El blog de Luis Frías

enero 11, 2008

¿Cosas de familia?

Cuando pienso en las quejas que los ortodoxos de la Academia esgrimen a propósito de la “penosa situación” por la que atraviesa la lengua española, me viene de golpe a la mente una analogía muy curiosa. No sé por qué. Comparo a los defensores de la lengua y a sus rupestres usuarios, con una familia tradicional, léase: abuelos (vivos), padres (no divorciados) e hijos (no muy precoces). Los abuelos suelen ser los defensores a ultranza del orden de cosas establecido; los padres son los mediadores entre esa vieja tradición y las costumbres parafernálicas de los hijos. Pues bien, en la situación de la lengua, los empedernidos y estudiosos defensores del idioma español son enemigos del trato de klínex que los choferes de autobús le dan, ciñéndonos a nuestra realidad circundante, al sacrosanto español.

Ahora bien, recién fui invitado por un candidato a diputado de izquierda, a una reunión con agraristas de Tlaxcala. No ponía mucha atención a las promesas que hacía el candidato ni a las adormiladas afirmaciones de cabeza que hacían los sombrerudos. Pero no podía despegar la vista de un viejo adusto que estaba sentado en la cabecera del largo mesón, hablando con palabras inusuales. No apartar la vista de un viejo cabrón en medio de una reunión de machos, es un gran peligro. ¡Pero era tan entretenido! Cada vez cambiaba los acentos de las palabras que yo conocía o, de plano, enunciaba cosas desconocidas.

Alguien le preguntó si quería un pulque.
-¡Sagüevo! Y ójala no traiga del gusano.
-¡Ora gusano! –respondió el mareado tlachiquero- S ni que fuera qué…

En realidad me resultaba fácil entender todo lo que se comunicaban estos paisanos, mas pensé qué burlas se llevarían estos pobres hombres si estuvieran en medio del pasillo apestoso a marihuana de la Facultad de Filosofía y Letras de nuestra querida UNAM. ¿Están estos paisanos, sin embargo, incurriendo en un pecado que les merezca le acumulación de todos los baldones? Pero si ellos se entienden perfectamente. En todo caso, que la palabra sirva para comunicar a los hombres es lo que a mí me parece adecuado.

*

En el fondo, la cuestión no es defender algún tipo del habla con corrección. Antes bien, el punto es defender la evolución natural del idioma. De utilidad sería oponer dos cosas entre sí: la normatividad de la lengua vs. su evolución. He querido confrontar estas ideas para llevarlas al extremo y así sacar el fruto deseado, aun sabiendo que por sí mismas y, en éste o en cualquier otro contexto, no sean exactamente nociones enemigas. Pues bien, la normatividad es la que, por un lado, permite que siendo niños aprendiéramos en la escuela primaria con miss Lolita el uso correcto de los artículos La, El, Los, Las…, así como los adjetivos tanto calificativos como determinativos, y otros rudimentos elementales que nos permiten pedir una Coca Cola en la tienda con toda facilidad. Pero por el otro lado está el simple y llano mundo real, donde aprendemos desde las expresiones de moda como ésas del ‘clientelismo político’ o del ‘calentamiento global’, hasta las estructuras cada vez más fragmentarias de entablar una conversación: asombra las pláticas en un teléfono celular, uno pregunta “¿ya estás?” a lo que el otro responde “Aguanta culero, esto está perro, pero no hay pedo, seguimos como quedamos”, y cuelgan satisfechos…. Sin embargo, el enfrentamiento entre ambos modos de concebir una única realidad que es la lengua, no tiene otra lógica que la propia conformación del habla particular de los seres humanos. Algo totalmente natural. Hay que imaginar qué aburrido sería el mundo si estas cosas tan naturales como el agua no existieran. ¡Qué patético!

Ahora bien, no sin cierta nostalgia por lo antiguo, afirma Lope Blanch que es necesario trabajar por conservar las formas adecuadas del habla, o sea: en estricto sentido, hay que esforzarnos por erradicar esos cambios de acentuación en las palabras que hacían aquellos campesinos de Tlaxcala con los que comí tacos de barbacoa y caldo de mondongo. Qué tontería. Me parece que son precisamente las variedades en el lenguaje lo que dota de su más profunda riqueza al idioma español y a cualquier otro… Puede ser que yo lo vea así, porque milito entre los que usan el gringoso okey, en lugar del adecuado de acuerdo, cada vez que alguien me pregunta sí estoy de acuerdo con cierta bagatela. Comoquiera que sea, que cada quien hable como se les da la gana me parece, sinceramente, loable. La literatura, la antropología, la lingüística misma, el periodismo, se nutren precisamente de esta multiplicidad de diferencias.

Lo sé, estoy saliéndome por la tangente al hablar de cosas absolutamente fuera del dominio lingüístico, o sea: de cosas extralingüísticas. Y en efecto, sería una necedad no sostener más o menos mi opinión desde la sensatez académica.

*

Si no superficialmente, por lo menos rápidamente querría mencionar los cuatro factores de los que depende la normatividad, es decir la corrección, en la lengua. Los cuatro, de acuerdo con Lope Blanch. Uno es el geográfico. No es lo mismo vivir y hablar español cubano que español de Argentina. Otro es el factor diafásico, o estilístico. Los escritores. Cada cual escribe como mejor le parece. El tercer caso es el diastrático. Un yuppi no posee el mismo lenguaje que un pepenador, para ponernos extremosos. El cuarto y último, es el factor histórico. Para entender esto, compárese la forma de escribir de un periódico actual, La Prensa es un buen ejemplo, con El Quijote de Cervantes. ¿Para qué traer a cuento esto? Los cuatro son cambios, evoluciones en la lengua, que impiden, dificultan, ponen trabas naturales, a la conformación de una norma absoluta. En la medida en que cada uno de estos factores sea más acentuado en una misma realidad se hace más imposible conseguir una norma absoluta; de modo que cabría insistir: norma vs. evolución son en la lengua, lo que padres e hijos son en la familia.

¡Y quién no ha discutido ardientemente con sus padres, quién no ha golpeado con saña a sus hijos! Pero por acerbas que sean las golpizas, en el fondo los une algo muy profundo, muy mutuo. En la familia podría ser el amor, o simplemente el bienestar común; en la lengua, la expresión. Lo lamento. La expresión es algo extralingüístico. No hallé un motivo más poderoso para unir las dos fuerzas antagónicas pero complementarias que son la mocha madre norma y la puta hija evolución.

enero 10, 2008

Amy Winehouse y Kate Moss

"Las chicas buenas van al cielo. Las malas... a todas partes", reza una tontería mil veces estampada en burdas camisetas ombligueras. Una "tontería" que, sin embargo, no va tan desencaminada. De la "vamp" a la "femme fatale", pasando por la viuda negra, la castigadora y la viciosa, hay mucha leyenda y sí, muchos (y muchas) fans. Que nos gusta una mala. Y a la moda, la que más. Lo de Kate Moss fue paradigmático: nunca ha tenido más presencia desde que la sacaron 'empolvándose' la nariz. Una conducta reprobable capaz de generar millones.

