El blog de Luis Frías

marzo 23, 2008

Semana Santa a lo porno

Aunque todos los miembros de la familia trabajan, las vacaciones les dieron un tiempo para venir de visita a Hidalgo. Y tuve la oportunidad de compartir la mesa con todos ellos: el papá, la mamá y los hijos. Aun cuando son gente de muy pocas palabras, no les faltó saliva para detallar las habladurías que corren por allá a propósito de un escándalo sexual en que está metido el gobernador de su estado. Como si contaran algo muy grave, bajaron la voz y me secretearon que a ese político lo acusan de ser gay, y que las fotos en los periódicos con su linda familia son una farsa. Qué aburrido, pensé. Seguimos comiendo y me sentí tentado a traer a la mesa un asunto también sexual, pero de mayor vuelo: el caso del malhadado gobernador de Nueva York, Elliot Spitzer, quien perdió el trabajo por meterse a las cobijas con alguien que no era su mujer. Me resistí a sacar el tema entre las tortitas de camarón y el caldo de pescado que estábamos comiendo. Eso sí que los hubiera hecho llevarse las manos a los oídos y ponerse a rezar; después de todo, el fin de semana religioso era muy apropiado.

Hace dos semanas que el tema, intrascendente en mi opinión, salió a la luz pública. Pero desde entonces ha cobrado la efervescencia que sólo consiguen las noticias provenientes de las alcobas de los políticos. El hecho es que la prensa gringa lanzó el dardo al informar de las ligas entre el (hasta entonces) gobernador de Nueva York y una exclusiva agencia de meretrices. Una investigación del FBI fue lo que puso las cosas al descubierto.

Averiguando delitos vinculados con prostitución, la inteligencia gringa reparó en que existía un sospechoso consumidor de servicios sexuales. Comunicó los detalles. Uno, escondía su verdadera identidad haciéndose llamar Cliente 9. Dos, echaba mano de la exclusividad que ofrecía Emperor’s Club VIP, la lujosa agencia de prostitución. Y, sobre todo, tres: su edecán del amor predilecta era una chica de 22 años cuyo nombre artístico es pura pedrería fina, Kristen. Y es que sin ser una grandiosa belleza y sin estar buenísima, posee cualidades que la convierten en una chica muy tentadora para el gobernador de cualquier lugar del mundo. Hay que comprender a Spitzer. Además estar tocada por un sensual aire italiano, la bronceada prostituta es de cejas negras, de labios carnosos, su figura es esbelta pero no flaca, y lleva puesto un tatuaje de dragón en el hombro izquierdo; cosa más preciosa todavía: sus piernas son kilométricas. Pues bien, tal humanidad era lo que consumía el político de Nueva York. ¡Cómo no pagar los 4 mil 300 dólares que cobraba la princesa por amar 60 minutos cronometrados!

No pasaron más de unas horas entre que todo esto se dio a conocer y en que el alcalde tuvo que aparecer públicamente, con el rostro pálido y llevando a su esposa del brazo, para pedir disculpas. Puso una cara compungidísima, estaba a punto de romper en llanto y no es descabellado suponer que le sudaban las manos. “Pido perdón, primero y más importante, a mi familia”, se disculpó frente a las cámaras. “Pido perdón al público al que prometí algo mejor. He desilusionado y no logro vivir de acuerdo con los estándares que yo esperaba de mí mismo. Debo dedicar ahora un poco de tiempo a recuperar la confianza de mi familia”. Pero de nada le sirvió todo eso, ni decir que no consideraba oportuno renunciar a su cargo, porque de todas formas tuvo que dimitir y dejarle el puesto a un político débil visual. Puedo imaginar lo que pasó por su cabeza esa noche. “Me quedé sin puta, sin vieja y sin trabajo. Y por si fuera poco, cabrones, me suplantan con un ciego”.

Pero, de la misma forma que en el apotegma popular, con todo esto se hizo leña del árbol caído. Cuando algo absurdo se trata con gran seriedad, acaba levantando puras carcajadas. Y a Spitzer le empezó a llover sobre mojado; después de la tormenta, el cretino sostuvo que tenía pensado volver a ganarse la confianza de su familia y, adicionalmente, planeaba acudir a una terapia para no depender más del sexo pagado. Jajajá. No podía ser más hilarante. Ahora bien, una cosa sí resulta notable. Era de sospecharse que Kristen se iba a convertir en el foco de interés de Norteamérica, como efectivamente sucedió. Más rápido de lo que canta un gallo, se conoció su verdadera identidad. Su nombre de pila es Ashley Alexandra Dupre y nació hace 22 años en Nueva Jersey. Siendo niña acariciaba el deseo de convertirse en cantante musical. No alcanzó el estrellato a través de sus dotes para la música, pero ha logrado lo que pocas a tan cortas 22 primaveras. Ser, aunque sea fugazmente, el icono sexual de la Gran Manzana.

Y es que tras de sí, Kristen ha desatado un alud de contenidos altamente estimulantes. El asunto tiene de todo. Desde el desvanecido ofrecimiento de un millón de dólares para que se desnudara e hiciera actos lésbicos, hasta la posibilidad de convertirse, después de todo, en la cantante que siempre quiso ser.

La distribuidora de DVD para adultos Girls Gone Wild (Las chicas se vuelven locas, en inglés) le había ofrecido tan jugosa suma a cambio de aparecer desnuda en su portada, además de hacer honor a la publicación, haciendo idioteces en público con su sexo. A Kristen, empero, la suerte no le sonrió mucho. Acaso queriendo hacerse la interesante, pero lo cierto es que Kristen dejó con el ofrecimiento en la mano al editor porno Larry Flint. Craso error. Al rebuscar entre su videoteca porno, Flint descubrió que Kristen ya se había quitado la ropa ante sus cámaras. El hecho fue que quiso celebrar su cumpleaños 18 en Miami y terminó sin ropa, besándose con otra chica, adentro de un camión de grabaciones de Girls Gone Wild: todo esto, con firmas legales de por medio. Pobre chiquilla. Le queda el consuelo de otros ofrecimientos en publicaciones porno, y las millonarias visitas que está teniendo su página en Internet.

Sigo convencido de haber hecho bien al ocultarle esta historia a mis amigos norteños. Qué hubieran pensado al enterarse de que todo este embrollo pornográfico ocurrió en la mismísima Semana Santa.

marzo 16, 2008

A propósito de Tulancingo

Tulancingo es mucho más que extensos pastizales y conductores respetuosos. Aquí no sólo hay mujeres lindas y rancheros que exportan leche y sus derivados. Tampoco es sólo la cuna de personajes de la historia reciente: baste el de oficio luchador Rodolfo Guzmán—El Santo, el enmascarado de plata—, el irreverente guacarrócker y fundador de Botellita de Jerez, Francisco Barrios El Mastuerzo, o los novelistas Agustín Ramos y Ricardo Garibay: este último, notabilísimo no sólo por su obra sino por sus contagiantes maneras furibundas. No.

El valle de Tulancingo es una de las piedras de toque en el curso de la historia de Hidalgo. Y es que aquí han ocurrido cosas cuya singular importancia se puedne conocer sumergiéndonos en la historia y la antropología.

De la Síntesis de la guerra de Independencia en el estado de Hidalgo de Víctor Manuel Ballesteros, se desprende que Tulancingo, ocupada por realistas, fue una ciudad que opuso notable resistencia a los ataques de los insurgentes; en la provocación insurgente de 1812 a Tulancingo, los realistas se mantuvieron firmes, con lo que orillaron a los cabecillas insurgentes a retirarse de la ciudad y replantear sus ataques. Notable ejemplo de resistencia de los tulancinguenses.

En otro breve tomo –Síntesis de la creación del estado de Hidalgo- Ballesteros también sostiene: “Una ciudad de gran importancia económica y por supuesto política en el nuevo estado era Tulancingo, sin embargo los liberales sentían cierta aversión a designarla capital, porque desde 1862 era la sede del obispado, y hay que recordar que el obispo e Tulancingo don Juan Bautista Ormaechea, había colaborado estrechamente con el Segundo Imperio”. De lo contrario, Tulancingo quizá hoy sería la capital del estado. “Las ciudades de mayor importancia eran sin duda Pachuca y Tulancingo”, continúa Ballesteros párrafos adelante, “el valor catastral de estas ciudades representaba el 59% del total de las propiedades urbanas del estado”, en las postrimerías del XIX.

En fin, el hecho es que de los múltiples materiales que dan cuenta del variopinto Tulancingo, sólo algunos poseen el rigor metodológico que los hace dignos de traerse a cuento. Están la Descripción de Francisco Ortega, los Apuntes del Licenciado Cossío y Soto, los aportes de Teodolmiro Manzano, y estas obras recientes: Páginas de Tulancingo y Cartografía histórica de Tulancingo. A esta lista a la que se suma Tulancingo, pasado y presente, volumen de reciente aparición.

