme. En seguida, el fraile sale corriendo hacia un taller de escultura. Se encuentra con el escultor Manuel. Estatuilla en mano, el fraile lo recrimina a golpes y gritos. El escultor jura no saber nada. El fraile responde con un mohín, y desaparece sin llevarse consigo al escultor y delatarlo ante
En el lenguaje de los guionistas, esta escena es lo que se llama la revelación. La revelación es cuando al personaje central le ocurre algo que ignoraba, y que va a cambiar su vida. Al escultor, personaje central, le ocurre algo que no sabía y que cambia su destino: descubrieron sus estatuas, pero lo perdonan. ¿Qué pasará en adelante?
El cuerpo de la historia se torna aburrido porque la estética es muy deficiente. Filmada hacia los 70 del siglo XX, la historia parece ocurrir en esa década, y no durante
Otro elemento que el lenguaje de guionistas reclama toda la atención es la “peripecia”. O sea: aparentemente empieza a solucionarse el conflicto pero, ¡todo lo contrario!, las cosas se complican aún más. Pues bien, en El Nuevo Mundo el fraile se presenta con Manuel y le propone liberarlo de la penosa tarea de hacer esculturas para una religión de la que él descree. Okey. ¡Qué peso se le cae de los hombros al escultor! Pero a cambio le pide que haga la peor de las ignominias a su fe: que pinte la imagen de una virgen que a un tiempo será reconocida por
Y tiene lugar una discusión de principios morales entre el escultor y el fraile. Gritan, discuten, gimen. Al cabo, se dan la mano y cierran el trato.
Enseguida tiene lugar lo que en la estructura de un guión se llama “clímax”. El clímax ocurre cuando la historia se resuelve. Y en El Nuevo Mundo se resuelve cuando Manuel presenta ante el fraile la pintura terminada de la virgen. Había elegido a una muchacha como modelo y se enamoró de ella, dando como resultado un retrato de cuerpo entero verdaderamente notable. Pues bien, lo presenta ante el fraile, quien lo obliga a presentarse ante los indios y pegar de gritos asegurando que se le había presentado una virgen. Como premio, le promete libertad en compañía de la india a la que retrató. Transige el indio.
Se hace todo como estaba planeado. En medio de una multitud, aparece Manuel llevando en sus manos un estandarte. Es la virgen que ha pintado. A voz en grito, desquiciado, no encuentra las palabras indicadas. Grita. ¡Ha ocurrido un milagro! Entonces ocurre el desenlace, que es una última o últimas escenas donde el clímax se esfuma y los sentimientos pierden intensidad:
Cuando al otro día el indio se disponía a marchar con su morena, le pegan un tiro. Y después, el fraile también se pega un tiro. Había traicionado su religión, a causa… de su propia religión.
Historia mata Historia
Ahora bien, es una película de ficción.
En literatura, las novelas históricas son ficciones que no tratan de suplir a la disciplina histórica. Y siguiendo con la literatura, pongo por caso al recién galardonado Fernando del Paso. Su novela Noticias del imperio habla de Maximiliano y Carlota. Antes de hacerla, el propio Del Paso ha confesado que tenía miles de fichas donde almacenaba parte de la historia del matrimonio, y sólo utilizó un diez por ciento. Lo hizo en obediencia a la estructura literaria que el propio texto exigía. “Para que el barco flote, no debe pesar tanto. Por eso tenìa que ocupar sólo el material necesario para que flotara”. De modo que no escuchó las razones del método histórico, sino las leyes de la literatura.
Pues bien, Gabriel Retes tampoco prestó atención a las reglas que impone la disciplina histórica. De hecho, las pasó muy por alto. Tan es así que el filme adolece de una investigación histórica más bien flaca.
Por ejemplo, la vestimenta en los santos de la iglesia no estaba permitida sino hasta el siglo XVIII. O bien: aquella secuencia en la que una mujer baila flamenco. Es ilógica. Este tipo de baile no se popularizó sino hasta el mismo siglo XVIII. De todo esto se desprende la idea de que Retes no hizo sino poner en juego algunos juicios y conocimientos históricos y una opinión muy personal del mito guadalupano. Y se metió a hacer una película de ficción que, por otra parte, se mantuvo censurada desde 1976 hasta 2004, año en que según la revista virtual Cinefagia, se puso a la venta por medio de grabaciones en formato DVD.
Sin prejuicios se ve mejor
Cine, censura, historia, religión. No es El Nuevo Mundo el único caso de película censurada, por contener esos cuatro elementos.