Desde luego, no es la conducta lo que vende. Es la actitud. Ese imponderable que lo justifica todo -o casi. Por ejemplo, que Miuccia Prada eligiera a la díscola Lindsay Lohan para representar el espíritu de Miu Miu hace un par de temporadas, para luego tomar el relevo en Chanel como mascota de Karl Lagerfeld. Claro que con una musa tan difusa, entrando y saliendo de clínicas de rehabilitación y sesiones de alcohólicos anónimos cada dos por tres, no hay quien se inspire, así que el "kaiser" ya le ha buscado sustituta a la protagonista de "Mean Girls" (o sea, "Chicas malas", qué cosas). ¡Ta-chán! Con ustedes, Amy Winehouse "chanelizada".

La última y más que problemática soul diva británica se le ha metido entre ceja y ceja a diseñador, tanto que las modelos que desfilaron con la actual colección crucero, presentada en París a primeros del pasado diciembre, parecían clones de la cantante que ha convertido su "Rehab" (rehabilitación, en jerigonza coloquial) en el himno irónico del último año. En fin, no es muy probable que el inmenso crepado/nido de comadreja de la Winehouse vaya a convertirse en tendencia (las excelsas B-52's Kate Pierson y Cindy Wilson ya hicieron del gran moño sesentero, bautizado precisamente como el infausto bombardero americano, su seña de identidad estética), pero al menos hay que reconocerle a Lagerfeld esa capacidad para vivir, observar, arriesgar y ser coherente con su tiempo, cuando podría estar tan ricamente en su torre de marfil mirándose el ombligo. Además, ahora que se llevan las greñas largas, lacias y preferiblemente rubias, seguro que ese pedazo de colmena vintage habrá conseguido arrugar las narices de los popes de las tendencias capilares. Y eso también es un punto.

En fin, está visto que en la alfombra roja o en brillante papel cuché valen lo mismo (o sea, que tienen el mismo valor) el Oscar y el lavado de estómago, la carrera artística y el sudor en la clínica de desintoxicación, el papelón en la película y la papeleta en el juzgado de turno. Kate, Lindsay, Amy, Britney, Paris, Nicole, Ashley y Mary Kate... En realidad, no es que nos guste que sean malas. Es que nos pone mucho más descubrir que son tan mortales como el más común de los ídem.

Lo que me hace recordarte

Del libro Tráeme la noche (haikus) de mi querido Abraham Chinchillas. Extraigo algunos (sólo los mejores). Pequeñísimos y punzantes versos que me hacen recordarte, Jess.

malbarátalo
desgarra el tiempo entero a
precio de olvido

hoy soy uno más
de tantos millones que
nadie conoce

que mirar siempre
el horizonte sea
mirarse dentro

aguas en calma
que mis dedos perturban
entre tus piernas

en las paredes
de esta taza vacía
estás escrita

y si alguna vez
arriesgas la piel
yo/incertidumbre

tú estás desnuda
enmuedece mi historia
en tu cintura

un día de pronto
desnuda te sorprendo
bajo tu ropa

Y de mí, para tí:
Camino kilómetros
mis pies pequeños
soy hormiga, te busco.

enero 07, 2008

"Lo que sé de los vampiros"

Es el título de la novela con que el escritor barcelonés Francisco Casavella ha ganado el Premio Nadal 2008, dotado con 18.000 euros. De acuerdo con la prensa española, se trata de una novela ambientada en el siglo XVIII cuando se produjo la expulsión de los jesuitas de España. La novela finalista ha sido El Club de la Memoria, de la sevillana Eva Díaz.

De acuerdo con todas las descripciones: en la novela ganadora del Nadal, su protagonista, Martín de Viloalle, asume durante toda su vida la única decisión en su vida que toma libremente, acompañar a los jesuitas expulsados de España en 1767, por orden del rey Carlos III. Este joven procedente de la aristocracia acompañará a los jesuitas por Roma, los estados alemanes, Dinamarca y la París revolucionaria, al tiempo que será miembro de una sociedad marginal, filosófica, artística y estafadora decidida a ir de corte en corte para entretener el gusto, el sexo, el intelecto y el aburrimiento de la clase aristocrática.

El jurado ha destacado de la obra ganadora que no se trata de una novela de género y ha indicidido en el trabajo que ha realizado Francisco Casavella (Barcelona, 1963) con la trama y los personajes. Casavella, autor de novelas como El triunfo o Un enano español se suicida en Las Vegas, también ha realizado los guiones de películas como Antártida y Susana.

Por su parte, la novela finalista del Nadal, El Club de la Memoria, de Eva Díaz, es una obra que cuenta cómo una historiadora encuentra en la Filmoteca Nacional el diario de uno de los componentes del Club de la Memoria, un grupo de jóvenes escritores y autores que durante la II República participaron en las misiones pedagógicas para educar al pueblo español.

En la tradicional velada literaria de la noche del Día de Reyes se ha fallado asimismo el premio Josep Pla de prosa en catalán, que ha correspondido al mallorquín Melcior Comes por su obra La batalla de Walter Stamm, otra novela histórica, en este caso ambientada en la Alemania nazi.

Un total de 270 originales se habían presentado al LXIV Premio Nadal de novela, el galardón literario más antiguo de España, que está dotado con 18.000 euros. El jurado ha estado formado por Felipe Benítez Reyes, último ganador con Mercado de espejismos, Germán Gullón, Lorenzo Silva, Antonio Soler, Andrés Trapiello, Antonio Vilanova y Emili Rosales.

enero 03, 2008

Le doy la razón al abuelo

Parto de una noción harto conocida por todos los mexicanos. Me refiero a esa idea según la cual el gobierno infaliblemente tiene la culpa de todo lo malo que nos sucede. A nuestros padres y abuelos les tocó vivir la época en que era políticamente correcto echarle la culpa al otro. Y en todo momento el gobierno resulta un blanco inmejorable. Es imposible borrarme de la mente esos domingos en casa de los abuelos. Los tíos y todos los nietos nos sentábamos a comer ante la enorme mesa. En cierto momento mi abuelo solía condenar a muerte al presidente de México por todos los males que lo aquejaban. “Este presidente es un pendejo”, decía. Nadie le prestaba atención; mi abuelo solía estar borracho siempre. Y continuaba la comilona. Como buen pesimista, siempre me molestó que nadie le hiciera ver que estaba equivocado. Y es que el viejo dividía su tiempo en beber y ver televisión, pero despotricaba del gobierno cuando padecía los intensos dolores de la artritis.