Más que un exhaustivo estudio sobre esta área, el tomo agrupa ocho textos que van de lo estrictamente basado en datos históricos, hasta la interpretación de procesos religiosos, pasando por la revisión de alguna curiosidad local.

Está incluido un estudio a cerca de la conformación geopolítica de Tulancingo. El texto remonta sus fuentes de consulta a la prehistoria, hasta llegar a los cronistas de Indias y a diversos códices. Sergio Sánchez y Gilberto Moraleshacen ver la evolución del Tulancingo geográfico por medio de fuentes prehispánicas.

En otro texto, Francisco Jiménez Abollado se refiere al Tulancingo de la Colonia. Especialista en la administración de Nueva España, Jiménez puntúa singularidades que tuvo la encomienda colonial en Tulancingo, al tiempo que habla de una conspiración protagonizada pro Hernán Cortés. “A la luz de las fuentes documentales que guardan diferentes repositorios documentales españoles y mexicanos, es posible y necesario efectuar el estudio profundo y sistemático que requiere este movimiento, que algunos… prematuramente quizá, han denominado como uno de los primeros estallidos en busca de la emancipación de la Corona española”. Es una conclusión que abre la puerta para otro estudio. Pues bien: es un texto con cierta erudición, pero muy asequible.

Aportación que me gustó mucho es “Tulancingo y el ferrocarril en el siglo XIX”. Como su nombre lo indica, se trata de un repaso de lo que fue el ferrocarril en la región. Con Porfirio Díaz, la modernización era la consigna del gobierno mexicano; siendo de principal interés el desarrollo de vías férreas, para el traslado de mercancías a lo largo y ancho de México. Y por Tulancingo cruzaban las vías del ferrocarril de Hidalgo y del Central. Es realmente interesante leer a través de Javier Ortega cómo las vías férreas han sido pieza fundamental de la economía, cultura y política de Tulancingo.

Mis inclinaciones, sin embargo, hacen que me interese en estudios de otro orden.

Por ejemplo, en "Los curas son los verdaderos diablos" del etnólogo Artemio Arroyo. Se nos informa dell personaje de Diego Agustín, que luchó para que los indios se emanciparan del poder opresor de los españoles. Pero el movimiento fue detectado por culpa de un delator. Se cancelaba temporalmente la gestación de algún movimiento indígena fortalecido y duradero.

Pero el sincretismo religioso y el arte son los temas que más páginas acaparan. De los 8 textos, la mitad aborda estos asuntos. Así, está “Representaciones rupestres en Hiztli-La Mesa”, texto en donde Alberto Morales pasa revista a los estudios previos sobre las pinturas rupestres de la región, y aventura aportaciones que no desmerecen. En “Dos santuarios representativos del estado de Hidalgo”, María Angélica Galicia se refiere a dos de estos sitios de advocación religiosa: uno es El Señor de las Maravillas del municipio El Arenal; el otro es Nuestra Señora de los Ángeles, éste sí en Tulancingo. La investigación es interesante, la redacción puede mejorar mucho. Los dos textos restantes son de lo mejor.

Uno es “Muéveme tu cuerpo tan herido”, que desde el título tiene resonancias religiosas que es lícito vincular con la poesía sacra de Santa Teresa de Ávila. Rosalba Ponce y Thania Meneses elaboran un texto difícil de clasificar, porque incluye testimonios, interpretaciones, datos históricos. Pero esta característica, lejos de entorpecer el ritmo del texto, lo enriquece.

Otro es “La persistencia de los dioses. El dios del Maiz”. A cuatro manos, Rosalba Ponce y Gabriel Espinosa se refieren al Señor del Colateral, un santo harto venerado en el municipio Acaxochitlán; santo al que vinculan con Cintéotl, el dios del maíz. Su trabajo interpretativo y sus fuentes, pero sobre todo su fina escritura, hacen que este trabajo sea el que más me gustó.

Ahora bien: que Tulancingo no es sólo lo que dice este libro, es verdad. Pero es cierto que tampoco se reduce a El Santo, o a El Mastuerzo, o al obseso de gloria que era Ricardo Garibay. De manera que el libro Tulancingo, pasado y presente se trata de una aportación más, humilde pero notable, a esta región de mujeres lindas que comen queso y conducen con precaución.

marzo 04, 2008

Ignorantes cultos; cultivados necios

A qué perder el tiempo enseñando literatura en las escuelas de México en los tiempos que corren, cuando las estadísticas indican que somos unos zafios en lo que a letras se refiere: las últimas noticias señalan que la gente no lee sino un promedio de 2.9 libros por año . Para qué pues malgastar el tiempo, si a los mexicanos decididamente no les interesa leer más que por asunto de supervivencia. En estas condiciones, querer que un mexicano deguste con alto sentido alguna obra de la literatura universal, es una pretensión punto menos que absurda.

Que yo recuerde, no ha habido año en que los funcionarios del Consejo Nacional de Cultura o de algún otro organismo oficialista dejen de darse golpes de pecho porque las cifras de lectura en el país son “alarmantes”, cuando no “realmente preocupantes”, o hasta el fondo: “profundamente inquietantes”. El año anterior y el que empieza no han sido la excepción. La singularidad es ésta: hemos dado el más lógico paso. Y es que no sólo seguimos sin superar ni siquiera en un ápice nuestras pírricas cifras de lectura anual, sino que ni siquiera comprendemos de qué diantre hablan los textos que tenemos en las manos. Digo “paso lógico” porque si en principio no leíamos, es naturalmente comprensible que enseguida perdamos la capacidad de entender lo que está escrito en las páginas; de manera que si por mera casualidad decidimos ojear cualquier texto, nuestro maltrecho entendimiento va a impedir que logremos comprender qué carajos están leyendo nuestras pupilas. Y me refiero a lo que dio a conocer la Organización para la Cooperación y del Desarrollo Económico. La cual no sólo documentó nuestra indiferencia de marras respecto de la lectura, sino que arrojó una nueva luz: lo poco que se lee es deficientemente entendido por los estudiantes de nivel básico. Y otra cosa: también en matemáticas son unos pelmazos nuestros escolapios mexicanos. ¡Qué bueno que no tengo hijos! En todo caso, la situación es de un morbo incontrastable; no quiero decir que sea motivo de alarde, pero sí que en el fondo de nuestras malas intenciones la cosa promete un sabor amargo digno de probar.

Lo más sensato es dar en pensar que la escasa lectura entre los mexicanos no se debe a unas cuantas de razones o, como se suele escuchar en la calle, “a que los alumnos son unos burros”, o “los maestros, unos pendejos”. O todavía peor: que la culpa es de un gobierno que nos ha enajenado mediante los bodrios que transmite Televisa. Bien vista, la situación puede pasar ciertamente por las políticas públicas aplicadas en materia de educación, pero es igualmente forzoso entenderla a la luz de una revisión de los planos histórico, psicológico, antropológico y aun filosófico de la mexicanidad. Y lo que es más importante: hay que empezar a poner (realmente) en tela de juicio el hermetismo de los propios intelectuales, cuyo feudo intelectual ellos mismos sacralizan hasta el punto de volverlo no sólo tan elitista como se sabe, sino impenetrable, refractario, imposible.

Mi pretensión no es otra que poner en duda la infalibilidad de ciertas actitudes que harto han echado raíces en la intelectualidad. Pues los cerrados ámbitos literarios son los culpables principales de que no se lea. Pero al respecto se han escrito un alud de páginas. De manera que conviene centrarse en un aspecto posiblemente más revelador. Una falsa noción que desde estos cerrados ámbitos literarios irradia hacia la generalidad, a saber: la idea de que se puede llegar a comprender la actividad literaria sólo a condición de ser un alguien cuyo bagaje lectivo sea merecedor a un premio en el libro Ginnes. Algo totalmente falso. Al menos por dos razones.

En primera, porque se trata de un sofisma autocomplaciente. Como los escritores son (deben ser: su trabajo es ése) lectores voraces cuyo trabajo “les ha costado”, consideran lo más natural exigirle a toda la gente que se ponga a leer miles de páginas sobre temas extravagantes. ¡Pero qué idiotez! Pues sofismas como éste disfrazados de axiomas lógicos, pueden ser perfectamente aplicables a todos los oficios: y de esta manera, todos los obreros, campesinos, traileros y prostitutas del país, querrían que nos pongamos a aprender su trabajo al dedillo. Imagínense.


Y en segunda, porque la literatura barata no deja de ser literatura, por barata que sea. O sea: nadie –tan cultivado como sea- tiene derecho a exigir que la gente guste de lo que él gusta. Ni los intelectuales más prominentes del país –o quizás sí, pero sólo ellos- pueden pedir que la gente adquiera niveles de profundización de acuerdo con tal o cual parámetro. Y ésta es precisamente la tragedia de la lectura en México: pensar que los mexicanos son unos zotes irredentos porque no leen lo que el centro de la cultura nacional desea que lean. Es una visión odiosa que
aun cuando siempre haya existido hoy día cobra cada vez más importancia ; y evidentemente la solución no va a llegar por la misma vía, esto es, por la imposición desde la cúpula de la Secretaría de Educación.