En México, el caso más reciente es el del Crimen del Padre Amaro, cinta del realizador Mauricio Carrera filmada sobre la base del guión de Vicente Leñero, que pone en tela de juicio el voto de castidad de los sacerdotes de
Hoy día, la censura eclesiástica tiene medios más refinados de combatir a sus críticos. Aunque a veces todavía se vale de esa clase de censura ciega que prohíbe proyectar películas en las salas de cine, a pesar de esto hoy reina una Iglesia que ha tratado de ponerse al tú por tú con sus críticos, dando razones de peso para sostener sus dogmas por encima de la razón. Me atrevo a decir que no conseguirá mucho con las personas con cuatro dedos en frente. Pero con las otras…
El caso es que ante la perversión civilizada de
Y recuerdo aquella tarde con León-Portilla, cuando sugirió la posibilidad de que
septiembre 26, 2007
Temor de Dios
Tan horribles como Cristo eran los santos. San Ignacio, San Francisco, San Gabriel, San Moisés, Santa Catalina, San Antonio Abad, San Policarpo. Vestían unos ropajes de terciopelo raídos por el verdín de los siglos. Estaban montados en la pared, y yo debía alzar la vista para verlos completos. Sus pies de madera vieja se habían cuarteado, la piel rosa estaba poniéndoseles amarilla. Sus manitas flacas y huesudas eran para asustar al mejor plantado. ¡Y sus rostros! San Moisés tenía los dientecitos cruelmente picados y amarillentos, la nariz era desproporcionadamente pequeña con cara redonda y mofletuda. Por ojos le habían implantado dos canicas bombochas. El cabello de estropajo rojo me sacaba de mis casillas. Era más de lo que podía soportar un niño de esa edad.
Cuando llegamos a la fila, mi madre se sentó y la imité. Se arrodilló y la imité; se persignó e hice lo mismo. Se paró y la imité. A la altura de mis ojos quedaban sus redondas caderas. Se quedaba de pie hablando sola, como toda la gente de la iglesia. Era fácil advertir que ella también imitaba a los otros, entonces yo la imité de nuevo. Se daba unos pequeños golpes en el pecho poniendo cara de que se iba a morir; yo hacía lo mismo pero le imprimía mi estilo: ladeaba la cara y torcía la boca, como pidiendo limosna. Todos se volvían a sentar y resonaba un grande crujido en toda la iglesia. Las viejas bancas de madera se quejaban de soportar los culos de tanta gente vieja y fea. En un momento, mi madre se llevó la mano a la bola y se la llenó de saliva. Después me la aplicó al cabello y me dijo:
-Ahorita que te diga, te paras y vas con el padre.
Seguramente puse mi carota de imbécil, porque agregó:
-¿Entendiste?
Sin pronunciar palabra, asentí con la cabeza y rogué inútilmente que todo fuera una broma de mi madre. Enseguida, salieron de las bocinas unas palabras que pronunciaba el sacerdote. “Felipe Frías”, oí clarito, “descanse en paz”. Entusiasmado, di un tirón a la manga del vestido de mamá. Le pregunté qué estaban diciendo de mi abuelo, y ella me puso de pie en el corredor central.
Contra mi voluntad, eché a andar hacia el frente. Cuando llegué con el padre, me tomó de las manos. Las suyas eran frías, blancas y temblorosas. Me acercó su rostro y dijo algunas palabras. Era repugnante aquello. Después me dio un beso en la mejilla. Qué asco, me picó su piel mal rasurada, y apestaba a mugre y a borracho. Perdí la razón.
Regresé a mi lugar, continuaba con la mente ida. No sé cuántas veces me volví a poner de pie y a sentarme y a imitar a mi madre en todo lo que hacía. Al rato salimos de ahí, en medio de toda esa gente correctamente vestida.
Subimos al Renault 5 amarillo. Tratábamos de salir del embotellamiento, cuando mi mama preguntó:
-¿Qué te dijo el padre Marroquín?
Recobré la razón. Sentí esa piel mal rasurada y olí el apeste del padre. No resistí y rompí en un sonoro llanto. Mi madre detuvo el carro:
-¿Qué te pasó?
Yo no articulaba bien las palabras. Ella puso cara de satisfacción:
-Es el sentimiento culpa. ¿Porque no has hecho tu primera comunión? Ya ves. ¡Es el temor de Dios!
¡Bonito temor ése de Dios!