Gracias a un chisme, todo Hidalgo se enteró que existe el riesgo de perder uno de los poquísimos recintos culturales con que cuenta la entidad. No sé cómo llegó a mis oídos el dicho de que el Centro Cultural del Ferrocarril se había vendido a algún rico…, que muy posiblemente se utilizará para poner en su lugar una tienda de autoservicio…, que lo van a tirar para construir un prostíbulo…, y quién sabe qué otras cosas. Desde luego que todas estas posibilidades me sonaron aterradoras, pero no pasaban de ser mera información que se sabía de oídas. La cuestión pasó a peor cuando algunos personajes del gobierno dieron la cara, hablando con seriedad a propósito de algo que me había parecido un alud de insensateces. Pues bien, la directora de la Oficina de Cultura Estatal, Lourdes Parga, hizo una declaración admitiendo que el recinto atravesaba por una etapa peligrosa. ¡Admitía que Ferrocarriles Nacionales había hecho un remate ilegal del recinto cultural y lo había vendido a unos particulares desconocidos! Fue el reconocimiento de algo que yo hubiera deseado que no fuese sino un mera habladuría.

Por qué ha podido tener lugar tamaño despropósito, es una cuestión que se ha elucidado en las últimas semanas. Desde que en 1998 Ferrocarriles Nacionales entregó en comodato el inmueble al gobierno, la antigua estación de ferrocarril adoptó las funciones de centro cultural. No es necesario recordar que sus paredes han visto domingo a domingo las funciones de teatro infantil, las -en el peor de los casos- perfectibles ferias de libros juveniles, varios conciertos de rock y otras actividades culturales de cierta relevancia estatal. Pocas cosas, en rigor, pero inconmensurable en medio del desértico contexto artístico de Hidalgo. Y lo grave es que están por desaparecer. Porque el comodato tocó a su fin y Ferrocarriles Nacionales puso a la venta el inmueble. De acuerdo con información de Milenio, el contrato ha quedado sellado y está en puerta ya la posibilidad de que la Comercial Mexicana abra una de sus tiendas departamentales.

¡Por qué ha pasado todo esto! Desde luego, debo traer a cuento a mi abuelo y aseverar que la culpa la tiene el gobierno. No importa poner matices para deslindar a éste o a aquel funcionario; me interesa más dejar en evidencia al gobierno en su totalidad. Al sistema gubernamental, para generalizar con precisión. ¿Qué importa si la culpa la tiene la Oficina Estatal de Cultura o la dirección de Ferrocarriles Nacionales? Lo alarmante es que los dos viven de nuestros impuestos, pero toman decisiones que lejos de ser conformes a nuestros deseos, lo que hacen es vender un recinto cultural con quién sabe qué propósitos indeseables. Ésta es una de las pocas veces que le he dado la razón a mi abuelo. Y es que no fue sino el mismo sistema que había decidido que nos acostumbráramos a tener un centro cultural, el que más tarde nos lo quita y considera apropiado vendérselo a una tienda de autoservicio. Es una lástima que mi abuelo se muriera hace años. Pues nadie como él para mentarles la madre a todos cuantos tienen la culpa de que haya acontecido esta tan penosa situación.

diciembre 22, 2007

El moderno PRI

Fue un encuentro en medio del desierto. En la Misión de San Bernardo, Humberto Moreira contrajo matrimonio con Vanessa Guerrero, pero otra pareja les robó los reflectores. Caía el atardecer cuando el ex presidente Carlos Salinas de Gortari y el líder del PRI en el Senado, Manlio Fabio Beltrones, sorprendieron a todos al llegar juntos, en una Suburban negra, para asistir como testigos de la ceremonia civil de las segundas nupcias del gobernador de Coahuila. No fue coincidencia: ambos políticos se citaron y encontraron en el Aeropuerto Internacional de Piedras Negras, y de ahí se enfilaron al acto.

El escenario, al que sólo invitaron a 100 personalidades, fueron las ruinas de una antigua edificación franciscana del siglo XVII, en cuya nave desprovista de techo se instaló un sillerío para recibir a ex gobernadores de Coahuila, como Rogelio Montemayor y Eliseo Mendoza, y a los mandatarios de Nuevo León, Natividad González Paras (que llegó al último); Félix González Canto, de Campeche; José Reyes Baeza, de Chihuahua; el presidente del Consejo de Administración del periódico El Universal, Juan Francisco Ealy Ortiz; el conductor de Televisa, Alejandro Cacho; y la ex presidenta del PRD, Rosario Robles, todos ellos integrantes de una larga lista de testigos en la que estuvieron incluidos los hijos del gobernante, los hermanos de la novia, empresarios locales y hasta políticos en desgracia, como Carlos Salomón, ex vocero de Ernesto Zedillo.

Por un momento parecía un intento por revivir los cónclaves en los que el priísmo presumía su fuerza, pero aunque no llegó a serlo del todo, sirvió como punto de encuentro a personajes de grupos políticos al parecer irreconciliables, dentro y fuera del tricolor, que sin duda jugarán un papel protagónico en las elecciones de 2012. Quizá por eso los distintivos que usaron todos los cercanos a Moreira, desde su gabinete y otros colaboradores hasta los invitados de prensa, fue un pequeño pino con las letras V y H grabadas en el centro.

El enlace fue un suceso para todo Coahuila, y recibió amplia cobertura de los medios impresos y electrónicos. Desde mediodía, el mandatario concedía entrevistas en la radio local, en las que presentaba orgulloso, como si de medallas se tratara, los nombres de su lista de invitados: Enrique Peña Nieto, gobernador del Estado de México; Ivonne Ortega, de Yucatán, y Miguel Ángel Osorio Chong, de Hidalgo, convocados como testigos de la boda. Ellos no alcanzaron a llegar al matrimonio civil, pero acudieron a la recepción que se ofreció en el Casino Nacional de Piedras Negras, ciudad natal de la novia, paso fronterizo que no había visto nunca tantos poderosos juntos.

Se trató de una ceremonia ecléctica en la que se mezclaron los requisitos civiles y las tradiciones religiosas, bajo una gran cruz franciscana y en la que a la declaración de los votos de los contrayentes se agregó la entrega de arras común de las bodas católicas. Siguió el coctel, a las puertas de la Misión, en el que no podía faltar la Rondalla de Saltillo, que sirvió como música de fondo para una prolongada sesión de felicitaciones que no pudo dejar de evocar los besamanos (situación que se repitió en la fiesta), todo ello resguardado por un amplísimo, pero discreto operativo de seguridad, en el que participaron, por lo menos, 50 policías estatales trajeados con una estrella como distintivo en el pecho, un visible operativo con más de 30 vehículos oficiales y un centenar de uniformados que vigilaron los 30 kilómetros que separan la franciscana Misión de San Bernardo de Piedras Negras.

Después de las 10 de la noche comenzó la recepción en el Casino Nacional, al cual acudieron 800 invitados. Durante la cena, el “corazón” de la fiesta se trasladó a las mesas 9 y 12, donde los gobernadores de Durango, Chihuahua, Estado de México, Nuevo León, Campeche y Yucatán compartieron el pan y la sal con Beltrones, Salinas y la esposa del ex mandatario. Ahí ambos personajes compitieron con Adal Ramones y Facundo en el número de saludos, abrazos y muestras de reconocimiento.