La solución al conflicto no es posible sino en el nivel de lo práctico. Esto es, desde los hogares, desde la actitud contestataria de la ciudadanía o bien, desde las aulas académicas. Los profesores y los alumnos son los que pueden mudar la forma en que adquieren conocimientos por vía de la lectura. Tienen la posibilidad de ver la literatura desde una óptica práctica; deben hacer a un lado los prejuicios elitistas que los propios escritores de la cúpula han impuesto. Sólo entendiendo a la literatura como una actividad más acorde a nuestros tiempos posmodernos, sólo así ésta saldrá del escollo en que está hundida.


Hay que dejar de lamentarnos cada vez que salga en los periódicos la noticia de que los mexicanos no leen y que lo que leen no lo comprenden en absoluto. ¡De pie y al puesto de revistas por cualquier bagatela que nos llame la atención! Eso va a ser la demostración de que leemos lo que queremos. Y en rigor, la lectura libre es la consigna de cualquier actividad intelectual.

febrero 28, 2008

La odiosa posmodernidad

Salvador Novo jamás imaginó que su nombre y su foto de perfil acabarían en la marquesina de una librería de viejo. ¡Mucho menos iba a sospechar que aquel local adoptaría como lema “En defensa de lo usado”, título de su ensayo más conocido! El lugar está en Avenida Universidad, a tiro de piedra del Metro Miguel Ángel de Quevedo. No es ésta la primera vez adquiero ahí algún que otro libro de segunda mano a precio inmejorable.

Desde que fui a la librería Novo por primera vez, trato de acudir asiduamente. Dan buenos precios, hay libros inencontrables, y te ves rodeado de algo que el propio Novo sentía: el morbo de tener en las manos un libro que perteneció a algún desconocido, y le despertó sensaciones insospechadas. Cosa que se acentúa si el tomo tiene anotaciones, o mejor aún, dedicatorias amorosas. Lo único malo de estas librerías es el servicio. Pésimo. Y es que, al revés de los establecimientos de tomos nuevos, cuyos serviciales empleados ganan más en la medida que te convencen de llevar más libros a casa, los locales de viejo los atiende su propietario: suele ser un viejo con cara de pocos amigos que no tarda en plantarse a tu lado para ver qué ejemplar tomas y cuánto tardas en echarle un ojo: como que no desea otra cosa sino que vuelvas a poner el volumen en su sitio y te largues de ahí, para que él pueda continuar tomando la siesta tras el mostrador. El caso es que en visita reciente me encontré con un tomo Sep-Setentas. Sociología del cine. 180 páginas a cargo de Francisco A. Gomezjara y Delia Selene de Dios. Es de 1973. Los meros años en que la rendija antropológica y sociológica tímidamente se abrían paso en el medio intelectual mexicano.

Mas el rápido desarrollo en materia antropológica de los últimos años ha hecho que rueden por tierra infinidad de afirmaciones que hasta no hace mucho seguían siendo verdades irrefutables. Más trascendente aún: lo que hacia los 70 era el hilo negro, en los tiempos que corren no pasa de ser una chochez. Ahora bien, esta situación es moneda corriente al pasar de una época a otra. Lo que es todo un acontecimiento es que un libro de esta variedad y hecho en los 70 se encuentre vigente. Y es que algunos asertos del pequeño libro son perfectamente aplicables al medio artístico –y ciertamente, cinematográfico- que hoy nos rodea. No será ocioso poner unos ejemplos.

Uno. “El arte por el arte o artepurismo está en boga. El arte ha conseguido por fin una verdadera independencia en cuanto su objeto: el placer estético. Es cierto, con el avance de la sociedad, el sistema industrial provee al hombre de nuevos satisfactores materiales y espirituales. El arte ve inconmensurablemente abiertas sus posibilidades creadoras y de comunicación masiva. Llega el arte a tomar conciencia de su papel implícito de buscador y transmisor de la belleza, entendiendo a ésta como armonía de la vida: el hombre y su obra al servicio del hombre”. Ejemplo notable por dos cosas.

En primera, porque es una interpretación en concordancia con la forma en que Octavio Paz y sus epígonos defienden al arte. Epígonos que hoy son las vacas sagradas de las letras mexicanas. Y en segunda, porque la actual tendencia artística nada a contracorriente de esa idea. Pues antes que alejarse de las cosas del presente político, económico o ideológico, el arte de nuestros días inclusive ha sido acusado de adicción a los hechos reales. Pero el libro da en otra llaga: la relación enfermiza entre el arte y el capitalismo. ¿Uno al servicio del otro?

El caso es que los autores sostienen que “el arte por el arte es de esta manera un engaño porque lo que sucede es que no llega a concebir, a tomar conciencia de esta manipulación del arte por la sociedad neocapitalista, consistente en convertirlo en un instrumento despolitizador del hombre” Resumiendo, dicen: “El arte bajo el capitalismo ha llegado a convertirse en una mercancía cuyo valor está determinado no por el valor de uso (gusto estético, humanizante) sino por el valor de cambio (arte de evasión de la realidad, formalista, sin contenido social)”. Quién negaría que estos vicios se echan de ver en un 90 por ciento de las películas gringas en cartelera.

Pero estas denuncias setenteras no encuentran respuesta sino décadas después. Fue preciso que en las universidades se pusieran de moda los estudios culturales; que se entrara definitivamente al multiculturalismo; que los estudiosos de la Escuela de Francfort se apoderaran de la escena humanística; hubo de suceder todo esto en la década pasada y en los momentos actuales, para hallar explicaciones a los aparentemente impenetrables mecanismos de la sociedad actual, cuyos engranajes parecen reservados a ejecutivos que manejan diminutos ordenadores en los rascacielos de Nueva York.

Pues bien, en este marco apareció el teórico por antonomasia del posmodernismo. Fredric Jameson. En Las semillas del tiempo, ha denuniado puntualmente una cosa de naturaleza repugnante. “El postfordismo pone a trabajar la nueva tecnología informatizada para diseñar sus productos a medida del cliente, en mercados individuales. Ciertamente, a esto se le ha llamado mercadotecnia posmoderna y puede pensarse que ‘respeta’ los valores y la cultura de la población local en tanto que adapta sus mercancías para que encajen en lenguas y prácticas vernáculas. Por desgracia, esto inserta a las trasnacionales en el corazón mismo de la cultura regional y local, y ahora se hace difícil decidir si ésta sigue siendo auténtica (y desde luego, si el término significa algo todavía). Es el síndrome de EPCOT elevado a escala global, y termina por devolvernos a la cuestión de lo crítico, puesto que ahora lo regional comotal se convierte en el negocio de las trasnacionales del estilo de Disneyland, que reconstruirán a usted su propia arquitectura activa, con más exactitud de lo que usted mismo sería capaz de hacerlo”.

Para confirmar lo que sostiene Jameson, basta con salir a comprar libros en un refrescante establecimiento moderno, más parecido al departamento de salchichas de Wal Mart, que a una biblioteca de la infancia. ¡Hay que acudir más a menudo a librerías de viejo! Precisamente en una de ellas encontré los libros de los que aquí he hablado, cuyas razones llevan a odiar a la posmodernidad.

Rehabilitación

El mundo es un aborto.

Los colores ya no son claros como antes.

El amor ya no se siente real.

Ya no sé quién soy y sólo me siento sorda.

No puedo más (. . . )

Mi vida es sólo una cubierta de aquello que alguna vez fue.

[Serie de palabras que -de acuerdo con el periódico ingles The Sun- emitió recién Amy Winehouse, ese fabulso engendro femenino de la música inglesa, al ser reingresada a una clínica de adictos.
]

febrero 18, 2008

Me mata la Wikilengua

Aunque desde hace semanas se presentó ese instrumento de Internet cuyo propósito es hacer lo menos complicado posible el uso del lenguaje español, resulta sumamente atractivo problematizar los que yo considero potenciales efectos odiosos de este utensilio. De ninguna manera busco parecer un amante a ultranza de las cosas del pasado: de hecho, yo defiendo las tecnologías que reducen los contaminantes del planeta, abogo por el uso generalizado de tangas diminutas, y creo que es mejor leer en el monitor de la computadora que en libros cuyas hojas terminan con los árboles, entre otras cosas. Lo que odio es ese deseo que tienen muchos de suplir nuestras carencias personales con instrumentos de la modernidad. A una cosa de éstas me voy a referir.

Su nombre es Wikilengua. Es un espacio en Internet creado por la Fundación del Español Urgente (Fundeu), con la colaboración de varias instituciones españolas que conocen la lengua con una profundidad de siglos. “Se trata -en palabras de Winston Manrique, del diario español El País- de un instrumento para cibernícolas y cibernautas, para novatos y expertos que quieran entrar en el cibercentro de conocimiento de un idioma hablado por más de 400 millones de personas, y que crece cada día como segunda o tercera lengua opcional de aprendizaje en el mundo.” Palabras apologéticas como éstas, sin embargo, no hacen sino que el proyectito nos parezca toda una grandiosidad. Conviene explicarlo en detalle.