Al cabo de los meses, me hice católico con todas las de la ley. Hice mi primera comunión, y me confirmaron. Me hicieron grabar de memoria el Credo, el Padre Nuestro que estás en los cielos, el Rosario. Y según todos, creo en el inmenso poder de Dios, pues no doy limosnas despreciables en misa. Me hice un correcto católico, salvo porque utilizo condón y estoy a favor del aborto. Pero esa es otra historia. En todo caso, si llego a tener hijos, he de llevarlos a misa a que padezcan el temor de Dios que yo padecí. Es cuestión de fe.
septiembre 23, 2007
Todos tienen la razón
A las 12 de la noche del miércoles todo Hidalgo estaba enterado. Un comando armado acribilló a Marcos Souberville González, secretario estatal de Seguridad Pública. Andaba en un recorrido de trabajo por el bello municipio de Huasca de Ocampo. Iba en su camioneta Trail Blazer blanca, en compañía de un empresario. Todo ocurrió repentinamente. Eran poco más o menos las 5 y media de la tarde. “Los asesinos buscaron cerrarle el paso”, narraba Milenio-Hidalgo al otro día. “No obstante, la resistencia del funcionario hizo que comenzaran los disparos de metralla hasta aquietarlo y quedar intacto sobre la cuneta. Uno de los sicarios bajó corriendo a rematar al conductor, para luego subir disparado y emprender la huida. Posteriormente, todo fue silencio”. En una conferencia nocturna, la alta esfera política de Hidalgo hizo las primeras declaraciones. Se enfocaron a condenar el asesinato.
El jueves fue el velorio. Después de rendir las exequias fúnebres al ex secretario, el gobernador Osorio hizo esta declaración a Plaza Juárez: “Habremos de llegar hasta las últimas consecuencias en la investigación. Iremos buscando toas las líneas que nos lleven a encontrar a los responsables de este asesinato”. Conozco a más de una persona que hace votos por ver ciertas estas palabras; y a otro tanto, que ya aventura posibles motivos del asesinato. Ahí está mi madre. Piensa que el ex secretario había entrado en tratos ilegales. No lo sé. O una investigadora que le dio clases a Souberville en la secundaria Olivares y que ahora me da clases a mí. Sostiene que era un tipo de honestidad impoluta, inteligente, brillante, incapaz de cometer cualquier crimen… En una fiesta, alguien llegó a hipotetizar que lo hicieron matar grupos políticos enemigos. El taxista que me llevó de la Central de autobuses a casa, imagina que el ex comandante había tenido cochupos con la mafia desde que dirigía a la Policía Judicial; pues, ¿quién pondría las manos al fuego algún policía judicial? Ahora bien, los propios rotativos entraron a especular. Y desempolvaron esta noticia: el centro de seguridad estatal C-4 (que así se llama) recibió hace unas semanas varias llamadas telefónicas amenazantes contra altos mandos policiacos. Souberville entre ellos. El día de su asesinato, el mando no llevaba más escolta que sus propios brazos. De donde se puede reprochar que la Secretaría de Seguridad no haya dispuesto de una escolta para el jefe. En suma: que si lo mataron por corrupto, que si era un hombre honesto cuya muerte no tiene explicación, que si era corruptísimo desde su paso por la Judicial, etcétera, todo son meras especulaciones.
Pero todas son válidas. Todas tienen razón.
Y es que hasta el momento no han capturado a los asesinos. Tampoco se ha dado con los autores de la muerte de Jorge Flores Escamilla, secretario de Seguridad Pública en San Luis Potosí. Y en sitios como Tijuana y Monterrey no sé cuántas muertes de policías prevalecen sin esclarecer. No vayamos lejos. El 22 de agosto pasado, en la misma Huasca de Ocampo, ejecutaron a José Mariano García Lozano, subcomandante de la policía de aquel municipio. Y el 4 de septiembre balacearon a Mario Silva Zamora, delegado en Actopan de la policía estatal. En fin, los diarios de Hidalgo contabilizan 14 asesinatos de esta naturaleza en el año. Todos continúan sin resolverse…
Pues bien, en la medida en que todos los asesinatos no se investiguen y resuelvan, serán válidas las versiones acaso míticas que circulan en el imaginario popular a propósito de la muerte de Marcos Souberville. Hasta que den con los asesinos y nos digan la verdad, la memoria del jefe policiaco estará siendo mancillada una y otra vez por la gente, que no dispone de más información que la de sus propias conjeturas.