Amenizaron la fiesta Celso Piña, Napoleón, Martín Urieta y el grupo Camila, cuya canción “Todo cambia” es la favorita de la novia. Este grupo fue el que abrió el baile, y en una de sus piezas musicales, cerca de las 11 de la noche, improvisó con un estribillo: “Camila, Camila, te quiero conmigo/Camila, quiero a Moreira en Los Pinos”. Y así siguió la velada con Salinas como el invitado más solicitado.

Fortalecen la seguridad de novios e invitados

Por unas horas, la ciudad de Piedras Negras, Durango, fue la ciudad más vigilada del país debido al enlace matrimonial entre Humberto Moreira y Vanessa Guerrero. Apoyados por más de 400 policías ministeriales, preventivos, estatales, federales e incluso del Ejército, el operativo incluyó el aeropuerto, alrededores de la población, accesos carreteros e incluso la franja fronteriza.

Desde la mañana, importantes personalidades del ámbito político, social y del espectáculo comenzaron a arribar al aeropuerto de Piedras Negras, donde se calculó el aterrizaje de aproximadamente 35 aeronaves con los invitados al enlace civil.

Al respecto, el secretario de Gobierno, Homero Ramos Gloria, aseguró que los elementos policiacos no intervendrían en el acto, sino sólo en la seguridad de la población.

La construcción de un jardín de niños, por cierto, será el proyecto que cristalicen Moreira y su esposa con los regalos de boda que recibieron, tras la petición de la pareja hacia los invitados de que fueran exclusivamente recursos en efectivo. Al término de la ceremonia civil, el gobernador de Coahuila informó que hasta ese momento llevaban un acumulado de más de 2 millones y medio de pesos.

Juan Ramón Cárdenas Cantú, propietario de Villa Ferré y chef encargado del banquete, compartió con MILENIO algunos detalles del banquete: “La cena se sirvió a las 22:15 e inició con un trío de salmones y un trío de bocadillos contemporáneos. Como entrada se ofreció un ceviche de mango, en copa de hielo para los hombres, y una ensalada de mango con queso crema y germinados para las damas. El plato fuerte para ellos consistió en un filete de res en jugo de carne y para ellas un trío de camarones en salsa de chabacano con chile de árbol. Finalmente, se contó con un festival de seis postres, entre ellos torre de piña deshidratada, pastel de tres leches con chocolate blanco y salsa de vaina de vainilla y tarta de chocolate en plátano rostizado. Para la tornaboda, en el mismo Casino Nacional de 3 a 4 de la mañana, se incluyó en el menú tacos de conejo de Piedras Negras, chilaquiles, menudo y pozole”.

Milenio/Néstor Ojeda.

diciembre 20, 2007

Por transexual, lo (¿la?) corrieron del trabajo

Sara estaba feliz ayer. No paraba de recibir felicitaciones por su móvil. La UGT difundió ayer una nota en la que explicaba que Sara Shulze, legalmente todavía Mathias Shulze, de 36 años, había llegado a un acuerdo con la empresa que la despidió el 28 de septiembre por bajo rendimiento y mal trato a clientes y compañeros. Pero Sara, ingeniera industrial, sabe que es por otra razón: en mayo comunicó a sus jefes su condición de transexual y su deseo de vivir durante un año como mujer antes de someterse a una operación de cambio de sexo. Tres meses más tarde fue despedida. No lo dudó y presentó una denuncia por discriminación. El lunes era el juicio, pero no se celebró: fue indemnizada por despido improcedente con 22.000 euros.

Sólo le queda un pero. "Es que de esa suma tendré que pagar 5.000 euros de IRPF y no me llegará para pagarme la operación de la cara", dice esta mujer alemana, de 1,80 metros y larga melena pelirroja, que vive en Gavà y conduce una Suzuki de 1.200 metros cúbicos. Sara, licenciada en Ingeniería Industrial, empezó a trabajar en la multinancional alemana Tüv Theiland Group el 11 de julio de 2006 como jefe del departamento de certificación de productos. No tuvo ningún problema hasta que en mayo tomó la decisión: iniciar el proceso para cambiar de sexo. Pero antes de pasar por el quirófano hay un requisito indispensable: vivir un año como una mujer asistiendo, además, a un programa con psicólogos y psiquiatras, en este caso en el hospital Clínico. "Hay que hacerlo para que no haya dudas. A veces alguien puede imaginarse que quiere ser una chica y después no hay marcha atrás", explica. Y eso es lo que aquel día de mayo le comunicó a su jefe, Lluís Bassas. "Se le cayeron las gafas", recuerda Sara. "Me dijo: '¿Cómo es posible? ¡Pero si no se nota!', y yo le repliqué: 'Yo he sido así toda mi vida".

La empresa eludió comunicar al resto de los trabajadores que Mathias quería ser Sara y ella continuó trabajando con normalidad hasta el 28 de septiembre. Incluso aquel día acudió a certificar la calidad de un producto en la firma Duscholux y José Antonio Fajardo, un compañero de Madrid, la presentó así: "Ésta es mi jefa: Mathias Shulze". Pero tras el guiño de complicidad llegó el jarro de agua fría. Poco después fue despedida. Y se quedó sin trabajo, justo como le había ocurrido en 2003 en una empresa de Barcelona. Esta vez no se quedó con los brazos cruzados: se puso en contacto con la Asociación de Transexuales de Cataluña y la UGT, que ya había ganado el caso de Gina, otra transexual que ahora es delegada sindical en su empresa.

Quizá fue un error del destino porque Christel, su madre, se quedó de piedra cuando en el hospital de Hannover tuvo un hijo en lugar de la niña que tanto deseaba. "¿Niño? ¡Pero si tenía que ser Sara!". Pero fue Mathias, y su padre le obligó a jugar al fútbol y practicar atletismo, y a estudiar, en lugar de odontología, ingeniería para trabajar en la fábrica cercana de Volswagen. "Me he perdido muchas cosas por nacer hombre; por ejemplo, toda mi juventud", dice Sara, que vivió en Inglaterra y Argentina, donde hace 10 años asumió su condición de transexual. Ahora invierte el tiempo en acabar su doctorado y en cartearse por e-mail con Lynn Conwway, una ingeniera de Estados Unidos, inventora de los microprocesadores con ordenadores, despedida hace 40 años por un caso similar. "Me da consejos sobre lo que tengo que operarme de la cara", explica feliz. "Porque una vez operado el sexo, la única diferencia entre un hombre y una mujer está en la voz y la cara".

diciembre 19, 2007

¿Buenas nuevas para Cuba?

De acuerdo con información de El País, Cuba vive momentos excepcionales: de definiciones. Han bastado unas cuantas palabras de Fidel Castro en el sentido de que no ejercerá de tapón sobre los dirigentes más jóvenes, para que de nuevo el dilema de su sucesión cobre fuerza y, más aún, el debate crucial sobre qué cambios son necesarios introducir en el modelo socialista cubano. Si Fidel se retira o no, es algo verdaderamente relevante; pero lo aún más, la forma en que el Comandante acompañe los cambios inevitables. La sensación es que el futuro del país está en juego: lo vital, sostienen cada vez más voces dentro del sistema, es la urgencia de abrir el camino a las transformaciones que reclama la sociedad.