De acuerdo con Álex Grijelmo, un prominente participante del proyecto y director de la agencia de noticias EFE, no se trata precisamente de un sitio de referencia. O sea: ahí no va a ser posible que hagas el planteamiento de cierta duda respecto del manejo de la lengua; tampoco puedes ponerte a comentar lo que opinas de ésta o aquella deformación de las palabras. No. Explica: “Es un cibercentro para todos, pero especialmente para profesores, autores, lingüistas, periodistas, traductores, estudiantes”.

Quién no ha accedido alguna vez a esa otra wiki decididamente más popular que es la Wikipedia. Sitio en donde es posible saber desde qué quiere decir una palabreja en desuso de los tiempos de Cervantes, hasta cierto término científico que designa a un descubrimiento reciente. Más sorprendente aún: ¡esta enciclopedia llega a ofrecer cierta erudición difícil de encontrar en muchos otros diccionarios a los que tenemos acceso la gleba! Pero el hecho es que la Wikipedia se puede consultar desde cualquier sitio por cualquier persona, al tiempo que puede ser manipulada por todos sus usuarios. De manera que es susceptible de recibir información no sólo laxa, sino incorrecta. Pues bien, el contraste con la Wikilengua es que ésta todos podrán consultarla desde sus computadoras pero sólo algunos podrán meterle mano. Aquellos que deseen aportar, sólo podrán previo llenado de un formulario. No sin razón han dicho algunos: “No tiene el espíritu completo de las wikis, que es ser completamente abierta y democrática”. Y es que precisamente el término wiki fue adoptado del idioma hawaiano para designar a los sitios web colaborativos, cuyo fin es que los usuarios interactúen, intercambien, aporten y se lleven mutuamente. No ocurrirá con la Wikilengua.

Sin embargo, la cosa más odiosa de este invento colectivo no es que servirá para corregirle con pragmatismo los errores gramaticales a los escolapios, dejando sin empleo a los profesores de educación básica que se empeñan en hacer que sus alumnos se graben cual discos rayados las normas para escribir con propiedad. Lo más peligroso es que puede acentuar una carencia de por sí descomunal. Guillermo Fadanelli ha dicho que no se lee sino por apremiante necesidad: sólo se revisan las contraindicaciones de los medicamentos, se echa un ojo al letrero en la carretera, o se lee el manual del automóvil nuevo, etcétera. Nadie lee nada. Pues bien, antes que venir a remediar las faltas a la correcta gramática de los flojos escolares, la característica más evidente de la Wikilengua es que tiene implícito un principio que contradice a ese apotegma clásico, según el cual leer libros engrandece el espíritu y muchas bondades por el estilo. En las que creo.

A propósito de todo esto, pagaría lo que fuera por saber qué diría Octavio Paz, quien sostenía que los escritores debían respetar, venerar al lenguaje pero habían de tener el valor de trasgredirlo. O Ricardo Garibay, quien sostenía pegando enfurecidos gritos en la televisión, que el hombre que no lee es la caricatura de sí mismo.

Deseo que la Wikilengua no prospere. Porque en la medida que crezca su aceptación entre los flojos usuarios de Internet, está garantizado el desuso de los libros en tanto objetos de consulta para aprender sobre el uso del lenguaje y de sus bondades. Y lo que es más, los libros de papel pueden no sólo dejarán de sacar de apuros a los escolapios; al mismo tiempo se verán despojados de sus bondades estéticas, educativas, culturales, históricas, morales, etcétera. Al menos, la literatura de las novelas, cuentos, poemas, ensayos…

Cuando se habla de las cosas de la modernidad –ciencia y tecnología, principalmente- las personas suelen concluir en un mismo lugar común: todo tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Pero si algo de bueno tiene la Wikilengua no tiene ninguna relación con su materia de estudio: el lenguaje. Flaco favor hacen al español los inventores de este juguete, al reducir al idioma a un mero conjunto de instrucciones para comunicarnos, despojándolo de su esencialidad cultural. Son muchas, en cambio, las cosas indeseables del invento. No hay que repetirlas. Prefiero ponerme a pensar en esas diminutas tangas asomándose por los pantalones de las lindas ecologistas, cuando marchan en contingentes de protesta contra la contaminación.

febrero 16, 2008

Yuri Herrera en El País

El suplementeo "Babelia" del diario español El País, ha publicado bajo la firma de la periodista Amelia Castilla el siguiente reportaje sobre Los trabajos del reino, notable novela escrita por el paisano hidalguense Yuri Herrera (Actopan, Hidalgo, 1970), en la que éste delínea con grande originalidad cierto retrato del narco mexicano mediante el personaje de un narcocorridista de poca monta que conoce al dedillo los entretelones de un negocio en que la figura absoluta es ese otro desconcertante personaje de El Rey:

"Lobo aprendió en las cantinas que los boleros admiten cara suavecita, pero que los corridos reclaman bragarse y figurar la historia mientras se la canta. También aprendió las siguientes verdades: hay un Dios que dice aguántese, las cosas son como son. Y, quizá, la más importante: apártate del hombre que está a punto de vomitar". Así era la vida del protagonista de la novela de Yuri Herrera Trabajos del reino, hasta que conoció a El Rey, uno de esos tipos capaces de llenar un espacio "con un aire de saberlo todo".
A Yuri Herrera (Actopán, México, 1970) le atraía la idea de escribir una novela sobre la relación entre el poder y el arte. No quería remontarse a la Europa del siglo XVI, así que empezó a frecuentar las tabernas y cantinas de Ciudad Juárez y a escuchar mucha música. Entonces vivía en El Paso (Texas), que comparte calle principal con Ciudad Juárez. Basta cruzar la frontera para estar en el otro lado. Ahí mismo, entre copa y copa, se le ocurrió que lo que más se parecía a un soberano era un narco y que el artista podría ser un escritor de corridos. "Claro que no todos los escritores trabajan para ellos pero muchos narcos tienen escritores a su servicio", cuenta el escritor por teléfono desde la Universidad de Berkeley, donde realiza los estudios de doctorado y da clases de escritura para los alumnos que estudian español.

Si Juárez, una ciudad fronteriza dominada por la violencia y la injusticia, fue su modelo de espacio en el que se moverían los personajes, Chalino Sánchez, compositor de corridos que murió a balazos -"lo levantaron", en mexicano -, fue el personaje en el que en cierto modo se inspiró para crear al protagonista. Herrera escuchó tantos corridos que incluso se sintió inspirado para redactar algunos. El corrido es un género muy importante dentro de la lírica mexicana, incluso antes de la revolución. Mucha gente se enteraba de los grandes acontecimientos por la música, especialmente aquellas noticias que no aparecen en los medios. Y así sigue. "El corrido goza de cabal salud. No sólo no han bajado en popularidad sino que se encuentran en YouTube y se actualizan cada día".

En Trabajos del reino huyó de cualquier tipo de data. En la novela no se mienta la droga, ni figura el nombre de ninguna ciudad, ni siquiera el narcotráfico o la frontera. Tampoco se fijó en ningún narco conocido. No tenía interés en ningún nombre. "La idea responde a un arquetipo, quería dejar claro que se está produciendo un cambio generacional en el tipo de liderazgo. Por un lado, está El Rey, un modelo arcaico y paternalista, que se enfrenta a otro más joven que quiere tomar el poder y que lleva a cabo otras prácticas empresariales. Ahora hay muchos más narcos pero menos poderosos. Se trata de gente de clase media alta que ha estudiado en Estados Unidos y que vive en urbanizaciones de lujo donde ni los propios vecinos se conocen. El nuevo narco se ha mimetizado con el paisaje y el paisaje ahora es la apertura comercial". Como ejemplo de su capacidad de adaptación a las reglas del capitalismo, dice que en México se cuenta que el narco Cuero Palma mandó un emisario a Rusia en cuanto cayó el muro de Berlín con la idea de que allí se iba a armar un buen negocio.

Pero si uno de los elementos de la novela es el envejecimiento de las nuevas formas de ejercer el poder, la piedra sobre la que se cincela la obra es el lenguaje. La prosa de Herrera consigue plasmar el ritmo y hasta la textura de las conversaciones que le gustaba escuchar en esas jornadas de cantinas y corridos. "Quería recuperar los giros del lenguaje popular, pero sin darles un tratamiento paternalista. Quise ser justo con esas maneras de explicar cierta realidad que no se encuentra en los diccionarios y que sólo conocen los que se expresan en esa cruda manera de vivir". Así, el protagonista de la novela usa el término cartonear, un vocablo acuñado para definir la actividad de vivir en la calle entre cartones, los sicarios se reenchilan (encabronan) y mochan los pulgares a los traidores.