septiembre 17, 2007
Invitación. Expo en Real del Monte
En el mapamundi de la literatura universal, ninguna corriente como el simbolismo francés para hablar de la otredad. Mallarmé, Valéry, Apollinaire y Rimbaud. Se precipitan a la mente sus nombres nada más preguntarse qué es lo mejor que la poesía francesa ha dado en los últimos dos siglos. De Apollinaire me gustan sus cuentos descabelladamente eróticos, casi pornográficos. Mallarmé y Valéry no pueden resumirse a vuelapluma. Pienso de Mallarmé en la tarde que concluyó el poema de largo aliento “Una tirada de dados jamás abolirá el azar”. Salió corriendo a la casa de un amigo, para mostrarle lo que acababa de escribir. Quería una opinión. No sabía que acababa de descubrir una nueva forma de hacer poesía. José Lezama Lima escribió de Mallarmé: “... es, con Rimbaud, uno de los grandes centros de polarización poéticos, situado en el inicio de la poesía contemporánea y una de las aptitudes más enigmáticas y poderosas que existen en la historia de las imágenes. Sus páginas, y el murmullo de sus timbres serán algún día alzados, para ser leídos por los dioses.” Paul Valéry escribió El Cementerio Marino, una caja que contiene un sinfín de sonidos programados para estallar al mismo tiempo ante la vista, mejor dicho ante el oído, del lector. Arthur Rimbaud es un espíritu curtido con un fuego distinto. Una temporada en el infierno es una frase que dice mucho y no dice nada. Bajo este título, Rimbaud escribe una de las obras más poderosas e intimistas de que se tenga registro. Ahí está incluido su inmortal verso “Yo es otro”, resumen y bandera de la poesía simbolista y de la noción filosófica de la otredad.
En las artes plásticas, la idea de la otredad es más que socorrida. A menudo se asiste a exposiciones de creadores que tratan de copiar la singularidad de los que originalmente entraron al tema de la otredad desde la paleta de las artes pláticas. Pienso en algunos buenos precursores. Ahí está el nieto del padre del psicoanálisis, el pintor Lucien Freud, o la combativa Cindy Sherman, o el grandioso Jean Michel Basquiat. Hicieron no sólo de su obra sino de sus propias vidas un homenaje a los otros. No puede hablarse de Sherman, por ejemplo, sin reconocer que, pisados por la suela del capitalismo rampante, cada uno representa la caricatura de sí mismo. Era una artista muy crítica, como lo quiere la izquierda. Basquiat ha pasado a la historia como algo semejante al non plus ultra de la otredad en las artes plásticas. Murió a los 28 años, habiendo hecho un poco de todo en su existencia, lo cual quedó plasmado en su esquizofrénica obra plástica. Esquizofrenia que es a la vez el claro reflejo de las últimas décadas del siglo 20.
Ahora bien, Yo es otro es también el nombre de una nueva aproximación a la otredad, desde la mirada de un novel artista plástico. Veinteañero y estudiante de artes, José Emilio Pacheco corta el listón de su primera expo individual a las 7 p.m. de este viernes en la Casa de la Cultura del pueblito minero de Real del Monte. Son 15 obras-experimentos escolares, cuyos resultados son de diverso grado. Lo mejor de todo es que son el inicio de la carrera plástica de Pacheco.
septiembre 10, 2007
El Bajón (vacaciones)
septiembre 01, 2007
Disnayland in Quintana Roo
No concibo la posibilidad de tomar unas vacaciones sin la compañía de algún que otro libro. Llevo unos días en Quintana Roo y he traído conmigo varios volúmenes. La primera parte estaré en Playa del Carmen y la segunda, en Cancún. ¡Pero voy a cumplir ya un par de días aquí y no he abierto los tomos más que para abanicarme un poco el aire caliente y espantar a los moscos! Carajo. Aunque tampoco fui tan tonto como para venir a la playa y cargar libros a espuertas: sólo me acompaña un tomo de la revolución bolivariana, unos cuentos del francés Apollinaire, dos novelas de Dostoievsky y dos más del cubano Pedro Juan Gutiérrez. Éste posee un estilo macizo tal, que lo han llegado a comparar con Charles Bukowsky. Espero leerlos todos por las mañanas que estaré echado en la orilla de la playa, viendo cómo el sol me enrojece la piel y las hormigas me comen las piernas.Para Ryzsard Kapuscinski, pocos comportamientos son tan ajenos a la naturaleza del ser humano como el moverse de un lugar a otro, abandonar la seguridad y los espacios conocidos para ir a buscar otros, lejos de nuestras fronteras cotidianas. Playa del Carmen está muy bonita, el sol brilla en las aguas azul turquesa, la arena de la playa está muy blanca, y todo está como en los folletos. Nada que ver con el entorno citadino de donde viene la mayoría de los turistas europeos y gringos. De modo que este sitio al estilo de un Santa Fe en la Ciudad de México cumple la función de hacer sentir a los turistas (en medio de las playas selváticas) con las mismas comodidades que disfrutan en sus ciudades de origen. En otras palabras, los grupos de gringuitas en topless que corren de acá para allá en la playa, poseídas por el desenfreno, pueden creer que están gozando del exotismo del caribe mexicano. Pobres riquillas. La realidad es que se trata de un entorno armado con objetivos económicos, estudiados con minucia, para hacerlas sentir en un ambiente diferente al de sus países, pero con todos los bienestares materiales sin los cuales se morirían.