A sus 81 años, y después de 16 meses de convalecencia, Fidel Castro se descolgó el martes con una frase inesperada al final de una carta leída durante el programa de la televisión Mesa Redonda, dedicado al tema Cuba: derechos Humanos, cambio climático y la solidaridad. Tras reflexionar sobre asuntos tan dispares, casi al terminar su misiva el líder comunista afirma: "Mi deber elemental no es aferrarme a cargos ni mucho menos obstruir el paso a personas más jóvenes, sino aportar experiencias e ideas cuyo modesto valor proviene de la época excepcional que me tocó vivir".

Sus declaraciones, en el momento tan especial que vive Cuba, no pasaron desapercibidas. La recuperación del mandatario, que no aparece en público desde que delegó todos sus poderes en su hermano Raúl Castro en julio de 2006, sigue siendo una incógnita, aunque en los últimos tiempos varios de sus colaboradores han expresado que su rehabilitación avanza y que perfectamente podría ser reelecto en sus cargos por cinco años más.

A comienzos de diciembre, Castro fue propuesto como candidato a diputado en las elecciones al Parlamento que se celebrarán el 20 de enero. Éstas desembocarán en la constitución de una nueva Asamblea Nacional antes del 5 de marzo, que habrá de elegir entre sus miembros al presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, cargos que hasta ahora siempre ha ocupado el Comandante.

A juicio de diversos analistas, las últimas palabras de Castro, en las que por primera vez deja las puertas abiertas a su sucesión definitiva, no son relevantes sólo por eso, sino porque se inscriben en un contexto general de cambio en el país. En los últimos meses, millones de cubanos han participado en un gran debate nacional alentado por el presidente interino, Raúl Castro, sobre la necesidad de introducir "cambios estructurales y de concepto" en el sistema para que la revolución sobreviva. El debate demostró con claridad que la sociedad reclama transformaciones profundas, económicas y sociales, pero también políticas, y cuanto antes mejor.

Cada vez con más fuerza, los llamados al cambio y al debate se hacen oír incluso dentro de las propias estructuras oficiales. Destacadas figuras del Partido Comunista, como el responsable de cultura en el Comité Central, Eliades Acosta, o el histórico Alfredo Guevara, presidente del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, han convocado a sus compatriotas a rehuir el "pensamiento único" y "repensar" entre todos la revolución cubana.

"Hay muchos problemas, materiales, de salario, de derecho, que son como bombillos rojos que nos indican la necesidad de cambios", dijo Acosta en una reciente entrevista, en la que reclamó luchar por una sociedad que "hable de sus problemas en voz alta, sin temor, en la que los medios reflejen la vida sin triunfalismo, en la que los errores sean ventilados públicamente para buscar soluciones". De igual modo, Guevara -y otros como él- identifica el "inmovilismo" como el peor cáncer que puede corroer la revolución y convocan a sacudir al país de "adherencias indeseables y hacerlo hasta la raíz".

En medio de este debate, no exento de tensiones y de fuerzas centrífugas como la derrota de Hugo Chávez en el referéndum del pasado 2 de diciembre -que en la isla ha dejado claro que no se puede depender de factores externos, y que ahora más que nunca Cuba debe emprender los cambios-, el último mensaje de Fidel Castro ha abierto expectativas. "Mi más profunda convicción es que las respuestas a los problemas actuales de la sociedad cubana (...) requieren más variantes de respuesta para cada problema concreto que las contenidas en un tablero de ajedrez", dice el mandatario.

En otro fragmento de la carta, en el que, con su singular lenguaje parece decir que es plenamente consciente del reto al que se enfrenta su país, afirma Castro que "ni un solo detalle se puede ignorar, y no se trata de un camino fácil, si es que la inteligencia del ser humano en una sociedad revolucionaria ha de prevalecer a sus instintos". Si 2008, como aseguran los analistas, será un año decisivo para la revolución cubana y estará signado por el cambio, nadie duda de que Castro, se retire o no, será protagonista.

[La portavoz de la Casa Blanca, Dana Perino, calificó ayer la carta de Fidel Castro como "interesante", informa Reuters].

diciembre 17, 2007

De lágrimas y risas

Para llamarnos la atención, los asuntos están condicionados a ser al mismo tiempo de lágrimas y risas. Me voy a referir a una realidad lamentable pero graciosa. De entre todos los medios informativos mexicanos, sólo la prensa escrita dedica día con día algún espacio a los hechos culturales. De por sí bastante reducidos, es evidente que estos espacios están entrando en una crisis más alarmante: una etapa a-crítica. Suscribo el siguiente aserto Gabriel Zaid: “Se entiende que los mexicanos interesados en la cultura estén sobre todo en las universidades públicas y el Estado, y que lean La Jornada. ¿De dónde viene que La Jornada pese tanto, cuando se toman decisiones importantes para el país? No de su escasa información e informaciones predecibles, sino del rasgo que la distingue: le da más importancia a la cultura que los otros periódicos” (Letras libres/noviembre/2007).

Después de un año de sesudos desvelos, hace unos días Sergio Vela, director de Conaculta, presentó por fin su (¿tan esperado?) programa de trabajo para el próximo lustro. El texto íntegro se encuentra en la página electrónica del ente gubernamental. Me puse a leerlo y, haría mal no diciéndolo, en realidad promete mucho; lo malo es que la mayoría de las propuestas que ofrecen los políticos parecen sensatas hasta que las llevan a la práctica, con resultados penosos. Pues bien, son 8 las líneas generales de trabajo. En realidad, todas suenan a lo mismo que han prometido todos los gobiernos todos los años. Que esparcimiento, que inversión, que equidad, que diversidad, que fomento, que estímulos, etcétera. Algún intelectual se quejó porque a su juicio, el programa quinquenal no significa otra cosa que continuidad a las anteriores políticas de gobierno. Carajo. ¿Quién los entiende? ¿No se quejan porque llega un gobierno nuevo y corta de cuajo con lo que hizo el anterior? Pero es verdad que el gobierno anterior no hizo más que pasar de noche. Ahora bien, la más hilarante promesa de Sergio Vela es la “Promoción cultural nacional e internacional”. Y es que ha propuesto las aún más hilarantes “nuevas estrategias de programación artística y cultural para lograr una oferta equilibrada, de calidad y más accesible para el público de todo el país”. Hace unos días estuve en Xitejé, un pueblito perdido de Hidalgo. Con trabajos había agua y electricidad. ¿Igualdad cultural entre un chilango y un paisano de Xitejé? Pero todas y cada una de las grandiosas metas artístico-culturales para el lustro entrante, pueden revisarse en otro sitio.

Lo interesante es prestar atención al tratamiento que hicieron los medios informativos del Programa Nacional de Cultura. Con diferentes intereses, todos los periódicos mexicanos “cubrieron la nota”.