Herrera confirma también que la literatura del narcotráfico se ha convertido en un género, practicado con éxito por periodistas y escritores. "Las raíces sobre las que se sustenta el género son las de la novela negra en el sentido de que no se hace ilusiones sobre la pureza de las instituciones". La novela se publicó en México hace cuatro años, tras ganar el Premio Frontera de Palabras, dedicado a galardonar a los escritores que viven entre México y Estados Unidos.

febrero 13, 2008

Carballido ha muerto

Entre lágrimas y aplausos, en medio del escenario del Teatro del Estado, fue recibido el féretro que guarda el cuerpo del dramaturgo veracruzano Emilio Carballido, un ataúd de color madera con bordes en brillos dorados. Ahí reposaba el amante de los gatos y las plantas, como lo conocieron sus familiares y amigos cercanos.

Antes de las seis de la tarde arribó el cuerpo sin vida del escritor cordobés a la sala principal del Teatro del Estado, donde ya lo esperaban cientos de personas que conocían de sus grandes obras en el teatro, el cuento, el guionismo, así como en la novela.

En punto de las seis de la tarde se abrieron los telones de color rojo para mostrar el ataúd en medio de arreglos florales, y al fondo del escenario una gran fotografía del maestro, que recordaba su mirada suave pero llena de gran talento.

Al fondo se encontraban los integrantes del coro de la Universidad Veracruzana, quienes en honor al dramaturgo interpretaron canciones acordes al luto de familiares y amigos. Mientras tanto, desde el palco de honor estaba con una mirada llena de dolor su compañero de más de 20 años, el maestro Héctor Herrera, quien no podía ocultar la pena de haberse despedido de “un hombre que le enseñó tantas cosas en la vida”.

En el acto una persona que dirigía la ceremonia pidió a los miembros del palco de honor que uno a uno pasaran a exponer su mensaje y su despedida a Emilio Carballido, el escritor, el amigo, el hombre y el compañero.

El mismo Herrrera comentó que siempre admiró de Carballido su gran capacidad de amar a todas las cosas por insignificantes que parecieran: “Amaba los gatos, las plantas, sobre todo viajar. Le encantaban los aviones”. Por más que trató de sacar fuerzas de sí, Héctor no pudo contener las lágrimas y su voz se interrumpió por unos instantes: “Quiero terminar mi intervención con una respuesta dada por Carballido en una entrevista. ¿Quién es Emilio Carballido? Yo mismo, respondió él”.

“Es una pérdida dolorosa. Emilio Carballido fue un escritor, autor, intelectual, que en el arte de la dramaturgia alcanzó un lugar universal, ya que llegó a ser conocido en España, así como en muchos otros países”, respondió él Gobernador de Veracruz, Fidel Herrera Beltrán.

“En su tierra, donde se le quiere admira y respeta, Emilio deja una huella muy profunda por su generosidad, por su amor a la naturaleza, a los seres humanos, a la vida. Deja todo un vestigio que el pueblo veracruzano admira hoy, mañana y siempre”. El mandatario estatal reveló que el cuerpo de Emilio Carballido será enterrado en el mausoleo de los veracruzanos ilustres.

Ignacio Escárcega, coordinador nacional de teatro en el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), anunció que será el próximo 22 de marzo, día en que cumpliría 84 años de edad, cuando se realice un homenaje nacional en el INBA.

Universidad Veracruzana, de luto

Raúl Arias Lovillo, Rector de la Universidad Veracruzana, se acercó al féretro, saludó, caminó hacia el micrófono y anunció a la concurrencia del Teatro del Estado que “en honor al destacado trabajo que hizo en vida el dramaturgo veracruzano Emilio Carballido, ahora la Sala Chica del Teatro del Estado, ubicada en esta capital, llevará el nombre de este gran personaje, además de que este día fue declarado de luto estatal”.

Lo hizo en el homenaje póstumo que la comunidad veracruzana rindió en el Teatro del Estado al dramaturgo fallecido ayer, y comentó que la idea de imponer el nombre a la sala fue promovida por el gobernador Fidel Herrera Beltrán. “Ahí estarán presentes” –prometió a la audiencia– “por siempre sus cuentos, sus nueve novelas, su cerca de cien obras teatrales, así como guiones para cine y para televisión, las antologías de teatro joven de México y de teatro para niños, entre otras”.

Emilio Carballido mantuvo una estrecha relación con la máxima casa de estudios de los veracruzanos, y encontró en esta institución un verdadero hogar. La primera relación que él tuvo con la UV fue en 1954, “desde esa fecha y hasta el momento de su muerte encontró un espacio para exponer su obra”.

Manuel Zepeda Ramos, director de difusión cultural de la UV, contó una anécdota: “Yo platicaba mucho con él. Una vez pensé que debía ponerse la obra dramática de Carballido en el lenguaje radiofónico. Le comenté el proyecto y aceptó. Al preguntarle quién era el guionista ideal para trabajar su obra, me respondió: pues Emilo Carballido.

“Él es el dramaturgo mexicano más conocido del planeta. La revista Tramoya, que fundó y dirigió, se convirtió en un referente para los escritores jóvenes latinoamericanos”, dice Zepeda.

Roberto Peredo, escritor e investigador de la Universidad Veracruzana, relató que es sabido que el dramaturgo es rara avis en el medio del arte. “Desde la Grecia Clásica, sólo ocasionalmente le fue dado a algún país o alguna región el contar con más de un dramaturgo significativo creando al mismo tiempo que otro. No ha sido nuestra época ni nuestro país la excepción, por eso es particularmente penoso el que haya fallecido Emilio Carballido.”

Un corazón conectado a la realidad: Sabina Berman

Muchos de los hombres y mujeres que hacen teatro hoy día en México tuvieron alguna relación con Emilio Carballido: fueron sus discípulos, sus directores, sus actores o simplemente sus espectadores, lo que apenas alcanza para reflejar la trascendencia de su obra en el teatro mexicano del siglo XX, aun cuando las palabras de Sabina Berman dicen más: “queda en la historia de la cultura como uno de los grandes dramaturgos: (Rodolfo) Usigli y él son los grandes de nuestra tradición en la dramaturgia.”

Sabina Berman resaltó de la obra de Carballido su capacidad para sostener una comunicación perfecta con el público, pues donde escribía ‘aquí va risa’, el público se reía, ya fuera el de Xalapa o el de la Ciudad de México; “o si él decía ‘el silencio debe ser más largo para que la gente solloce’, la gente iba a sollozar”, recordó la dramaturga.

“Después de tantos años de tratarlo descubrí que los dos misterios eran uno solo: tenía su corazón muy bien conectado a la realidad. Se trataba de un hombre profunda y valientemente honesto.”

Víctor Hugo Rascón Banda aseguró que con la muerte de Emilio Carballido se despide a un constructor del teatro nacional, a un autor que desde su primera obra volteó los ojos a México y no a Europa ni a las tendencias de imitación que se hacían en aquella época: “él fue de los que dijo ‘vamos a hablar de este país’”, recordó.

“Lo considero el padre del teatro mexicano contemporáneo, porque formó a muchos escritores. Su obra es tan grande que se debe publicar para no perderla […]. Él hacía un teatro a veces realista, otros simbólico… su obra es diversa, grande y no valorada todavía lo suficiente, de ahí la importancia de estudiarla y promoverla.”

Milenio Diario / Édgar Reyes, Daniel Sousa y Jesús Alejo.

febrero 11, 2008

La gran Amy

De acuerdo con la prensa española, la noche prometía. Se celebraba el 50 aniversario de los Grammy y el duelo de esta edición entre Kanye West y Amy Winehouse estaba asegurado. El rapero de Chicago, máximo favorito en las apuestas gracias a sus ocho candidaturas, se alzó con tres galardones, incluido el de Mejor Actuación de Rap, gracias a Stronger, pero la británica Amy Winehouse le ha desbancado del trono y ha logrado cinco galardones, destinados al Mejor Disco Pop, por Back to Black, y Mejor Artista Pop, Mejor Artista Novel, Mejor Canción del Año por Rehab y Mejor Grabación del Año.

El show comenzaba con las espadas en alto entre estos dos titanes de la industria, aunque la dulce voz de Alicia Keys templó pronto los ánimos merced a su magnífico dueto virtual con Frank Sinatra, la actuación que inauguró la ceremonia.

"Espero que algún día pueda ser un clásico como lo es él", dijo instantes antes de subir al escenario la artista, quien también sumó dos Grammy previos al comienzo de la gala, un logro obtenido asimismo por Justin Timberlake, The White Stripes o Bruce Springsten. Aretha Franklin ganó su Grammy número 18 gracias a Never Gonna Break My Faith, un dueto junto a Mary J. Blige.

Premios Latinos

El cantante y compositor español Alejandro Sanz ha logrado el Grammy al mejor álbum latino pop por su disco El tren de los momentos. Según anunciaron fuentes de la Academia de los Grammy, Sanz se impuso a Miguel Bosé, Jorge Drexler, Luis Miguel y Jennifer Peña. Sanz ya tiene en su haber quince Grammy Latino y éste es su segundo Grammy anglosajón, tras el conseguido hace cuatro años con No es lo mismo.