Sobra decir que los lancheros dominan el inglés, que los jacalones de mariscos reciben tarjeta de crédito, que las deferencias son para los de piel blanca y que los mexicanos no tenemos cabida ahí. ¡Qué bueno que traje suficientes libros para casi los casi diez días que pasaré en estas costas!
agosto 26, 2007
Groucho murió en agosto
Un cuatro de agosto de 1962 desapareció el sueño erótico de millones de machos. Modelo predilecto de Play boy, Marilyn Monroe fue encontrada sin vida en una habitación donde había un frasco vacío de soporíferos. De origen nebuloso, a ella se le saben sólo unos datos. Que fue hija de una prostituta y de un parroquiano que la visitaba a menudo. Que Gladys, su mamá, fue internada en un psiquiátrico luego de haberle diagnosticado “adicción sexual”. Que siendo niña, a Marilyn la ultrajó el casero del hogar adoptivo. Que se casó joven, a los 16 años. Pero que la voluptuosidad no sólo de sus curvas sino de su temperamento, la condujo al mundo de la infidelidad. De tal suerte, se divorció, se casó, se divorció y volvió a casarse. A la par, iba cobrando fama por las cintas y las revistas y los cóceteles que amenizaba. Se sabe que tuvo un amorío con el presidente Kennedy, y se presume que tenía ligas con el comunismo. (Aunque esta última versión nadie la ha confirmado y tiene rasgos de mito.) De cualquier modo, lo cierto es que por las fechas de su amorío presidencial, fue cuando su criada la encontró con la lengua de fuera, en cama, con el teléfono descolgado a las 3 y media de la madrugada. La rubia tenía 36 años de edad.
Muerte que no lamento es la de Elvis Presley. Aunque sus seguidores en el mundo sean legión, el suyo me parece el peor gusto de que la Historia tenga registro. Al contrario de la bella Marilyn, Elvis no murió de forma poética sino todo lo contrario. El 16 de agosto de 1977, un mundano ataque al corazón le pegó a un gordo cantante rockanrolero. Gente de razón como el crítico musical Chuck Klosterman, saben reconocer que Elvis murió en el momento justo: “Estaba en pleno declive y la muerte le salvó del olvido”, declaró a Bárbara Celis del diario español El País, “ya que tras ser enterrado comenzó a vivir una resurrección perpetua que le mantiene en plena forma comercial”. Me cuesta entender cómo miles de personas se trasladaron de todas partes del mundo para visitar hace unos días Graceland, la mansión cuyas paredes forradas en terciopelo azul, dejó el rey del rock and roll en la sureña Memphis. Pero quizá mi encono es porque sus homenajes han opacado a otro personaje de la farándula con mucho mayor talento: Groucho Marx, cuyo deceso acaeció el 19 de agosto del mismo '77.
He recordado al bigotudo de Groucho por múltiples razones. Primera, el paso del huracán Dean me relegó al encierro y vi televisión; me vino a la mente su frase: “Encuentro a la televisión muy educativa: cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro”. Y es que los noticieros no hacían más que apologías del desastre, lamiendo una y mil veces la misma idea: “Dean, igual a catástrofe”. Segunda razón, unos amigos pretendíamos entrar a un bar de la colonia Condesa. En la puerta estaba un hombre corpulento con sus musculosos brazos cruzados. Nos estudió de pies a cabeza. Tenis, pantalones de mezclilla, playeras: además, bañados en agua de lluvia. “No entran”. Mientras nos íbamos a una cantina, me acordé de Groucho: “No me interesa pertenecer a un club donde admitan por miembros a personas como yo”. Y tercera, las declaraciones oficiales a propósito del desastre que hizo Dean en el estado indican que se ejercerán 25 millones de dólares de un seguro que tiene contratado el gobierno. Además: la encargada de las finanzas, Nuvia Mayorga, declaró que en sólo tres días ya se habían gastado 20 millones de pesos en cobijas y demás básicos. Pues bien, pensando en el dinero que estará a disposición del gobierno, me acordé de otra frase de Groucho: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.”
Que la gente prefiera a Elvis por encima de Groucho e incluso de Marilyn, es triste. Pero que el año entrante tengamos que lamentar el mal empleo de los 25 mdd, sería constatar que el gobierno no tiene otra moral que ésta, dicha por Marx: “Estos son mis principios. ¿No te gustan? No te preocupes, tengo otros”.
agosto 24, 2007
Mi tierra tiene su tepetlacalli (y qué putas es eso)
En todo el país únicamente han sido halladas tres cajas de piedra con estas características. Son pequeñas y tienen en su interior objetos que hacen referencia al mar. Dos fueron halladas en Teotihuacan, Estado de México, mientras la última se localizó en el sitio arqueológico del Jigüingo, en Tepeapulco.