Y en la visión de El Universal, el gobierno de Calderón se comprometió a garantizar la libertad de expresión artística. Interpretación periodística que no merece comentarios: la tonta censura gubernamental carece de vigencia en nuestro país. Más interesado por las estructuras económico-sociales, El Financiero consideró oportuno insertar esta cosa cultural dentro de la lógica de crecimiento a mediano plazo del gobierno calderonista. “Redefinirá Plan Nacional de Cultura Políticas Públicas en la materia”, es el título de la noticia. El diario Milenio se preocupó por criticar el miserable aumento a los consejos de cultura estatales. Quince millones más para cada estado en los próximos años; poco, ciertamente. Pero todos estos periódicos son los que tienen a la cultura y el arte por mero trámite. ¿Qué dijo La Jornada? Lo cierto es que sacó la información en su primera plana; algo que ningún otro periódico se permitió hacer. Pero fiel a su visión maniquea en la que el PAN siempre está en el error, el diario criticó el hecho de que “Calderón demanda generar ingreso con la riqueza cultural”, esto es, no fijarse otras metas que lo económco. Cierto es que el actual gobierno confunde la magnesia con la gimnasia y piensa que la cultura son excursiones familiares a Teotihuacan; sin embargo, siendo La Jornada el diario que presta mayor interés a la cultura, lo cuestionable es que vea monstruos donde sólo hay oscuridad: y es que lo que careció la presentación del Programa fue de información: ¿cómo se van a cumplir tan exageradas metas?

Excepción hecha por La Jornada, no hay que esperar que ningún diario se dé a la tarea de averiguar a fondo cómo el gobierno piensa cumplir estas metas. Lo peor es que cuando lo haga, es infalible que saldrá con que es un error todo lo que piensa hacer el gobierno panista en materia cultural. Tal vez sí. En todo caso, haría falta información para saberlo. Pero dejaría de ser un hermoso asunto de lágrimas y risas.

diciembre 12, 2007

¿Debe la cultura ser rentable?*

*Por Rafael Pérez Gay.


Un año después de tomar sus posiciones en el gobierno federal, los funcionarios culturales han terminado el Plan de Cultura del sexenio de Felipe Calderón. No hay muchas sorpresas en esos legajos, su nervio repite el credo del Conaculta alrededor de lo que Sergio Vela llama ocho ejes que en realidad son tres: protección del patrimonio, diversidad cultural y promoción.

La novedad es que vincularán la cultura con el turismo para generar ingresos a partir de la riqueza cultural del país. Esos ingresos vendrán, dijo el Presidente, “a través de la expansión del turismo mexicano, no sólo y no estoy seguro si fundamentalmente de sol y playa, sino, precisamente, turismo cultural acerca de lo que somos, acerca de lo que hemos hecho, acerca de nuestros colores, de nuestros sabores, de nuestra gente”.

Se trata de una novedad más bien pobre, poco conceptual, que imagina la cultura como un paseo por las pirámides. Aunque expresado sin mucha claridad expositiva, el Programa Nacional de Cultura 2007-2012 tiene una novedad: que la cultura sea rentable; esa será la marca de agua de la política cultural del sexenio; en esto, al menos, la meta es clara, que la cultura deje dinero y no al revés: que el dinero produzca cultura.

¿Debe ser rentable la cultura? La pregunta ordena las dos posturas de las políticas culturales en el mundo. De un lado están quienes sostienen que los bienes y servicios culturales deben competir en el mercado, ese conjunto de operaciones de compra-venta realizadas en un lugar público, y bajo sus leyes explícitas e implícitas. La otra escuela propone la excepción cultural, es decir, una ley que excluya los productos culturales del libre tráfico de bienes y servicios, una ley que distinga los libros de los refrigeradores, el cine de la industria del cemento, el teatro del negocio de la telefonía. Durante el gobierno de Lionel Jospin, la ministra francesa de Cultura, Catherine Trautman, lo dijo así: “La diversidad cultural es nuestro objetivo, la excepción cultural es el medio jurídico para lograrlo”.

La expresión primera y última del dinero es la rentabilidad, se llama mercado y decide como le da la gana y a la trompa talega. Cuando se habla de mercado me gusta citar a George Steiner, el gran crítico de la cultura: “El olor del dinero infesta todos los países. Francia, Alemania, Inglaterra. El grito del dinero y sus exigencias dominan las universidades, el arte, la producción teatral, literaria. Todo está en la palabra rentabilidad: ¿es rentable?, se preguntan en todas las esquinas. La respuesta es negativa. Ningún pensamiento digno de ese nombre ha sido rentable, aunque sea sólo una vez. Muy al contrario, siempre se ha inclinado hacia un déficit” (el enemigo acérrimo de la excepción cultural es el escritor francés Marc Fumaroli; su libro El Estado cultural. Ensayo sobre una religión moderna, publicado en español por Acantilado, es una pieza notable de análisis cultural).

El cineasta español Fernando Trueba defendió en su momento la excepción cultural con este argumento: “Para que la libertad de elección del espectador exista hace falta primero que exista una oferta variada, que exista otro cine, y no sólo el de las grandes compañías americanas que controlan prácticamente todo el mercado audiovisual en España y en el mundo entero. No sólo controlan la producción, sino, lo que es más grave, también gran parte de la distribución y la exhibición”.

Puestas así las cosas, el Plan de Cultura propone una mezcla extraña: que el mercado decida, es decir, que la cultura sea rentable, y que al mismo tiempo el Estado cultural obedezca al mecenas que proyecta su sombra. Que la cultura genere ingresos, pero mientras les aumentamos 25% a los creadores, mejoramos los servicios en las zonas arqueológicas, fomentamos la lectura haciendo crecer al Estado editor de libros que nadie lee, producimos algunas películas para taparle el ojo al macho, en fin, refrescamos nuestras relaciones con la comunidad cultural.

El presidente Calderón y Sergio Vela han dejado pasar una oportunidad de oro para darle profundidad al concepto de política cultural en México. Era la hora de hablar de mercado, excepción, libros, cine, teatro, y acabamos hablando de turistas. Traer dinero a la cultura contándoles a los turistas quiénes somos los mexicanos. Qué barbaridad.

diciembre 10, 2007

Revista Espiral

Como todas las buenas cosas, sucedió por equivocación. Buscaba algo en Internet y se interpuso en mi camino ese vínculo. Apachurré el botón y me encontré con la revista. Se llamaba Espiral y tenía varios textos interesantes, de literatura y filosofía principalmente, además de una destacada entrevista hecha por una tal Elena Méndez, culichi -ningún albur ni referencias corporales, sino nacida en Culiacán. Pues bien, la sección de colaboraciones enumeraba las características que debían tener los textos para ser publicados. Mandé un cuento y no pasó nada.

Al poco tiempo, conocí virtualmente a Elena Méndez, la artífice de que exista Espiral; me confirmó que el texto aparecería en un número futuro. Estoy hablando de hace unos cuantos meses. Le dí las gracias, sinceramente, porque a mi lado están plumas destacadas de la emergencia literaria mexicana. Varias veces -siempre por internet- hablé con Elena, elogiándole que Culiacán sea tierra de jefes. En fin, que desde mi punto de visa nos hemos hecho buenos aunque distantes y cibernéticos amigos.