Otro gran triunfador ha sido Juan Luis Guerra, el cantautor dominicano obtuvo el Grammy en la categoría de mejor álbum latino tropical por La llave de mi corazón. Además, Guerra se hizo con cinco Grammy Latinos, como mejor grabación del año, álbum del año, canción del año, mejor álbum merengue y mejor canción tropical, por el mismo álbum y canción con el mismo título.

Mientras que Laura Pausini con Yo canto y Ricky Martin con su recopilatorio MTV Umplugged consiguieron el Grammy Latino al mejor álbum solista, femenino y masculino respectivamente.

febrero 10, 2008

Benditos borrachos malditos

Si las estadísticas no mienten, muchos hidalguenses deben estar profundamente conmovidos. El cierre de una histórica cantina no debe haberles resultado indistinto. Que el gobierno del DF clausurase El Nivel es un tema de primera importancia hidalguense, aun cuando ocurriera a kilómetros de distancia.

Y es que se ha repetido numerosas ocasiones y en muchos lugares que ser habitante de Hidalgo equivale a beber diariamente una considerable ración de cualquier tipo de bebida embriagante, cuando no a ser un beodo consuetudinario. De hecho, no hace mucho en fiestas pachuqueñas se brindaba con escandalosa jactancia por una razón. Los hidalguenses ocupaban uno de los primeros sitios en consumo de bebidas espirituosas y, consecuentemente, en enfermedades hepáticas. De tal suerte, no sería extraño que numerosas brigadas hidalguenses se sumaran a la clausura de la famosa cantina El Nivel de la Ciudad de México, la más antigua de México –según se dice. Hay que estar atentos a lo que suceda.

A estas alturas, todo el mundo está enterado de que la dicha cantina fue clausurada. Situada en el celebérrimo número 2 de la Calle Moneda, en el centro Histórico de la Ciudad de México, el Nivel no pude clasificarse a la sazón como un recinto con algún tipo de lujo material. Quien deseara departir en medio de cristalería fina y tratos caballerosos, debía dirigirse a otro sitio. Hasta hace unos meses que me paseé por ahí, El Nivel continuaba siendo una cantina de esas a las que seguramente solía acudir Malcolm Lowry durante su alcohólica estancia en Cuernavaca, en donde escribió su alucinante pero fabulosa novela Bajo el volcán. También es El Nivel esa clase de cantinas a las que seguramente suelen acudir los escritores mexicanos Guillermo J. Fadanelli o Eusebio Ruvalcaba, sólo por mencionar dos de los tantos artistas que se emborrachan a menudo en lúmpenes de mala muerte. Ahora bien, el principal público de tabernas del tipo El Nivel lo suelen conformar cargadores de la central de abastos, peones de obra, empleados de ferreterías, abarroteros, taxistas, prostitutas, deportistas de poca monta; en suma, integrantes de esos muchos duros oficios manuales. Oficios cuya ruda naturaleza –muy alejada de la tibia vida posmoderna-, sin embargo, me llevan a establecer una duda.

¿Por qué ha levantado tanta ámpula el cierre de una cantina que de unos años a esta parte no ha sido sino un hoyo de mala muerte? Adictos a los tranquilos bares en donde ir a beber no es sino pretexto para flirtear con quien se descuide, a los parroquianos de nuestros días no les preocupa en realidad qué giro tome la vida de una cantina polvosa. Lo que llama la atención por partida doble.

Por un lado, los medios de comunicación se han valido de una jugada harto conocida: a saber, adoptar un tono serio para hablar de un tema más bien bizarro, hasta el punto en que resulta desbordantemente ridículo. Me refiero a esto: contra la clausura de El Nivel, se hizo una manifestación cuyos participantes bebieron y cantaron odiosamente en la vía pública; pues bien: cuando se los veía por televisión, parecían más bohemios anacrónicos, que serios manifestantes. Baste un ejemplo: “La visité regularmente”, declaró el artista plástico Phil Kelly. “Cada que iba tenía que mostrar mis calcetines a los meseros para que vieran que eran de diferente color y me reconocieran”. Imposible no entenderlas como palabras de un borracho que no merece atención. De tal suerte, el asunto se volvió espectáculo hilarante.

Pero del otro lado está alojado ese sentimiento que podemos tachar al mismo tiempo de ternura y de repulsa. Y es que a la vez que se sataniza a todo cuanto tenga que ver con el insano esparcimiento de la beberecua, he oído a las personas lamentarse por la clausura del local. Hipócritas. A la par que ningún padre de familia desea que ver a sus hijos convertidos en una estadística de conductores borrachos muertos en un accidente, aborrecen cuando una patrulla los detiene saliendo del burdel de las afueras de la ciudad. Sin embargo, lo que ha conmovido tanto a la gente no es el cierre de la cantina. Estoy seguro de que muchos ni la habían visitado; ni siquiera sabían de su existencia. Lo que lamentan es la pérdida del lado mexicano que representan lugares como las cantinas, los trenes, la rayuela, el pulque; todos esos objetos cada vez más considerados “de culto”. Pues bien, El Nivel era la viva representación de un siglo 20 mexicano cuyos borrachos eran nuestros padres, nuestros hijos, nuestros hermanos, nosotros mismos. Nunca dejaron de ser malditos (eran borrachos) pero también eran benditos (por ser tan próximos a nosotros mismos). No hay relación con el alcohol en la que no subyazga tal ambivalencia. El Nivel no es la excepción.

Por lo que a mí respecta, lamento el cierre de ese local. Solía visitarlo, y su clausura me fractura un poco. Pero como buen borracho, ciertamente me encontraré con otro hoyo adonde poder desgranar esa “amarga soledad de las parrandas”, según García Márquez. Además, si El Nivel hubo de ser clausurado por razones de salubridad, me sintiera agradecido con las autoridades, por impedirme sufrir algún padecimiento futuro. Si lo fue porque el inmueble estaba el pleito litigioso, ¡qué lástima! Si por problemas obrero-patronales, desearía que se solucionen y que reabra. No por ser la primera cantina de México, ni por ser la más bonita, ni porque la frecuentemos muy a menudo, sino porque soy de los que prefieren no dar por terminada esa variedad de centros del vicio, en beneficio de los modernos bares de flirteo. Para beber, son los mejores sitios: no me dejará mentir ningún hidalguense experimentado que haya llegado hasta el final de este texto.

Lunes

Solía escribir los martes en la sección cultural de Milenio. Mi columna se llamaba Inventario, en honor a la columna del mismo nombre que José Emilio Pacheco mantiene en la revista Proceso. Pero todo cambi súbitamente.

Fueron políticas editoriales, problemas con la publicidad, algunos ajustes a la edición de la sección cultural. Todo incidió para que la columna dejara de aparecer los martes por espacio de algunas semanas. Para ser exactos: desde la segunda semana de diciembre y todo enero, mis textos dejaron de aparecer publicados. Lástima para mí, que aprecio ese espacio. Empero, nadie se perdió nada; bajo el sol no hay nada nuevo.

Lo que quiero comunicar es que a partir de la semana anterior, he retomado el ritmo habitual de publicación en la sección Cultura de Milenio. La novedad es que no será en martes, sino en lunes. !Albricias! Por algún motivo extraño, siempre quise aparecer ese día específico: no otro. Adicionalmente, la columna aumentó de tamaño. ¿Debería aumentar de erudición y exactitud? Trataremos.

Por lo pronto, ninguna cosa deseo tanto, como que se den una vuelta los lunes por mis textos.

febrero 06, 2008

¿Las obras completas de 'Micrós'?

Durante la primera mitad del siglo XX, el nombre de Ángel María del Campo —alias Micrós o Tick Tack— quedó prácticamente en el olvido, fuera de una selección de textos publicada por Mauricio Magdaleno o de una pequeña reunión de cuentos aparecida bajo el título de Cartones, con ilustraciones de Julio Ruelas.

Murió joven, apenas contaba con 40 años de edad, pero los especialistas en su vida y obra tienen registradas alrededor de 2 mil colaboraciones, la mayor parte de ellas aparecidas en periódicos y revistas.

En la segunda mitad comenzaron a difundirse buena parte de sus textos y, sobre todo, a tomar forma de libro, lo que no había sucedido mucho hasta entonces, si bien el especialista Miguel Ángel Castro ya se afana en la preparación de sus obras completas, gracias al apoyo de la UNAM, para conmemorar el primer centenario de su fallecimiento, el próximo 8 de febrero.

Ya en 1968 —en el marco del primer siglo de su nacimiento—, Maricarmen Millán y Maricarmen Ruiz Castañeda se dieron a la tarea de rescatar su obra, pero resulta indispensable ofrecer el panorama completo de lo que escribió en sus 23 años como periodista y escritor, habida cuenta que falleció a los 40 años de edad.