Este hallazgo de pequeñas dimensiones (24,5 cm. de largo por 10,5 de ancho, y 10 de altura) consta de una caja oblonga y su tapadera. Además, en su interior se alojan varios tallados en obsidiana y jade, así como conchas. A su costado, también se encontró un cuchillo prehispánico elaborado en piedra.
Durante las acciones arqueológicas de noviembre a diciembre de 1997, el equipo de arqueólogos se encontraba restaurando el tablero del tercer escalón de la pirámide El tecolote, cuando Carlos Hernández hizo el descubrimiento. La cajita se encontraba cubierta de escasos 30 centímetros de tierra. La levantó y encontró todo lo que tenía en su interior.
La disposición del descubrimiento en la pirámide del Jigüingo y los documentos de que dispone, hacen pensar al arqueólogo Carlos Hernández que se trata de una ofrenda propiciatoria colocada en honor a la propia pirámide donde se aloja.
En una conferencia, el investigador destacó la importancia de este tepetlacalli por encima de los otros dos que existen en el país. Dado que estos últimos se encontraron fuera de su contexto arqueológico, la caja de piedra de Tepeapulco tiene la virtud de que puede aportar información de mucha mayor utilidad en una investigación.
Entre otras conclusiones preliminares, Hernández refirió que sus primeras indagaciones lo llevan a presumir que al interior de la pirámide del Jigüingo se encontraba una oquedad de proporciones suficientes para presumir que se trata de una cámara mortuoria donde pudieron llegarse a realizar entierros.
Luis Frías/Milenio
agosto 23, 2007
¿Será?
El poeta ha declarado escribió lo siguiente en una carta pública, que la Agencia EFE hizo circular por el mundo entero. “Me veo en la penosa obligación de denunciar ante Nicaragua y el mundo que me ha llegado la información de que el presidente Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo se han alarmado por la promoción de la candidatura al Premio Nobel, por considerar que soy un adversario”.
La Academia Nicaragüense de la Lengua propuso la candidatura de Cardenal al Premio Nobel de Literatura 2007, la cual es promovida por un comité coordinador integrado por asociaciones culturales, instituciones educativas y escritores nicaragüenses.
Cardenal, disidente del sandinismo, agrega en su misiva pública que la pareja presidencial nicaragüense ha decidido parar esta iniciativa lanzando “una campaña de desprestigio” contra él “tanto nacional como internacionalmente por todos los medios a su alcance”. Lo grave de todo esto es que su fundamentación no tiene apoyo alguno en datos que son viables hacer públicos. Y, bien sabido es, que dar crédito a la información obtenida mediante trascendidos suele terminar en un fiasco. Pero no se me entienda mal. También las denuncias desde las sombras han tenido en la historia reciente, tamañas resonancias; no existe mejor ejemplo mexicano que el sexenio de Vicente Fox, cuando escándalos como los del toallagate y las tangas de Serrano Limón se descubrieron gracias a la denuncia de un ciudadano cualquiera que descubrió estas aberraciones.
Lo cierto de esta controversia es otro dato del sacerdote trapense, quien advierte que es muy fácil la presentación de falsas evidencias y falsos testigos, más aún cuando las instancias judiciales y la Corte Suprema de Justicia de Nicaragua están bajo el control de Ortega y el Frente Sandinista de Liberación Nacional. En cuanto a esto, el presidente Ortega tiene a cuestas el fardo de al menos un puñado de acusaciones de corrupción.
“Ante esta impotencia en que me encuentro, no puedo sino decirle a Dios como en el salmo: sin motivo me pusieron una trampa, hicieron un hoyo para que cayera en él; que caigan en su propia trampa”, dice el poeta en la carta, que aún no ha sido respondida por Ortega ni por Murillo, también poetisa.
¿Cardenal Rivera? No precisamente.
Cardenal es un disidente del FSLN y apoyó al Movimiento Renovador Sandinista (MRS) en las elecciones nacionales pasadas.
El sacerdote y poeta octogenario, creador de Epigramas y Oración por Marilyn Monroe, entre otras obras, ya había sido propuesto en 2005 para el Premio Nobel de Literatura.
El autor de Homenaje a los indios americanos y Evangelio en Solentiname nació el 20 de julio de 1925 en Granada (Nicaragua), participó desde muy joven en la lucha contra la dictadura de Anastasio Somoza y, después de su conversión religiosa, ingresó al monasterio trapense de Kentucky, Estados Unidos, donde fue discípulo de Thomas Merton.
Posteriormente, el poeta de cotona blanca, barba gris-nevada y boina negra fundó la comunidad contemplativa de Solentiname, destruida por orden de Somoza, y fue ministro de Cultura en el gobierno revolucionario.