Hace un par de días, recibí en mi correo la notificación de que "Estación Pantitlán" mi diminuto texto !por fin! había sido incluido en la edición 14 de Espiral. A Elena, mis agradecimientos pero, principalmente, mis felicitaciones por tan honesto proyecto cultural.

La casa chica

No es necesario estar casado y serle infiel a la pareja para que alguien tenga su “casa chica”. La situación tiene una íntima dependencia con significado de que se dote a esa frase. En mi caso particular, tuve una casa chica en el pueblo minero de Real del Monte. No estoy casado, no tengo pareja, no tengo hijos, o sea: en estricto sentido, nada me impide tener un sitio alejado adonde poder llevar amigas y, una vez borrachos, hacer el amor.

Originalmente renté en Real del Monte porque deseaba enclaustrarme y leer los fines de semana. Efectivamente, durante un tiempo llegaba los viernes muy entrada la noche y al otro día me despertaba hasta media mañana, pasaba la tarde leyendo, y el domingo, no sin desayunar un pesado caldo de mariscos, me volvía a la ciudad para trabajar. Pero seguramente abrí la boca en alguna ocasión, la verdad no recuerdo, lo cierto es que todo mundo se enteró que rentaba una cabañita en Real del Monte. Pronto, a las interminables y escandalosas fiestas en la cabañita comenzaron a llegar los más inverosímiles invitados. Estudiantes de artes plásticas apestando a mugre reconcentrada. Escritores que no escriben. Muchachitas hermosas y muchachitas espantosas. Desgreñadas casi todas. Y alguna que otra vez, personas inteligentes y mis grandiosos amigos. Me gustaba aquello, en realidad: más aún porque cada vez había la posibilidad de conocer alguna chica y, con algo de suerte, llevársela a la cama. Sólo entonces se toma conciencia de la posibilidad que encerraba poseer aquel alojamiento.

Probé invitando a una amiga de la facultad. El garlito: estudiar cualquier idiotez. Cayó en la trampa. ¿O caí yo? ¿Cuál de los dos empezó a depender del otro? El caso es que llegó con puntualidad y se quedó a dormir. A la siguiente semana también, y otra y otra vez. Hasta que nos aburrimos. Pasaron unas semanas de nueva tranquilidad y me dio por invitar a otra amiga, ésta más atractiva y aparentemente con todos los tornillos en su lugar. En realidad, ella tenía novio y por aquel entonces yo salía seriamente con alguien. Lo bueno fue que de su parte nunca hubo ninguna proposición para formalizar nuestros encuentros subrepticios. ¿No era acaso una señal de verdadera madurez? En todo caso, nos bastaba con vernos cada vez que se nos antojaba estar juntos y punto. No puedo rememorar esas noches, sin traer a mientes esa horrible y escandalosa canción de adolescentes desesperadas, que una vez pusieron en cierta fiesta de la cabaña: decía, a saber, “y me gusta… y me encanta… el sexo sin amor”. Tonta tonadita con la que, duele admitirlo, comencé a identificarme…

Ahora bien, el problema se suscitó cuando llevé a mi novia formal a aquel alojamiento. Llegamos por la noche a ver películas. Como nos veíamos poco porque ella vivía en una ciudad y yo en otra, nuestros cuerpos no desperdiciaban ninguna oportunidad de estar solos. La primera película la había elegido ella. Casi ni me prestó atención, viendo a Brad Pitt. La segunda era una elección mía. Ni sus besos en mi cuello me apartaron un segundo de la pantalla. Pero a la hora de la verdad -los cuerpos dispuestos para el amor- por mi parte me sentí tan hideputa que no puede por menos de romper en llanto. Por su parte, ella me quería tanto, que se contuvo las ganas de preguntar qué me pasaba y se limitó a enjugarme las lágrimas. Nunca olvidaré que en sus ojos vi con toda claridad los rostros de todas las amigas que habían compartido conmigo esa cama. ¡Cómo no ponerme a llorar si había llevado a mi amor al mismo sitio en donde lo burlaba! Que me ocurriera eso es la confirmación de lo que dije al comienzo.

En rigor, no le era infiel a mi novia –pues meses después me enteraría que ella también tenía sus amoríos. De modo que la cabaña no era mi casa chica porque engañara a otra persona, sino porque me mentía a mí mismo. Hasta ahora logro comprender que acaso por una inconsciente mojigatería, me daba miedo invitar a mis amigas a la casa de la ciudad, prefiriendo llevarlas a una cabaña perdida. Llevaba una doble vida, pudiendo llevar una sola. Insisto en que, sin estar casado, estúpidamente había optado por tener mi “casa chica”. ¿Cuántos funcionarios públicos, padres de familia, estudiantes mediocres, periodistas corruptos, no tienen vidas semejantes a casas chicas?

diciembre 02, 2007

Una linda contradicción

La Universidad de Hidalgo confirió el doctorado honorífico a Miguel León-Portilla. Se le entregó, concretamente, por sus incansables investigaciones a propósito de fray Bernardino de Sahagún. Y es que el fraile leonés habitó hacia 1547 en el convento de San Francisco de Asís, municipio de Tepeapulco. De este modo, fue el triángulo conformado por León Portilla, Bernardino de Sahagún y el municipio hidalguense, lo que movió a que el Consejo Universitario le concediera la medalla.

A primera vista, el doctorado honoris causa no parece nada interesante. ¿Qué importancia puede tener un reconocimiento concedido por una universidad caciquil, cuando el renombrado historiador ha sido distinguido por un sinfín de instituciones mil veces más prestigiadas? De hecho, parece contradictorio que una universidad centralista reconozca a un defensor de lo marginal. Como sea, lo interesante de la distinción es que pone en el centro de los reflectores una forma de concebir la situación de los pueblos indígenas.

Antropólogos y lingüistas, historiadores y humanistas en toda la línea, tanto el fraile franciscano en el siglo 16 como León-Portilla en nuestros tiempos, pueden describirse del mismo modo: estudiosos de las formas culturales reinantes entre la gente marginada. Aunque ha quedado atrás la atávica idea de que la cultura es teatros, museos, pinturas, libros y todo eso…, deseo precisar que la cultura en términos antropológicos es, por ejemplo para Daniel Bell: “un proceso continuo de sustentación de una identidad mediante la coherencia lograda por un consistente punto de vista estético, una concepción moral del yo y un estilo de vida que exhibe esas concepciones en los objetos que adornan a nuestro hogar y a nosotros mismos, y en el gusto que expresa esos puntos de vista ”; o para Inglehart: “los valores, las creencias, las capacidades y la gregariedad de los miembros de una sociedad determinada.” Pues bien, si la cultura en general es todo lo que gira en torno del Hombre, la cultura de los marginados indígenas en particular es todo cuanto rodea sus muy a menudo ignoradas vidas diarias.