“Al narrador resulta muy fácil llegar. En los libros de literatura mexicana que se estudian en la secundaria o en la preparatoria, siempre hay un cuento de él porque son muy accesibles. La muerte de Abelardo o El pinto se encuentran en antologías del cuento mexicano, pues en ellos se ocupa de los animales, en este caso de perros, como los personajes de las historias.

“Curiosamente me parece más difícil, siendo que se trata de la obra que le dio más éxito en su época, sus crónicas, porque eran hechas para ser un recuento y para divertir al lector de su tiempo.”

Sin embargo, para Miguel Ángel Castro se trata de un escritor vigente, no sólo porque nos permite acercarnos a la sociedad mexicana de finales del siglo XIX y principios del XX, sino hasta nos deja conocer el oficio de un periodista y su quehacer en una etapa difícil para la prensa mexicana.

Las obras completas

Miguel Ángel Castro planteó en el proyecto de las Obras completas de Micrós tres tomos, aunque con el paso de sus investigaciones ya maneja la posibilidad de que sean cuatro y uno de ellos con dos volúmenes.

La idea es entregar una edición crítica, no sólo de divulgación, en la cual se ofrezcan elementos que permitan a los estudiosos identificar aspectos de carácter filológico y del México de la época del cronista, a fin de recuperar la historia y comprender de mejor manera sus textos. El primero de los tomos se integraría con los textos aparecidos en la revista Liceo mexicano y su única novela La rumba, publicada por entregas en 1881 en el periódico El Nacional.

En el segundo estarían sus colaboraciones periodísticas entre 1894 a 1897, en particular de la revista Sur; el tercero estaría dedicado a sus textos en El imparcial, a la cual no se involucró desde su fundación, pero se convirtió en su cronista oficial con su columna “Semana Alegre”, 440 trabajos sobre el apogeo y decadencia del porfiriato.

El último se conformaría con los trabajos de reflexión y las investigaciones que se han producido alrededor de la escritura de Micrós. Las publicaciones, aseguró el investigador, podrían estar listas en unos tres años.

“Toda la obra de Micrós es hemerográfica, incluso los tres libros que publicó en vida —Cartones, Cosas vistas y Ocios y apuntes— primero aparecieron en periódicos y revistas.” En este marco, mañana se dictará la conferencia “La ciudad de Micrós y los inicios del cine en México” a cargo de Juan Felipe Leal y Miguel Ángel Castro (Casa Universitaria del Libro, a las 18:00 horas). Además, para conmemorar el centenario del fallecimiento del cronista, Castro preparó para el viernes un sencillo homenaje en el Panteón Civil de Dolores, donde descansan los restos de un hombre que vio con ironía el paso de un siglo a otro en un México que le dolía.


Los infortunios de Micrós

En uno de los primeros estudios introductorios en torno a la obra del cronista, Antonio Fernández del Castillo —bisnieto del cronista— había hablado de tres infortunios en la vida de Micrós: su temprana orfandad, el dejar los estudios de medicina y tener que dedicarse a la prensa, “aunque se trata de uno de esos dramas paradójicos”, afirmó Miguel Ángel Castro.

“Sin embargo, a él le gustaba la literatura y entró en el Liceo mexicano en 1885, cuando apenas tenía 17 años. Ahí, junto a su amigo Luis González Obregón, encuentra a Ignacio Manuel Altamirano, quien se convierte en su principal impulsor. En esa atmósfera comienzan a vislumbrarse los modernistas, por eso se trata de una generación atrapada entre Guillermo Prieto, Ignacio Ramírez o Vicente Rivapalacio: entre las armas y las letras.”

Al lado de Micrós crecieron autores como Federico Gamboa, Luis G. Urbina, Ciro B. Ceballos o el mismo González Obregón, quizá de ahí su impulso, pues prácticamente desde aquel año de 1885 aparecieron sus primeras colaboraciones, para seguir en el periódico El Nacional y después en otras 10 publicaciones.

“Si sólo vivió 40 años y tengo contadas como 2 mil colaboraciones, eso significa que en realidad no sufría mucho con la escritura”, a decir de Miguel Ángel Castro.

Milenio-Diario
Jesús Alejo

enero 14, 2008

Salvador Elizondo era escritor

“Salvador era ordenado y responsable, llevaba un orden casi militar, no se le podía mover nada de lugar porque montaba en cólera, era romántico, celoso, iracundo, nervioso, tímido en cosas prácticas, simpático, risueño, sentimental, ocurrente, puntual, flojo a veces, otras borracho, difícil, exigente, crítico agudo, obsesivo, macho mexicano, le gustaban irresistiblemente las mujeres, amaba a los animales y a las plantas, el paisaje mexicano, comía chile chipotle, tacos de carnitas, chapulines, sopa de fideos y fumaba, a veces, mariguana, usaba paliacates, zapatos ingleses y tweed irlandés (‘el Harris tweed es la base, mamacita, de un buen saco’, me decía), lloraba con la poesía y sobre todo era un escritor”.

Son los términos con que Paulina Lavista, esposa de Salvador Elizondo por 37 años, se refirió a él recientemente en Letras libres. Autor de los parcialmente comprendidos pero harto elogiados Farabeuf, El hipogeo secreto y El Grafógrafo, entre otros exquisitos títulos, Salvador Elizondo ha sido descrito de esta manera por la que además de esposa suya, fue fotógrafa de los escritores que han integrado la generación de las revistas Snob, Plural, Vuelta y, hoy día, Letras libres. Ahora bien, esta última, en su primer número de 2008, ha dado a conocer que todo el año publicará, mes con mes y fraccionadamente, parte de los 80 y tantos cuadernos de memorias que escribiera Elizondo hasta tres días antes de morir, el 29 de marzo de hace dos años. En todo caso, se trata de un homenaje póstumo que ha decidido hacer su esposa y que, la revista de Enrique Krauze, ha tenido a bien explotar comercialmente.

Empero, está lejos de ser el primero de los homenajes rendidos desde que desapareció. Nada más dejar de existir, la revista de la Universidad Nacional dedicó a Elizondo en la pluma de Adolfo Castañón cierto ensayo (“Idea del hombre que se hizo prosa”) un tanto institucionalizado; mentaba las ideas consabidas del tipo “Elizondo era un autor para excepcionales cultivados”, y cosas así. Y aunque no tiene ningún interés traer a cuento el alud de declaraciones descoloridas que hicieron los escritores en lamento de la muerte de Elizondo, resulta interesante reparar en que los investigadores soporíferos y la prensa especializada empezaron a hacer algo, diríamos, difícil de calificar con otra palabra que no sea la de “pueril”. Y es que les dio por dejar de hablar de los libros que Elizondo nos legara, para enfocarse en las otras facetas que cultivó marginalmente. De tal suerte, sus películas fueron las que recibieron todos los reflectores.

Y al año de muerto -en marzo de 2007- se proyectó Apocalipsis 1900 en Bellas Artes. Es la película que filmara años atrás. La prensa informó: “La cinta la cual fue realizada usando Xilografias de la revista de La Nature y de grabados del Manual Operatorio de Farabeuf, filmados usando una Camara Bolex. Aunque al final tuvo un error por parte de los realizadores de la edición, ya que el negativo brincaba mucho. Se planeaba la participación de este filme en un Festival de Cine en Francia, por lo cual todos los diálogos están en francés”. Todo lo cual quiere decir esto: fue una deslucida presentación.

¿Qué propósito se persigue haciéndonos creer que Elizondo era no sólo un escritor sino un cineasta? En Elizondo había, efectivamente, un creador abierto a múltiples proyecciones artísticas. Mas no coqueteaba hoy con una disciplina, y mañana con otra. Antes bien, en rigor, Elizondo no fue sino el autor de eficaces libros que hoy pueden leerse inscritos en una literatura mexicana experimental; los cuales tenían más vasos comunicantes con tradiciones de otros países, que con la nacional. Con las literaturas francesa e inglesa, principalmente. Farabeuf es, en punto a esto, el mejor ejemplo. Me apresuro a aclarar algo: en medio del furor de los homenajes que se le han hecho y que (me atrevo a vaticinar) continuarán haciéndosele, hay que evitar rememorar a Salvador Elizondo desde ópticas tangenciales que, en el fondo, lo que hacen es buscar paradigmas inexistentes en su obra, en lugar de porfiar lo necesario para descifrar únicamente lo que vale la pena: las palabras escritas en sus libros. Ahora bien, todo esto no quita que los jactanciosos lectores de Elizondo vayamos a perder el tiempo consultando los chismes, intimidades, extravagancias y curiosidades que mes con mes Paulina Lavista ha advertido que sacará en Letras libres.

enero 12, 2008

Vela y Kleinburg, amigos por siempre

Con méritos de sobra conocidos, particularmente en el campo de la crítica musical, Gerardo Kleinburg Mondragón ha llevado una veloz carrera por diversos cargos públicos en las dos últimas décadas, atribuida más a su cercanía con quienes han ido ocupando cargos de decisión en el sector cultural.Este 2008 inicia con la noticia de que en breve ocupará la dirección del Festival Internacional Cervantino, en sustitución de Mini Caire, quien se integrará al equipo de Rafael Tovar y de Teresa, en la Comisión de Conmemoraciones del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución. La relación de Kleinburg con el FIC no es nueva. Ha sido redactor de notas de programa de actividades musicales en distintas ediciones.