De esa época (marzo de 1983) data la amonestación pública que le hizo el papa Juan Pablo II al visitar Nicaragua, por mezclar la religión con la revolución sandinista, incidente cuya imagen dio la vuelta al mundo.
Ernesto Cardenal, de 82 años, cuya obra ha sido publicada en 20 idiomas y en más de 200 ediciones, está considerado hoy uno de los poetas vivos más importantes de Latinoamérica.
agosto 20, 2007
El grandioso Marx

"Perdonen que no me levante", fue lo que quiso que pusieran en su tumba. No le hicieron caso, pero para Groucho Marx una frase genial, irónica, sarcástica, nunca estaba de más. Eso y muchas otras líneas de humor inteligente engrandecieron su leyenda. Hoy se cumplen 30 años de su muerte.
Su inmenso talento lo convirtió casi en un personaje de dibujos animados, por su falso bigote y sus enormes cejas, su caminar desgarbado y sus gestos exagerados, imagen característica de la meca del cine junto a las faldas de Marilyn Monroe o el bombín de Charles Chaplin.
Pero detrás de la aparición circense se escondía un genio del humor, un pensador que llegaba mucho más allá con sus sarcasmos, un talento único como el de Picasso, según dijo Woody Allen de él en alguna ocasión.
Sus célebres frases, que marcaron más de una docena de películas con sus heramanos, siguen siendo citas habituales, y de ser un cómico que rayaba en lo ridículo, se convirtió en un fenómeno de culto para muchos fans de la pantalla.
Pese a eso, su muerte, un 19 de agosto de 1977, recibió una atención mucho menor de lo esperado, ya que tres días antes Elvis Presley había sido la causa de una conmoción nacional por su fallecimiento sorpresivo a los 42 años.
Quedaron pocas lágrimas para Groucho, que sin embargo, fue elegido dentro de la lista de los 50 actores más influyentes de la Historia por el Instituto Americano de Cine.
Hijo de inmigrantes alemanes judíos, Julios Henry Marx (que así se llamaba) nació en Nueva York en 1890, en una familia de cinco hermanos que años más tarde se harían famosos por sus actuaciones cómicas.
Curiosamente Groucho, el tercero de los hermanos, era el introvertido y callado de la familia, el niño que no recibió atención de los mayores (Harpo y Chico) ni de los dos pequeños, Zeppo y Gummo, por lo que logró desarrolar con los años una personalidad cortante para lograr atención.
Comenzó con vodeviles durante dos décadas hasta que Broadway le abrió las puertas a él y a sus cuatro hermanos en I'll Say She Is, en 1924. De ahí saltaron al éxito de Cocoanuts y su posterior paso por estudios de cine como la Paramount Pictures y la Metro Goldwyn Meyer que los hicieron verdaderamente famosos en Hollywood.
Groucho lideraba las cintas con personajes de nombres estarmbóticos, suplantando a médicos, doctores o directores de hotel, a los que siempre acompañaban Harpo y Chico con su endiablada habilidad para tocar el harpa y el piano, respectivamente.
Títulos como Una noche en la ópera, Un día en las carreras o Sopa de ganso están en los registros de mejores comedias de la Historia, con escenas como la aglomeración en el camarote de los hermanos o la persecución en un tren en el lejano oeste al grito de "!Más madera, es la guerra!"
Y después, está el recuerdo de sus frases míticas (como: "partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de miseria" o "jamás pertenecería a un club que admitiese de socio a alguien como yo") que lo encumbraron como gran humorista.
Pese a su éxito en la gran pantalla, Groucho logró más reconocimiento y fama que nunca con su programa televisivo Apueste su vida, pues una gran parte del público estadounidense desconocía sus películas y su trabajo en el teatro.
Además de todo lo anterior, de Groucho se dice que tenía buenos amigos, que conoció a Charles Chaplin de sus días de teatro, que tenía insomnio y que cuando le daba, llamaba por teléfono a gente para insultarlos. Y que mantuvo correspondencia constante con escritores de la talla de T. S. Eliot y Carl Sandburg.
Un personaje admirable, que a pesar de que sus padres apostaron por la escuela de medicina, al escasear los recursos en casa tuvo que salir al canto. Aunque fue en realidad la improvisación lo que le llevó al estrellato. Habilidad que desarrolló de su amor por los libros.
Dicha pasión inspiró su mítica frase: "Me parece que la televisión es muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, yo me voy a otra habitación a leer un buen libro."
Nunca quiso ser un cómico grotesco usando chistes sexuales y se mantuvo siempres cerca de sus hermanos. Sobrevivió a tres de ellos. Incluyendo al menor, Gummo, que falleció cuatro meses antes que él.