Cuando en el virreinato fray Bernardino de Sahagún vivía en Tepeapulco, se dedicó a una labor que en su tiempo pudo tacharse de descabellada. Desdeñoso de las informaciones oficiales, el fraile se puso a obtener datos de fuentes para entonces inverosímiles: los indígenas lugareños. Hacía entrevistas a todos, sacándoles conocimientos que sistematizó mediante el papel y la pluma. Como lo dejó en claro en sus obras (siendo primordial la Historia general de las cosas de Nueva España), lo que sabe la gente es una forma del conocer tan valiosa como cualquier otra. Es cierto que los conocimientos transmitidos por la gente pueden estar deformados por sus muy personales prejuicios, pero también es verdad que el fraile intuyó eso y supo sortearlo en sus trabajos: todo esto es de conocimiento general, merced a las obras de León-Portilla Bernardino de Sahagún (Ediciones Historia 16 y Quórum, 1987) y Bernardino de Sahagún, pionero de la antropología (UNAM-Colmex, 1999). Fiel a la línea antropológica diseñada por el fraile franciscano -preocupada por conocer qué ocurre entre los de abajo- León-Portilla no sólo es el más asiduo investigador de Sahagún: es el defensor por antonomasia de las costumbres indígenas. Desde que a mediados del siglo pasado escribiera primero La visión de los vencidos y después El reverso de la conquista, poco a poco se convirtió en el artífice de un sinfín de actividades dedicadas a los tan marginados indios del País, hasta terminar ocupando el grado de autoridad de esa antropología ejercida desde el punto de vista de las culturas indígenas.

Es todo esto lo que dota de un cariz significativo a la medalla que la UAEH le otorgó al historiador. Significa poner lo marginal en el centro -para usar las palabras que Carlos Monsiváis mentara en otro contexto. Pues desde el punto de vista oficial, no dejaría de ser contradictorio que una universidad centralista distinguiera a un investigador del indigenismo.

diciembre 01, 2007

Pateando el pesebre

Góber precioso

A propósito del caso Lydia Cacho-Góber precioso, de nuevo confirmo que un diario del Grupo Milenio (para el cual trabajo) es cada vez más vergonzante. Basta echar una mirada aquí, para saber a qué me refiero cuando digo que la razón me asiste cuando despotrico del lugar en donde presto mis servicios periodísticos, o en otras palabras, cuando pateo el pesebre...

noviembre 28, 2007

Columna




Me tomo la libertad de reproducir la columna semanal de Rafael Pérez Gay, que dio en titular Del Paso, el premio y la feria.












La memoria hace lo que le da la gana con nosotros. Por esta razón, no recuerdo si en el pasado, en alguna de las emisiones de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el Presidente de la República asistió a la inauguración de la feria y entregó personalmente el premio Rulfo o premio FIL al escritor galardonado. En esta ocasión ha sido el presidente Calderón quien le ha entregado a Fernando del Paso el reconocimiento en compañía de Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez, ni más ni menos, uno de los grandes escritores de la literatura hispanoamericana y un clásico vivo del idioma español.

Aun cuando no faltó un piquete de militantes que le gritó “espurio”, Calderón se ha anotado un punto a favor de la legitimidad desportillada que su investidura sufrió en los conflictos postelectorales sobre todo entre la ruidosa y combativa comunidad cultural. Los organizadores se equivocaron invitando al Presidente, no tanto por pleitos políticos, sino porque no hay premio mayor que el reconocimiento de Fuentes y García Márquez. Nada como el hecho simple pero insondable de que ante el público los escritores reconozcan a otros escritores. Entre menos políticos, mejor.

Demasiada carga política en un acto cultural desdora el contenido de las letras y debilita el espíritu del premio. Y eso fue lo que ocurrió en la inauguración de la FIL. A Del Paso, desde luego, no le falta reconocimiento, pero no necesitaba añadirle la bruma polémica a su premio. Hace unos meses, la revista Nexos realizó una encuesta sobre las mejores novelas de los últimos 30 años en México. Sesenta escritores y críticos contestaron al cuestionario. Noticias del Imperio ganó el primer lugar por muchos votos arriba del segundo lugar. Los lectores leyeron en esta obra el drama de la locura y la derrota política, el manejo eficaz de distintas técnicas narrativas: el monólogo interior, los planos temporales superpuestos, la urdimbre del poder y el conocimiento histórico, la idea de la novela como una catedral emblemática de una época y, sobre todo, la reputación definitiva de Fernando del Paso como uno de nuestros escritores mayores. El premio FIL reconoce la vocación de grandeza, la ambición y la destreza de un novelista desmesurado.

Yo recordaba a Del Paso como un lopezobradorista combativo y un escritor convencido de que en las elecciones del año 2006 se cocinó un fraude que le robó a López Obrador la Presidencia de la República. Hay que tener cuidado con la palabra coherencia; nadie es tan coherente como supone, ni tan consistente como quisiera, pero si Del Paso sigue pensando lo mismo, simplemente no debió aceptar el premio de manos de Felipe Calderón. Según su propia versión de los hechos, él ha recibido el pequeño desprendimiento de un fraude, salvo que el escritor haya cambiado de parecer. El autor de Palinuro de México ha insistido en que hubo un fraude y declarado a La Jornada que “hay que colocar cada cosa en su lugar. Si hubiera sido un mitin político claro que me dan ganas (de decirle algo al presidente Calderón), pero si voy a recibir un premio de literatura…”. Muy bien, cada cosa en su lugar y asunto arreglado. En la misma entrevista, Del Paso afirmó que tiene mucha simpatía por Hugo Chávez y que está muy preocupado por su pueblo.

Durante su alocución, el presidente Calderón se refirió a la necesidad de una legislación que fortalezca al libro y la lectura. De pasada, repitió algunos lugares comunes de las políticas públicas sobre el asunto: impulsar el fomento del libro, renovar el acervo de 6 mil salas de lectura, fortalecer las bibliotecas, atender el Bicentenario que ya viene, diseñar colecciones de distribución masiva. Buenas y viejas intenciones, pocas ideas, ningún concepto. ¿Qué faltó según mis cuentas inconformes? Hablar del precio único del libro vetado por Vicente Fox y sus asesores, para abrir boca. Luego, dedicar un minuto, quizá difícil, a debatir lo que en otros países se discute desde hace años: la excepción cultural entendida como una posible ley que distinga y excluya los productos culturales del libre tráfico de bienes y servicios.

La excepción es el marco jurídico de una idea imprescindible: diversidad cultural. Sé que es mucho pedir, pero el Presidente pudo dedicar unas palabras a la forma en que la cultura puede en muchos sentidos corregir los excesos del mercado. Nada de esto y mucho de lo otro: el presidente Calderón hizo su agosto entregando el premio FIL en compañía de tres luminarias de las letras, Del Paso recibió su premio y dijo que cada cosa en su lugar. Así ha empezado la feria de libro más poderosa de habla hispana, donde por cierto hasta el ego más modesto masca rieles.

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Desde chico tenía ganas de escribir un diario, o algo así. Pero era cosa de niñas. Este blog es lo menos afeminado que encontré.

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