Oficialmente, de acuerdo con el Portal de Transparencia de la Administración Pública Federal, ocupa la plaza de Asesor de Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA), y con la ambigüedad bien ganada de este cargo, su función es "dar asesoría y apoyo en programas del CNCA", según se consigna.Para el desempeño de tal cargo, dispone del puesto de Director General Adjunto, con oficinas en Arenal 40, Chimalistac, donde también despacha, but of course, Sergio Vela, quien además de su amigo, es el presidente del CNCA. Sus percepciones ascienden a 84 mil 370.26 (64 mil 707.06, netos).Fue el 30 de marzo del año pasado cuando Vela anunció la designación de Kleinburg para coordinar la programación internacional de CNCA (un cargo creado a la medida de su amigo, por encima de las direcciones y coordinaciones de asuntos internacionales de que disponen las instituciones y dependencias del sector como el INBA).

Sin embargo, extraoficialmente se hablaba de que su función era "apoyar" a Teresa Franco, quien había sido nombrada directora general del INBA, pues por ser historiadora estaba ajena al ámbito de las disciplinas artísticas. En los hechos, Kleinburg fungía como director artístico de programación del INBA, y se dedicó a viajar a costa del erario.Su amistad con un círculo de intelectuales hoy en la cúpula de la cultura le ha permitido ir de cargo en cargo.

Así, después de 10 años como director artístico de la Compañía Nacional de Ópera (1991-2001), se le nombró director de la Casa del Lago, una gris y fugaz gestión que duró, afortunadamente, menos de un año. En mayo de 2005 sorprendió su nombramiento como director de Literatura de la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM.

Entonces se vendió, como nexo con ese gremio y mérito suficiente para un cargo de esa envergadura, que había publicado su primera novela.El calderonismo puso a su grupo en la cúspide y lo llevó a la diestra del presidente de Conaculta y, para no perder luces, a seguir en la conducción de un programa de música en Canal 22, al lado de José Areán.Ahora el FIC y ¿luego dónde?

El Universal

enero 11, 2008

¿Cosas de familia?

Cuando pienso en las quejas que los ortodoxos de la Academia esgrimen a propósito de la “penosa situación” por la que atraviesa la lengua española, me viene de golpe a la mente una analogía muy curiosa. No sé por qué. Comparo a los defensores de la lengua y a sus rupestres usuarios, con una familia tradicional, léase: abuelos (vivos), padres (no divorciados) e hijos (no muy precoces). Los abuelos suelen ser los defensores a ultranza del orden de cosas establecido; los padres son los mediadores entre esa vieja tradición y las costumbres parafernálicas de los hijos. Pues bien, en la situación de la lengua, los empedernidos y estudiosos defensores del idioma español son enemigos del trato de klínex que los choferes de autobús le dan, ciñéndonos a nuestra realidad circundante, al sacrosanto español.

Ahora bien, recién fui invitado por un candidato a diputado de izquierda, a una reunión con agraristas de Tlaxcala. No ponía mucha atención a las promesas que hacía el candidato ni a las adormiladas afirmaciones de cabeza que hacían los sombrerudos. Pero no podía despegar la vista de un viejo adusto que estaba sentado en la cabecera del largo mesón, hablando con palabras inusuales. No apartar la vista de un viejo cabrón en medio de una reunión de machos, es un gran peligro. ¡Pero era tan entretenido! Cada vez cambiaba los acentos de las palabras que yo conocía o, de plano, enunciaba cosas desconocidas.

Alguien le preguntó si quería un pulque.
-¡Sagüevo! Y ójala no traiga del gusano.
-¡Ora gusano! –respondió el mareado tlachiquero- S ni que fuera qué…

En realidad me resultaba fácil entender todo lo que se comunicaban estos paisanos, mas pensé qué burlas se llevarían estos pobres hombres si estuvieran en medio del pasillo apestoso a marihuana de la Facultad de Filosofía y Letras de nuestra querida UNAM. ¿Están estos paisanos, sin embargo, incurriendo en un pecado que les merezca le acumulación de todos los baldones? Pero si ellos se entienden perfectamente. En todo caso, que la palabra sirva para comunicar a los hombres es lo que a mí me parece adecuado.

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En el fondo, la cuestión no es defender algún tipo del habla con corrección. Antes bien, el punto es defender la evolución natural del idioma. De utilidad sería oponer dos cosas entre sí: la normatividad de la lengua vs. su evolución. He querido confrontar estas ideas para llevarlas al extremo y así sacar el fruto deseado, aun sabiendo que por sí mismas y, en éste o en cualquier otro contexto, no sean exactamente nociones enemigas. Pues bien, la normatividad es la que, por un lado, permite que siendo niños aprendiéramos en la escuela primaria con miss Lolita el uso correcto de los artículos La, El, Los, Las…, así como los adjetivos tanto calificativos como determinativos, y otros rudimentos elementales que nos permiten pedir una Coca Cola en la tienda con toda facilidad. Pero por el otro lado está el simple y llano mundo real, donde aprendemos desde las expresiones de moda como ésas del ‘clientelismo político’ o del ‘calentamiento global’, hasta las estructuras cada vez más fragmentarias de entablar una conversación: asombra las pláticas en un teléfono celular, uno pregunta “¿ya estás?” a lo que el otro responde “Aguanta culero, esto está perro, pero no hay pedo, seguimos como quedamos”, y cuelgan satisfechos…. Sin embargo, el enfrentamiento entre ambos modos de concebir una única realidad que es la lengua, no tiene otra lógica que la propia conformación del habla particular de los seres humanos. Algo totalmente natural. Hay que imaginar qué aburrido sería el mundo si estas cosas tan naturales como el agua no existieran. ¡Qué patético!

Ahora bien, no sin cierta nostalgia por lo antiguo, afirma Lope Blanch que es necesario trabajar por conservar las formas adecuadas del habla, o sea: en estricto sentido, hay que esforzarnos por erradicar esos cambios de acentuación en las palabras que hacían aquellos campesinos de Tlaxcala con los que comí tacos de barbacoa y caldo de mondongo. Qué tontería. Me parece que son precisamente las variedades en el lenguaje lo que dota de su más profunda riqueza al idioma español y a cualquier otro… Puede ser que yo lo vea así, porque milito entre los que usan el gringoso okey, en lugar del adecuado de acuerdo, cada vez que alguien me pregunta sí estoy de acuerdo con cierta bagatela. Comoquiera que sea, que cada quien hable como se les da la gana me parece, sinceramente, loable. La literatura, la antropología, la lingüística misma, el periodismo, se nutren precisamente de esta multiplicidad de diferencias.

Lo sé, estoy saliéndome por la tangente al hablar de cosas absolutamente fuera del dominio lingüístico, o sea: de cosas extralingüísticas. Y en efecto, sería una necedad no sostener más o menos mi opinión desde la sensatez académica.

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Si no superficialmente, por lo menos rápidamente querría mencionar los cuatro factores de los que depende la normatividad, es decir la corrección, en la lengua. Los cuatro, de acuerdo con Lope Blanch. Uno es el geográfico. No es lo mismo vivir y hablar español cubano que español de Argentina. Otro es el factor diafásico, o estilístico. Los escritores. Cada cual escribe como mejor le parece. El tercer caso es el diastrático. Un yuppi no posee el mismo lenguaje que un pepenador, para ponernos extremosos. El cuarto y último, es el factor histórico. Para entender esto, compárese la forma de escribir de un periódico actual, La Prensa es un buen ejemplo, con El Quijote de Cervantes. ¿Para qué traer a cuento esto? Los cuatro son cambios, evoluciones en la lengua, que impiden, dificultan, ponen trabas naturales, a la conformación de una norma absoluta. En la medida en que cada uno de estos factores sea más acentuado en una misma realidad se hace más imposible conseguir una norma absoluta; de modo que cabría insistir: norma vs. evolución son en la lengua, lo que padres e hijos son en la familia.

¡Y quién no ha discutido ardientemente con sus padres, quién no ha golpeado con saña a sus hijos! Pero por acerbas que sean las golpizas, en el fondo los une algo muy profundo, muy mutuo. En la familia podría ser el amor, o simplemente el bienestar común; en la lengua, la expresión. Lo lamento. La expresión es algo extralingüístico. No hallé un motivo más poderoso para unir las dos fuerzas antagónicas pero complementarias que son la mocha madre norma y la puta hija evolución.

Qué le vamos a hacer

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Desde chico tenía ganas de escribir un diario, o algo así. Pero era cosa de niñas. Este blog es lo menos afeminado que encontré.

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