Tuvo tres hijos y estuvo casado tres veces, aunque para la mayoría su única mujer fue la incorruptible Margaret Dumont, su compañera de reparto en infinidad de títulos, la viuda millonaria con la que siempre se explayaba, cigarro en mano y avasallándola con frases fugaces y devastadoras.
Groucho era siempre así.
agosto 17, 2007
¿Tirar millones?
Gabriel Zaid escribió hacia los 70 unos ensayos fabulosos. Aparecían en la revista Vuelta, que dirigía Octavio Paz. Eran unas sátiras ácidas, por excelentemente informadas. Las tituló Tirar Millones, y no eran sino unos sensatos balances de tipo costo-beneficio, sobre las políticas culturales adoptadas por las instituciones de gobierno. Grande conocedor de libros, Zaid ponía el dedo en la yaga de los dispendios de
Si le pregunté todo esto al amable funcionario, fue porque Elena Enríquez dice algunas ideas en el número 85 de la revista Libros de México. Hablando de las editoriales universitarias, la investigadora encontró que éstas precisan tener un local en las ferias de libros porque un ¡30 por ciento de sus ventas se hacen ahí! ¿Quienes compran? Público que anda en cacería de un título o un tema taxativo. Y lo más curioso: a las editoriales no les importa mucho ser el gran negocio sino que sus libros aparezcan citados el mayor número de veces en otros libros. Pero Enríquez ha descubierto que las editoriales universitarias son a menudo pésimas inversiones porque usan estrategias de venta estacionadas en el siglo pasado. Pues bien, es preciso que tanto
agosto 11, 2007
Befa en amarillo

Pero conviene pasar por alto las dimensiones apoteósicas que ha cobrado esta triada de directores, para concentrarse en hechos decididamente más importantes. Me refiero a las muertes de los directores Michelangelo Antonioni e Ingmar Bergman, y al estreno mundial de Los Simpson, la película.
El lunes 30 de julio sendos golpes de enfermedad empujaron a la tumba al sueco Bergman y al italiano Antonioni, ambos de filiaciones estéticas e ideológicas diferentes pero pertenecientes a una misma generación del cine de culto. “Con su muerte, desaparece toda una etapa del cine”, llegó a afirmar alguien. No le faltaban razones al que lo dijo. Pienso en el cine italiano. Antes de morir Antonioni, ya habían desaparecido Luchino Visconti, Pier Paolo Pasolini y Federico Fellini. De Fellini atesoro
Pues bien, han desaparecido los últimos dos exponentes señeros del cine mundial de culto. ¿Que dónde he dejado a Bergman? Es que no puedo pensar en él sin aburrirme un poco. Baste rememorar su Sonata de otoño o Fanny y Alexander para comprender de qué estoy hablando. De tono más bien rosa pálido, ambas películas, el propio Antonioni no podía verlas sin quedarse plácidamente dormido en la sala de cine. Sin embargo, no deja de entristecer que Bergman se haya ido.
Así y todo, son Los Simpson, la película, el hecho de celuloide más escandaloso de estos días. Empujado por un morbo inefable, fui a la sala de cine en Pachuca. Confirmé lo que había leído en el diario gringo Los Angeles Times: “Es básicamente una narrativa de conversión, en la cual los ojos de Homero son abiertos finalmente para ver todos sus errores”. Y es que en la película debe ocurrir una buena cantidad de sinsabores para que el imbécil padre de familia caiga en la cuenta de su necia forma de vida. Esto da pie al punto climático. Un Homero que ha tomado conciencia, salva su matrimonio, la relación con su hijo y su hija, y lo que es más inverosímil: a la ciudad donde viven de una explosión total. En palabras de Matt Groening, creador de la esta befa amarilla, el objeto del filme fue uno: “Divertirnos”. Cómo no, ¿y los millones de dólares? Un clásico de la sociología, Pierre Bordieu acuñó la idea “mercados culturales”. O sea: en una sociedad capitalista, el arte y la cultura no escapa al principio mercantilista de tener nichos específicos de consumidores. Mas filmes como Los Simpson, llenos de prejuicios y ninguna ideología, requieren de un público uniforme, que consuma cualquier producto. No es descabellado hacer una pregunta. La muerte de dos iconos del cine de culto el lunes y, dos días más tarde, la premiere de la idiotez amarilla, ¿simbolizan acaso la muerte de una etapa y el nacimiento de otra? Qué desgracia que nos haya tocado precisamente ésta.
Ahora bien, cuando salí del cine me puse a pensar que se necesita ser muy pendejo para querer encontrar algo inteligente en una sala donde exhiben películas cuyos personajes son los dibujos animados de una adocenada familia yanqui.
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